Durante décadas, el nombre de Fyli se ha asociado a algo muy poco glamuroso: ser el gran vertedero del área metropolitana de Atenas. Hoy, ese mismo lugar quiere convertirse en todo lo contrario, un polo de energías renovables con placas solares, grandes baterías y producción de hidrógeno verde pensado para dar autonomía energética al municipio y aliviar el bolsillo de sus vecinos más vulnerables.
Del gran basurero del Ática a laboratorio de transición energética
El vertedero de Fyli ha recibido durante más de medio siglo la mayor parte de los residuos urbanos de la región del Ática, unos 7.000 toneladas diarias según documentos del propio Parlamento Europeo. Eso lo convirtió en el único vertedero plenamente legal de la zona, pero también en un foco constante de quejas vecinales por olores, lixiviados y posibles impactos sobre la salud.
Esa “mochila” ambiental es precisamente el punto de partida del nuevo plan municipal. La idea ya no es solo cerrar y sellar las viejas celdas de vertido, sino aprovechar el enorme espacio degradado para levantar un parque de energías renovables que produzca electricidad y combustibles limpios durante décadas. En vez de ser un agujero que se traga la basura de Atenas, Fyli aspira a ser una especie de enchufe gigante del sistema eléctrico griego.
Tres piezas clave del nuevo ecosistema energético
La primera pieza ya está sobre la mesa europea. El Banco Europeo de Inversiones estudiará financiar la fase inicial de un parque solar de 125 megavatios pico junto a un sistema de almacenamiento con baterías de 83 megavatios y 249 megavatios hora. Todo ello se ubicará sobre el antiguo vertedero, hoy en proceso de rehabilitación, con un presupuesto estimado de 165 millones de euros, de los que 124 millones procederían del propio banco.
En paralelo, el municipio ha diseñado un proyecto aún más ambicioso, la iniciativa “Fyli Green Hydrogen”. Según la documentación enviada a la European City Facility, el permiso de producción permite llegar a 325,22 megavatios de potencia fotovoltaica, apoyados por una licencia de almacenamiento de 720 megavatios hora. Esa energía alimentaría un electrolizador de 50 megavatios que produciría cerca de 4,76 millones de kilos de hidrógeno verde al año.
¿Qué implica esto en la práctica? Los cálculos del propio proyecto hablan de evitar unas 87.700 toneladas de CO₂ al año y de sustituir unos 32,7 millones de litros de diésel. No es un detalle menor en un país que sigue dependiendo en buena parte de los combustibles fósiles para mover camiones, autobuses y maquinaria pesada.
La factura de la luz y el “dividendo social”
Más allá de las grandes cifras, el ayuntamiento insiste en que la transición energética tiene que notarse en las casas, en la famosa factura de la luz que llega cada mes. Aquí entra en juego la comunidad energética municipal Faethon, creada en 2021 con el propio consistorio como socio principal.
Gracias a los primeros parques solares, que suman en torno a una decena de megavatios, esta comunidad ya está entregando 300 kilovatios hora de electricidad gratuita al mes a 800 hogares vulnerables del municipio, según explica el alcalde Christos Pappous en la red de ciudades Energy Cities. Esa energía también cubre buena parte del alumbrado público y de las estaciones de bombeo de agua, lo que libera recursos municipales para otros servicios.
El plan es que los nuevos megavatios solares y las baterías amplíen ese “dividendo social” y permitan llegar a muchos más hogares con compensación virtual de energía, además de ofrecer electricidad más barata a otros municipios y a la industria cercana, incluida la zona logística y las refinerías del entorno.
Un ejemplo de economía circular energética
El caso de Fyli encaja muy bien con el giro que busca la Unión Europea en su Pacto Verde, el plan para reducir drásticamente las emisiones y la dependencia energética exterior. En vez de ocupar nuevas tierras agrícolas o zonas naturales con renovables, se reutiliza un territorio ya degradado que llevaba años asociado a impactos ambientales. El propio Banco Europeo de Inversiones subraya que, al construirse sobre un vertedero clausurado y en rehabilitación, los impactos adicionales se prevén limitados.
Para la ciudadanía local, el reto es doble. Por un lado, comprobar que la antigua montaña de basura deja de ser un problema crónico de contaminación y olores. Por otro, ver que la transición energética no se queda en grandes anuncios, sino que se traduce en menos riesgo de cortes, menos emisiones y, en buena medida, menos sustos cuando llega el recibo de la luz.
El reloj, además, corre rápido. El calendario de la iniciativa de hidrógeno verde sitúa la entrada en operación comercial en el primer trimestre de 2029, con obras concentradas en el periodo 2027 y 2028. Para entonces, si todo va según lo previsto, Fyli podría haber pasado de ser el símbolo de los problemas de residuos del Ática a convertirse en uno de sus iconos de energía limpia.
La documentación oficial del proyecto “Fyli Green Hydrogen Initiative”, con los detalles técnicos de la planta solar, el almacenamiento y la futura producción de hidrógeno verde, ha sido publicada en la plataforma de la European City Facility.


















