Con todo, en muchas de las áreas de contacto entre el espacio construido y el espacio libre, se generan una serie de tensiones (vertido de escombros y residuos, ocupaciones de barracas, proliferación de plagas …)
Para una ciudad como Vilafranca del Penedès, el entorno agrario y natural más próximo representa un gran patrimonio. En referencia al paisaje, las amplias áreas de viña constituyen el principal elemento de identidad de Vilafranca y de la comarca. En un momento en que se reivindica el fomento del enoturismo desde muchos sectores de la sociedad, el cuidado y gestión del paisaje y el entorno cercano toman una especial relevancia.
Con todo, en muchas de las áreas de contacto entre el espacio construido y el espacio libre, se generan una serie de tensiones (vertido de escombros y residuos, ocupaciones de barracas, proliferación de plagas …) que en los últimos años se han visto agravadas por el paro del crecimiento urbanístico. Las bolsas de suelo de diferentes sectores de alrededor de la ciudad pendientes de urbanizar y que se han dejado de cultivar dan pie al aumento de estos problemas.
Por este motivo, desde el Ayuntamiento de Vilafranca, a finales de 2011, se hizo un trabajo para inventariar las más de 130 parcelas del municipio que estaban baldías (86 Ha). Se dirigió una carta a los propietarios recomendándoles el cultivo de estos espacios y ofreciéndoles colaboración a través del proyecto denominado Bolsa de Tierras, y que consiste, básicamente, en poner en contacto a los propietarios de terrenos baldíos con agricultores interesados en cultivar estas tierras. Por otra parte, se mantuvieron reuniones con Unió de Pagesos y con Jóvenes Agricultores y Ganaderos de Cataluña, para que pudieran informar del proyecto a sus asociados.
A partir de ahí, muchos de los propietarios se han puesto en contacto con agricultores de la comarca-algunos a través de la Bolsa de Tierras y muchos haciendo el contacto directamente – y un año más tarde, aproximadamente un 70% de estos terrenos se encuentran cultivados.
Con esta actuación, se ha conseguido, sin prácticamente ningún coste, mejorar el paisaje de los alrededores de la ciudad y reducir problemas asociados a usos periurbanos problemáticos (actuando antes de que aparezca el problema, o que éste se haga más grande). Esto se ha hecho, además, evitando el requerimiento administrativo y que desde la administración se pongan más complicaciones a un sector – el inmobiliario -que sufre fuertemente los efectos de la crisis, al tiempo que se ha dado un pequeño impulso a la agricultura local y se ha sacado rendimiento a un recurso valioso existente en el municipio, el suelo agrario.
Mirar con más detalle tanto el entorno periurbano de la ciudad como su realidad agrícola ha permitido que surgieran otros proyectos que se han llevado adelante desde el Ayuntamiento como el pastoreo y el cultivo de parcelas municipales -que permite el ahorro en la gestión de los espacios verdes-, el acuerdo con el grupo de trabajo de la tierra de Caritas para la recolección de las aceitunas o la puesta en marcha de nuevos espacios como Huertos Sociales, en lugares donde, por sus características y casi sin inversión, se ha podido dar un uso provisional como huerto a personas con necesidades económicas o entidades que trabajan con estos colectivos.
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