La restauración de ecosistemas alcanza los 252 millones de hectáreas en 149 países, la mayor superficie documentada. Sin embargo, las intervenciones apenas cubren una cuarta parte de lo comprometido y dejan especialmente rezagados a los ríos, humedales y espacios marinos.
La restauración de ecosistemas ya está en marcha y afecta a 252 millones de hectáreas de 149 países, pero el avance sigue lejos de lo prometido. La primera evaluación mundial integral de Naciones Unidas advierte: hay que triplicar los esfuerzos para cumplir los objetivos de 2030. La superficie intervenida equivale a una cuarta parte de los 1.000 millones de hectáreas comprometidos por los países.
El informe que ha sido elaborado por la FAO, el PNUMA y la Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica, revela que existe un fuerte desequilibrio: alrededor del 92 % de las actuaciones documentadas corresponde a ecosistemas terrestres. Los ambientes de agua dulce, marinos y costeros quedan rezagados pese a la gravedad de su degradación.
Ampliar las actuaciones exigirá financiación sostenida y mejores datos para comprobar sus resultados. La inversión mundial debería pasar de 64.000 millones de dólares en 2022 a 296.000 millones anuales en 2030. La advertencia también afecta al seguimiento: contabilizar hectáreas bajo intervención debe acompañarse de pruebas de que la recuperación ecológica avanza y perdura.
Restauración de ecosistemas: está en marcha, pero es muy insuficiente
El mundo ha puesto en marcha la restauración de ecosistemas: 252 millones de hectáreas de ámbitos degradados en 149 países, la mayor superficie documentada hasta la fecha, aunque deberá triplicar sus esfuerzos para cumplir los objetivos internacionales de recuperación de la naturaleza fijados para 2030, según un informe de Naciones Unidas presentado este jueves.
El estudio, titulado ‘Nature’s Comeback: Scaling Ecosystem Restoration for People and Planet’ (El resurgir de la naturaleza: ampliar la restauración de ecosistemas para las personas y el planeta), ha sido elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB).
El documento, publicado en el marco de la COP17 sobre diversidad, que se celebra en Ereván, la capital armenia, constituye la primera evaluación mundial integral de los avances en la restauración de ecosistemas.
El informe advierte de que las superficies actualmente intervenidas representan apenas una cuarta parte de los aproximadamente 1.000 millones de hectáreas que los países se han comprometido a recuperar.
La meta establecida en el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal contempla que al menos el 30 % de los ecosistemas terrestres, de agua dulce, marinos y costeros degradados se encuentren bajo restauración efectiva en 2030.
Sin embargo, los avances presentan profundas desigualdades geográficas y ambientales. Asia concentra 192,2 millones de hectáreas en restauración, equivalentes al 76,3 % del total mundial; seguida de África, con 36,3 millones, y Europa, con 9,1 millones.
América del Norte y Central registra 5,8 millones; América del Sur, 5,4 millones y Oceanía, 3,2 millones. China encabeza las cifras nacionales de restauración terrestre, con 127,4 millones de hectáreas, aunque el informe aclara que estas diferencias no constituyen una clasificación del desempeño de los países, ya que también reflejan sus dimensiones territoriales.
Los ecosistemas acuáticos son los menos restaurados
La mayor parte de las intervenciones documentadas corresponde a ecosistemas terrestres, con alrededor de 232 millones de hectáreas (92% del total). Por el contrario, apenas 11 millones de hectáreas de ecosistemas de agua dulce y 5,7 millones de hectáreas de espacios marinos y costeros están bajo restauración, pese a que figuran entre los ambientes con una degradación más acelerada.
El informe recuerda que desde 1970 se han perdido unos 384 millones de hectáreas de ecosistemas de agua dulce, mientras que los humedales desaparecen a un ritmo tres veces superior al de los bosques.
A estas dificultades se suma la insuficiente información. De los 125 países que habían presentado sus informes sobre biodiversidad hasta marzo de 2026, 63 no aportaron datos cuantitativos sobre los avances en restauración. Esta ausencia impide determinar con precisión cuánto territorio se está recuperando y si las mejoras ecológicas son duraderas.
Durante la presentación del estudio, la especialista de la FAO Yelena Finegold advirtió de la necesidad de abordar dos desafíos simultáneos: ampliar los trabajos de restauración y mejorar los mecanismos para medir sus resultados.
La financiación sigue siendo el gran reto a superar
Otro de los grandes obstáculos es la falta de recursos económicos. Las inversiones mundiales en restauración ascendieron a 64.000 millones de dólares en 2022, pero deberían elevarse a 296.000 millones anuales en 2030, lo que supondría multiplicarlas por más de cuatro. Actualmente, el 73 % de esos fondos procede del sector público, mientras que el 27% es aportado por fuentes privadas.
El economista ambiental del PNUMA Salman Hussain destacó que cada dólar invertido en restauración puede generar hasta 30 dólares en beneficios económicos gracias a mejoras en la productividad agrícola, disponibilidad de agua y captura de carbono.
La recuperación de los ecosistemas también representa una oportunidad laboral. Las 35 iniciativas emblemáticas de restauración reconocidas por Naciones Unidas contribuyeron a crear más de 1,1 millones de empleos. Se calcula que el sector podría generar más de 32 millones de puestos de trabajo para 2030.
Según el informe, recuperar apenas el 15 % de las áreas prioritarias del planeta permitiría almacenar una cantidad de carbono equivalente al 30 % del aumento del dióxido de carbono atmosférico desde la Revolución Industrial y contribuiría a evitar el 60 % de las extinciones de especies.
En este contexto, la secretaria ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica, Astrid Schomaker, advirtió de que los gobiernos deben abordar las causas que provocan la degradación y reforzar los sistemas de seguimiento para garantizar resultados duraderos.
El informe concluye que la recuperación ambiental no puede depender únicamente de proyectos aislados, sino que requiere de políticas sostenidas, financiación a largo plazo y participación efectiva de las comunidades locales y los pueblos indígenas.
¿Qué pasa con los ecosistemas acuáticos?
La recuperación de los ecosistemas acuáticos cuenta con un objetivo concreto en la Unión Europea: el Reglamento de Restauración de la Naturaleza prevé devolver al menos 25.000 kilómetros de ríos a un estado de flujo libre antes de 2030. Para ello, contempla identificar y eliminar barreras que interrumpen su conectividad.
Esta meta muestra por qué las hectáreas son solo una parte de la evaluación: recuperar un río también implica restablecer el movimiento del agua, los sedimentos y las especies, procesos esenciales para que el ecosistema vuelva a funcionar.












