58 erizos de lima adultos. Es lo único que contó un equipo de la Universidad de La Laguna (ULL) tras revisar 12.400 metros cuadrados de fondo en 76 localidades de Canarias. Nunca se había visto una cifra tan baja desde que empezaron los registros, en 1965.
Los datos salen de la tesis doctoral del biólogo Iván Cano Pérez, que da por terminada la época en la que este erizo negro de púas largas (Diadema africanum) mandaba en los fondos rocosos del archipiélago. Donde antes había roca pelada ahora crecen las algas, y lo que vendrá después todavía no lo sabe nadie.
Cero crías en los colectores
Para llegar a esa cifra, los investigadores hicieron 620 transectos visuales. Son recorridos bajo el agua en los que se cuenta cada animal de una franja de fondo. Hecha la cuenta, sale a menos de un erizo adulto por cada 200 metros cuadrados.
En sus mejores tiempos, los fondos canarios llegaron a tener más de 14 ejemplares en un solo metro cuadrado. Lo más grave, de todos modos, está en los más pequeños. Los colectores de larvas y las cuadrículas de campo dieron cero individuos asentados y cero juveniles.
Sin relevo, la población no tiene de dónde tirar. La tesis habla de un «cuello de botella ecológico», por la falta de adultos y un empobrecimiento genético progresivo. Las dos cosas juntas impiden que la especie se recupere sola a corto plazo.
Todo empezó en La Gomera
La mortandad arrancó en marzo de 2022 en La Gomera. Desde allí saltó a Tenerife, al estrecho de la Bocaina (entre Lanzarote y Fuerteventura), a La Palma y a Gran Canaria. Fue la pandemia que arrasó al erizo Diadema en Canarias.
El equipo la relaciona con las corrientes que llegan del oeste y con temporales de componente sur. También apunta a la posible dispersión de una ameba tóxica para el erizo. En un artículo publicado en Frontiers in Marine Science en diciembre de 2025, un equipo que incluye a Cano y a su director ya calculaba una caída del 99,66 % en Tenerife respecto a 2021.

Solo 17 de las 76 prospecciones, hechas entre agosto de 2022 y junio de 2025, encontraron algún ejemplar, y en todas la densidad quedó por debajo de 0,04 erizos por metro cuadrado. El Hierro fue la única isla que no notificó mortandad. Allí los erizos nunca fueron abundantes, y la ULL atribuye ese equilibrio a que los depredadores naturales siguen sanos y a las políticas de conservación.
Del Caribe al mar de Omán
Lo de Canarias no fue un caso aislado. La investigación lo encaja en una pandemia global que golpeó a varias especies de erizos de la familia Diadematidae. Hubo muertes en el Caribe, el Mediterráneo, el mar Rojo, el mar de Omán y la isla de La Reunión.
En todos esos lugares la mortalidad fue de entre el 90 % y el 99 %. Dicho de otra forma, de cada diez erizos sobrevivió uno como mucho. Según el artículo de 2025, las islas podrían haber sido un punto de enlace de esa enfermedad entre océanos.
En Canarias, al faltar el herbívoro que tenía a raya a las algas, estas ocupan su sitio y el paisaje submarino se transforma de arriba abajo.
Algas donde había roca pelada
Durante décadas, este erizo fue el gran jardinero de la costa canaria. Se comía las algas y dejaba la piedra limpia, formando los famosos blanquizales, que llegaron a cubrir más de 15 kilómetros de litoral. Había tantos que se organizaron campañas de retirada, como la que recogió 85.000 erizos en Gran Canaria.
Ahora el péndulo se ha ido al otro extremo, y según la tesis los fondos viven una transición masiva hacia el dominio de algas como Dictyota o Lobophora. Curiosamente, es lo que Noruega buscaba al retirar casi 100.000 erizos para recuperar sus bosques de kelp. En Canarias el cambio ha llegado de golpe, sin plan y por una enfermedad.
Qué algas ganarán sigue sin saberse
La tesis insiste en que el futuro de los fondos canarios está abierto. En el mejor caso volverían los bosques de macroalgas productivos, como los de Gongolaria, o se asentarían campos de Lobophora.
El peor escenario pasa por céspedes de algas oportunistas, favorecidos por el cambio climático, o por invasoras como Rugulopteryx okamurae, el alga asiática que sigue expandiéndose por las costas de España. ¿Hacia qué lado caerá la balanza? Por ahora, nadie lo sabe.
Cano defendió la tesis en el Aula Magna Blas Cabrera Felipe, con José Carlos Hernández Pérez como director. La nota sobre el trabajo ha sido publicada en la web de la Universidad de La Laguna.

Foto: Cano et al., Frontiers in Marine Science, CC BY 4.0













