Un estudio en el canal de Menorca encuentra mayor diversidad genética en salmonetes, cabrillas, escórporas y pulpos dentro de una zona cerrada a la pesca de arrastre desde 2016.
Una investigación liderada por la Universitat de les Illes Balears (UIB), con participación del IEO-CSIC y el IIM-CSIC, ha detectado mayor diversidad genética en cuatro especies del canal de Menorca dentro de un área protegida desde 2016, frente a dos sectores donde continúa esta actividad.
El equipo analizó cerca de 400 ejemplares de salmonete de roca, de cabrilla, de escórpora y de pulpo común, recogidos entre los años 2021 y 2023. Esa variabilidad puede contribuir a conservar la capacidad de las poblaciones para adaptarse a cambios ambientales y otras presiones, como la pesca de arrastre.
El trabajo, publicado en Biodiversity and Conservation, también detectó un desplazamiento del esfuerzo pesquero hacia las áreas abiertas tras establecerse la protección. Los resultados apuntan a un beneficio gracias a las restricciones, aunque tienen un límite.
Lo que cambia cuando se prohíbe la pesca de arrastre
La prohibición de la pesca de arrastre en una zona protegida del canal de Menorca favorece la diversidad genética de cuatro especies marinas de interés pesquero, según un estudio de la Universitat de les Illes Balears (UIB) y dos centros de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
La investigación, publicada en la revista científica ‘Biodiversity and Conservation’, revela que los ejemplares de estas cuatro especies presentan una diversidad genética superior dentro del área de protección pesquera, donde la pesca de arrastre está prohibida desde 2016, respecto a otras dos zonas abiertas a esta actividad.
El trabajo ha sido liderado por la UIB, con la participación de investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y del Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC).
Salmonete, cabrilla, escórpora y pulpo
Los científicos han analizado el salmonete de roca (Mullus surmuletus), la cabrilla (Serranus cabrilla), la escórpora (Scorpaena notata) y el pulpo común (Octopus vulgaris).
En las cuatro especies, los ejemplares capturados en la zona protegida presentaron los valores más elevados de diversidad nucleotídica, un indicador de la variabilidad genética de las poblaciones.
Esta diversidad resulta importante porque puede aumentar la capacidad de las especies para adaptarse a los cambios ambientales, las enfermedades y otras presiones sobre los ecosistemas marinos.
El estudio también ha constatado que, tras la creación del área protegida, parte del esfuerzo pesquero se desplazó hacia otros sectores, especialmente a la zona abierta a la pesca más próxima al espacio protegido.
Los registros de seguimiento de los barcos muestran una relación significativa entre el incremento de la actividad pesquera y una menor diversidad genética.
Los investigadores consideran que la presión pesquera continuada podría provocar la desaparición de variantes genéticas poco frecuentes a un ritmo superior al de su recuperación mediante la llegada de ejemplares procedentes de otras zonas.
Para desarrollar el estudio, el equipo analizó cerca de 400 ejemplares recogidos entre 2021 y 2023 en tres áreas del canal de Menorca.
Los científicos estudiaron un fragmento de ADN mitocondrial denominado COI y combinaron los resultados con registros de actividad pesquera correspondientes al periodo comprendido entre 2009 y 2023, además de simulaciones informáticas sobre la evolución de las poblaciones.
La necesidad de proteger los hábitats marinos
«Estos resultados muestran que proteger los hábitats marinos no solo favorece la abundancia de las especies, sino que también puede preservar la diversidad genética que necesitan para adaptarse a los cambios futuros», ha señalado la autora principal del estudio, Noemi Pasini, investigadora del grupo de Genética Humana y Evolutiva de la UIB.
Pasini ha destacado que incorporar indicadores genéticos al seguimiento de la actividad pesquera puede contribuir a adoptar decisiones de conservación más eficaces.
Los autores advierten, no obstante, que el análisis del ADN mitocondrial constituye una herramienta inicial de diagnóstico y no sustituye a estudios genómicos más amplios.
Pese a esta limitación, consideran que se trata de un método sencillo y asequible que podría complementar el seguimiento de las áreas marinas protegidas y contribuir a una gestión más sostenible de los recursos pesqueros.
La investigación se ha desarrollado en el marco del proyecto MARFISH, financiado por el Govern balear a través del impuesto de turismo sostenible, y ha contado también con el apoyo del proyecto SosMed, financiado con fondos europeos Next Generation.
El hallazgo llega cuando Europa debe acelerar la protección de sus mares. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, las áreas marinas protegidas cubrían el 13,7 % de las aguas de la UE en el año 2023, frente al objetivo de alcanzar al menos el 30 % en 2030: una distancia de 16,3 puntos porcentuales. La agencia subraya que para ampliar la superficie protegida debe llevarse a cabo con una gestión eficaz. El estudio de Menorca aporta una herramienta para evaluar esa eficacia: comprobar si las restricciones también ayudan a conservar la variabilidad genética de las poblaciones.










