El sector ecológico se ha erigido como una gran alternativa para quien quiere crear o mantener una empresa agraria viable. La causa de su crecimiento reside en el hecho de que cada vez son más las personas consumidoras que orientan
La alimentación ecológica no se trata de una moda pasajera. Todo lo contrario. Se trata de uno de los pocos sectores de la economía productiva del país con tendencia de crecimiento, y que parece imparable en este contexto de crisis, donde la agroalimentación en general ha resistido el embate de la bajada de demanda. El logotipo europeo de producción ecológica ha llegado en el mejor momento, para ayudar a consolidar el aumento de oferta y para incrementar los índices de confianza y de consumo de este tipo de alimento entre la población.
El sector ecológico se ha erigido como una gran alternativa para quien quiere crear o mantener una empresa agraria viable. La causa de su crecimiento reside en el hecho de que cada vez son más las personas consumidoras que orientan su decisión de compra hacia los alimentos ecológicos certificados, ya la vez se produce un fenómeno de fidelización hacia este producto, después de probarlo.
La normativa de producción, elaboración y etiquetado y el control exigidos a un alimento ecológico certificado lo han hecho merecedor del apelativo de producto de máxima calidad, que aporta beneficios medioambientales, sociales y económicos. Era, pues, de justicia corresponder esta realidad instalada en la percepción de muchos consumidores con un impulso normativo, que otorgara al producto ecológico una nueva ‘marca’ fácil de reconocer en el mercado de la alimentación y que atara los conceptos de excelencia, trazabilidad, control, garantía y confianza.
La producción agraria ecológica goza de la indicación protegida «ecológico», «biológico» y «orgánico» por parte de la Unión Europea, y desde 2010 tenemos un nuevo logotipo europeo-el «eurohoja» -, de carácter obligatorio. Ambas indicaciones han sido pensadas para facilitar al consumidor su identificación en los estantes de tiendas, mercados y supermercados, de cualquier país de la Unión Europea.
El Consejo Catalán de la Producción Agraria Ecológica, como autoridad pública de control y certificación de los alimentos ecológicos en Cataluña, recibió satisfactoriamente la nueva identificación que entró en vigor en 2010 y hace un balance muy positivo de su implantación durante estos 24 meses, periodo establecido para ir sustituyendo el anterior logotipo para el actual, ya obligatorio. A partir de este mes de julio, todo alimento ecológico hecho en Cataluña ya ha de llevar el nuevo sello europeo en su etiqueta, además de ir acompañado del logotipo del CCPAE, el código de la autoridad de control y la origen de las materias primas.
Este hecho es doblemente beneficioso dado que, por un lado, el consumidor tendrá más claro que en Europa se juega con las mismas reglas de juego, y, por otro, el mantenimiento del sello catalán en la etiqueta refuerza la credibilidad del producto , pues el CCPAE ha ganado un prestigio dentro y fuera de la Unión Europea como autoridad pública de control acreditada. Todo ello, se suma al anuncio reciente de la equivalencia entre la normativa europea y la norteamericana, a raíz de un acuerdo bilateral entre las dos administraciones que rompe barreras entre los dos mercados y en el camino de la competitividad, la internacionalización y la convergencia normativa.
Hoy en día, para que el lector se haga una idea, el CCPAE ya cuenta con casi 25.000 referencias autorizadas para ser vendidas como productos ecológicos, con lo cual podríamos afirmar que cualquier alimento del mercado ya tiene su versión ecológica certificada. En los últimos años, Cataluña ha experimentado verdaderamente un crecimiento de este sector, y muchos indicadores económicos marcan perspectivas optimistas para los próximos años.
A modo de ejemplo, el crecimiento se hace patente en el último año, especialmente en número de operadores, en cultivos como la vid y el olivo, y en casi todas las actividades transformadoras, así como en el volumen de facturación, que se disparó, en 2010, un 23% llegando a los 105 millones de euros. Así, el sector ha llegado casi a los 2.000 operadores en 2011, aumentando un 17% respecto al año anterior, la superficie inscrita ha superado las 90.000 hectáreas, con un incremento de casi el 11%, y la cifra de explotaciones ganaderas se eleva a casi 600, un 17% respecto 2010. Cabe destacar el 25% de crecimiento de bodegas, que con un total de 105 continúa como la principal actividad agroindustrial ecológica.
Los resultados demuestran que Cataluña ha apostado por un modelo público de éxito que ha promovido las producciones y el consumo, aunque también hay que admitir que aún queda mucho camino por recorrer. Se trata de un modelo paritario de intereses en las decisiones políticas, entre sector, administración y consumidores, que ha permitido caminar juntos y hacer crecer el sector, con el acompañamiento necesario de las instituciones: ayudas, formación, investigación, difusión y promoción, y control y certificación.
El CCPAE está demostrando desde hace tiempo su valía y credibilidad en el sector. Esta entidad es un referente para los consumidores, como para otros organismos de control. Se podría afirmar que el nuevo logotipo europeo y el CCPAE tienen un denominador común: la aceptación del sector y la confianza de los consumidores. Si aprovechamos estas fortalezas para crear nuevas oportunidades, y no se dan pasos atrás, el sector no distraerse y sabrá generar nuevas brechas en el mercado, los consumidores mantendrán la confianza en el alimento ecológico certificado, y todos y todas-incluido el planeta-nos beneficiaremos de esta producción responsable.
Naturaleza y Europa. Estos eran los temas que inspiraron el nuevo logotipo de producción ecológica de la Unión Europea, que nació hace dos años. También se podría decir que «Naturaleza» y «Europa» son dos de los retos más importantes que tendremos que afrontar como sociedad durante este siglo XXI. Convertimos los mismos, pues, en una causa común por ciudadanos, organizaciones, y administraciones públicas.


















