La Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ) ha rastreado este año 984 hectáreas del macizo de Cotiella, en Huesca, y no ha encontrado ni un lagópodo alpino. Tampoco ningún indicio de su presencia. Sus grabadoras sumaron además 782 horas de sonido sin un solo canto, y la última detección de la especie en este rincón del Pirineo aragonés es de 2018.
Con esos datos, la fundación considera probable que la población reproductora de Cotiella haya desaparecido. ¿Por qué tanto revuelo por un ave de alta montaña? Porque la perdiz nival avisa antes que nadie de lo que le pasa a la alta montaña.
Armeña y Lavasar, palmo a palmo
El trabajo de campo de 2026 se centró en dos sectores del macizo, Armeña y Lavasar. Allí los técnicos recorrieron las 984 hectáreas buscando aves o cualquier rastro de su paso. No apareció nada.

Para no fiarlo todo a los prismáticos, la FCQ dejó en la montaña grabadoras autónomas que registran el sonido sin nadie al lado. Acumularon 782 horas de grabación efectiva y en ninguna se oye a la especie. El proyecto ha salido adelante con la ayuda de la Fundación Ibercaja, dentro de su convocatoria de 2025 de sostenibilidad ambiental.
63 cantos en otra zona
Cabía una duda razonable, que los aparatos simplemente no funcionaran. Por eso la fundación colocó equipos en un área de control fuera de Cotiella, donde la perdiz nival sigue presente.
En ese lugar las grabadoras recogieron 63 archivos con cantos de la especie. O sea, el método detecta al ave cuando está. El silencio de Cotiella no parece, por tanto, un fallo técnico.
Aun así, la FCQ habla con cautela. El comunicado dice que los resultados «refuerzan la hipótesis de la desaparición de la población reproductora». Eso sí, no descartan que lleguen aves nuevas desde macizos cercanos.
De 11 registros a ninguno
Al repasar los registros históricos, la fundación contó 11 detecciones positivas en 20 visitas al macizo entre 1986 y 1999. Más de la mitad de las salidas daban fruto.
Entre 2000 y 2017, en cambio, solo hubo dos. Tras la última señal, de 2018, los técnicos han hecho 25 visitas más y no han hallado ninguna prueba de que el ave siga allí. ¿Hace falta un gráfico para verlo?
Cotiella queda en el límite sur de la distribución del lagópodo en los Pirineos, y sus hábitats de alta montaña están bastante aislados, un mal punto de partida. Esas poblaciones de borde suelen ser las primeras en acusar cualquier cambio.
Un ave de la glaciación
El lagópodo alpino (Lagopus muta) es una especie boreoalpina, hecha para el frío extremo. La FCQ la define como «una auténtica reliquia de las últimas glaciaciones». Al retirarse los grandes glaciares del Pleistoceno, algunas poblaciones quedaron aisladas en las cumbres más frías del sur de Europa.
Hoy esos refugios fríos se encogen. Los ambientes fríos menguan, la capa de nieve cambia y los hábitats alpinos se transforman, algo muy serio para un ave que en invierno se vuelve blanca. Por eso la fundación la considera una «especie centinela del cambio climático».

Y no es la única que lo pasa mal ahí arriba. También las plantas de alta montaña de los Pirineos están perdiendo terreno con el calor.
0,414 grados más por década
Los datos climáticos del área estudiada muestran que la temperatura media anual subió 0,414 °C por década entre 1986 y 2025. Puede parecer poca cosa. En casi cuatro décadas, ese ritmo equivale a algo más de grado y medio.
La FCQ reconoce que no puede probar una relación causal directa entre ese calentamiento y el declive del ave. Aun así, ve «especialmente preocupante» que las dos curvas vayan de la mano.
Un estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) comprobó que la cueva helada A294 de Cotiella pierde hielo de 6.100 años a un ritmo nunca visto. Los glaciares pirenaicos, por su parte, han perdido el 94,5 % de su superficie desde mediados del siglo XIX, según el Observatorio Pirenaico del Cambio Climático. Tanto que esta podría ser la primera cordillera europea sin glaciares.
Las montañas vecinas, sin recuento
El comunicado no detalla cuántas perdices nivales viven hoy en los macizos cercanos. Tampoco dice con qué frecuencia se mueven de unas cumbres a otras. Y eso es justo lo que decidiría si Cotiella recupera la especie por sí sola.
La FCQ, que acaba de renovar su app de seguimiento del quebrantahuesos, pide reforzar los programas de seguimiento de las especies alpinas. Sin datos de cada macizo, las desapariciones locales pasan sin hacer ruido. Y cuando alguien se da cuenta, a veces ya es tarde.
Los resultados han sido publicados por la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos en su web, en el artículo El lagópodo alpino desaparece del macizo de Cotiella.
Foto: Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos











