La astronauta de reserva e investigadora Sara García Alonso inauguró el Blue Zone Forum InnovAzul 2026 en Cádiz presentando ejemplos de vigilancia de microalgas, navegación eficiente e investigación biomédica.
Detectar proliferaciones de microalgas o encontrar corrientes que permitan a un barco consumir menos combustible son problemas terrestres que pueden abordarse desde el espacio. Sara García Alonso es bióloga molecular y astronauta de reserva de la Agencia Espacial Europea (ESA) y ha destacado estas aplicaciones en la apertura de Blue Zone Forum InnovAzul 2026, que se celebra del 28 al 30 de octubre en Cádiz.
En su conferencia «Laboratorios del espacio», la investigadora Sara García Alonso ha explicado que se pueden combinar datos satelitales y muestras marinas, lo que ayuda a vigilar las proliferaciones de microalgas en las Rías Baixas. También ha citado una prueba de optimización de rutas con el buque Ciudad de Cádiz, en la que, gracias al mejor aprovechamiento de las corrientes, se pudo reducir en un 5% el consumo de combustible durante 36 horas de navegación.
Su intervención conecta esas herramientas con la investigación biomédica y la colaboración entre disciplinas. Desde el estudio de proteínas en microgravedad hasta la observación de los océanos, Sara García Alonso defiende que hay que trasladar el conocimiento espacial a necesidades concretas: mejorar tratamientos, anticipar problemas ambientales y utilizar los recursos con mayor eficiencia.
Sara García Alonso: soluciones desde el espacio
La astronauta y bióloga molecular leonesa Sara García Alonso ha destacado este miércoles las posibilidades de la investigación espacial para afrontar desafíos terrestres, desde la investigación biomédica a la sostenibilidad de los océanos.
La primera mujer española seleccionada como astronauta de reserva de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha ofrecido este miércoles la conferencia inaugural de la cuarta edición de Blue Zone Forum InnovAzul 2026, que durante tres días convierte a Cádiz en el epicentro del debate sobre el papel del mar como espacio de innovación tecnológica y como fuente de la llamada Economía Azul.
En una ponencia titulada «Laboratorios del espacio», Sara García Alonso ha subrayado cómo el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico impulsan sectores muy diferentes, desde la investigación contra el cáncer hasta la vigilancia de las aguas mediante satélites. Su pasión por la investigación fue lo que le llevó en 2021 a presentarse al proceso de selección de astronautas de la ESA, en el que participaron cerca de 23.000 candidatos.
Vigilar las proliferaciones de las algas
Sara García Alonso ha resaltado cómo el trabajo de los astronautas va mucho más allá de los viajes al espacio, ya que incluye la participación en proyectos científicos que requieren tecnología avanzada y colaboración de profesionales de distintas disciplinas.
Esa combinación de investigación, innovación y cooperación es, a su juicio, una de las claves para trasladar los avances espaciales a los desafíos actuales de la vida cotidiana en la Tierra, desde la salud a la economía.
Uno de los ejemplos que ha presentado es la utilización de satélites para vigilar las proliferaciones de microalgas en las Rías Baixas, en Galicia. La combinación de información satelital y muestras recogidas en el mar permite localizar estas proliferaciones, que pueden generar toxinas que se acumulan en los moluscos y afectan a la actividad acuícola, y orientar los recursos para reducir sus consecuencias.
Sara García Alonso ha explicado que es una tecnología que facilita la anticipación de problemas ambientales que también tienen repercusiones económicas en las zonas costeras. Otro de los casos que ha expuesto es el uso de datos espaciales para mejorar las rutas marítimas.
Datos satelitales y reducción de consumo
Sara García Alonso ha citado un estudio realizado con el buque Ciudad de Cádiz en una travesía entre el estrecho de Gibraltar y Cerdeña, en el que se emplearon datos satelitales sobre la temperatura y la altimetría del mar para identificar corrientes favorables y desfavorables.
La modificación de la ruta permitió, en aquel caso, reducir un 5% el consumo de combustible durante 36 horas de navegación y adelantar la llegada en 70 minutos. «Esto tiene un impacto para la economía real, implica ahorrar costes, implica optimizar rutas marítimas», ha afirmado la investigadora, que ha destacado la utilidad de estas herramientas para avanzar hacia una navegación más eficiente.
La científica Sara García Alonso, que dirige un grupo dedicado a buscar medicamentos contra determinados tipos de cáncer, ha dicho que para ella intentar poner «otra pieza más de ese puzzle tan complejo que son las enfermedades oncológicas» y contribuir al incremento de la supervivencia de los pacientes que se ha desarrollado en las últimas décadas es una gran motivación personal y profesional.
En ese campo ha abordado las aplicaciones de la microgravedad en la investigación biomédica y ha explicado cómo las condiciones del espacio pueden favorecer la cristalización de determinadas proteínas utilizadas en medicamentos contra el cáncer.
Sara García Alonso ha citado como ejemplo el desarrollo de una formulación que permite administrar mediante una única inyección un tratamiento que anteriormente requería una perfusión intravenosa de varias horas. Ha relatado también la importancia del agua en el entrenamiento de los astronautas, que usan grandes piscinas para simular los movimientos en microgravedad.
La investigadora ha hecho un llamamiento a los jóvenes para que se acerquen a la ciencia y se atrevan a explorar nuevas oportunidades profesionales. «Me gustaría animaros a que seáis valientes antes que perfectos, que no pasa nada por no sentirse 100 % preparado», ha señalado.
El Blue Zone Forum InnovAzul 2026, en el que ha participado, se enmarca en el proyecto ZF Blue Core-Vivero de Empresas 4.0, financiado en un 85 % por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), dentro del Programa Plurirregional de España FEDER 2021-2027, a través de la Fundación INCYDE.
Proyectos de ahorro en la navegación
El proyecto de navegación citado permite dimensionar el potencial económico de los datos aportados. Según la documentación publicada por ESA Space Solutions, se estimaron ahorros de entre 40 y 100 toneladas de combustible para unas veinte rotaciones anuales en la ruta Tánger-Túnez-Nápoles-Tánger, dependiendo del modo de optimización que se elija.
Son estimaciones específicas de esa operación, no un ahorro garantizado para cualquier buque, pero muestran cómo conocer mejor las corrientes puede traducirse en decisiones operativas medibles.













