Los científicos no dan crédito: localizan un tiburón nacido en 1627 que sigue vivo a sus 399 años

Publicado el: 30 de abril de 2026 a las 18:46
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Tiburón de Groenlandia nadando bajo el hielo del Ártico, especie más longeva del mundo con hasta 400 años.

Imagínate un animal nacido cuando todavía no existía la electricidad en las ciudades y que sigue nadando hoy, a cientos de metros bajo el hielo. Eso es lo que sugiere la ciencia con el tiburón de Groenlandia, una especie de aguas frías y profundas del Atlántico Norte y del océano Ártico. Su longevidad asombra, pero también obliga a mirar el estado real de esos mares.

La cifra que más se repite sale de un estudio publicado en 2016 en la revista Science, en el que se analizó la edad de 28 hembras mediante datación por radiocarbono en el núcleo del cristalino del ojo. El ejemplar más grande del trabajo medía 502 cm y se estimó en 392 años con un margen amplio, además la madurez sexual se situó en al menos 156 años. Para una especie así, cualquier presión extra, desde la pesca hasta el calentamiento del Ártico, se nota durante mucho tiempo.



Un récord con margen de error

Cuando se lee que se ha encontrado un tiburón “de 399 años”, conviene entender de dónde sale el número. En el estudio de 2016, la estimación para el animal más grande fue de 392 años con una incertidumbre de ±120 años, y el propio trabajo habla de una esperanza de vida mínima estimada de 272 años. Aun con esa horquilla, el mensaje es claro, es el vertebrado más longevo conocido con datos publicados.

Ese margen no es un detalle menor y convertir la edad en un año de nacimiento (como 1627) ayuda a imaginar la escala, pero no es una fecha exacta. ¿Y si a ese ritmo le sumamos más presión humana? Mala combinación.



Cómo se fechó su edad

En muchos peces se usan “anillos” de crecimiento en estructuras duras, pero aquí los investigadores optaron por una parte muy específica del ojo. El núcleo del cristalino se forma antes de nacer y no se renueva, así que guarda la señal química de ese momento como si fuese una cápsula del tiempo.

La técnica consistió en medir radiocarbono (carbono 14) en ese tejido y compararlo con niveles históricos de carbono. En los individuos pequeños apareció la llamada “señal de la bomba”, un marcador ligado a los ensayos nucleares atmosféricos de mediados del siglo XX, útil para separar ejemplares nacidos después de esa época.

La muestra del estudio fueron 28 hembras recogidas en campañas científicas en Groenlandia entre 2010 y 2013. El método es sólido, pero los autores lo presentan como una estimación con probabilidades, y por eso la incertidumbre crece en los animales más viejos.

Una vida en cámara lenta

El tiburón de Groenlandia está adaptado a un entorno de frío constante, oscuridad y poca comida. En el artículo de Science se recoge que puede moverse desde la superficie hasta al menos 1.816 metros de profundidad, y que su distribución incluye el Atlántico Norte y el Ártico.

Su crecimiento anual reportado es de 1 cm o menos, lo que explica por qué llegar a los cuatro o cinco metros puede llevar siglos. A esto se suma una madurez sexual tardía, estimada en al menos 156 años para las hembras, lo que convierte a la especie en especialmente vulnerable a cualquier aumento de mortalidad.

Las amenazas no esperan siglos

El gran problema es que el océano actual no es el de hace 300 años. La captura incidental en pesquerías de arrastre, palangre o redes de enmalle aparece como la amenaza humana más repetida en los informes, y se ha descrito su presencia como bycatch en varias pesquerías del Atlántico Norte.

Un informe oficial canadiense recoge estimaciones globales de al menos 3.500 ejemplares capturados como captura incidental al año, y sitúa la cifra en Canadá entre 1.688 y 2.208 tiburones anuales. Para un animal que puede tardar más de un siglo en reproducirse, no son números pequeños. Y eso se nota.

A eso se suma el clima y la química del mar. El mismo informe advierte de que el Ártico se calienta dos a cuatro veces más rápido que la media global, con posibles cambios de hábitat y expansión de actividad pesquera hacia el norte. Y, como depredador longevo, este tiburón también puede acumular contaminantes persistentes y metales en sus tejidos, algo que se ha documentado en estudios sobre POPs y contaminantes en la especie.

Por qué importa también fuera del Ártico

Este tiburón no solo interesa por el récord. Su longevidad lo convierte en un “archivo vivo” del océano, útil para entender cómo envejece un vertebrado y cómo se adaptan sus tejidos a condiciones extremas. Por eso han empezado a aparecer trabajos centrados en su biología molecular y su fisiología.

En 2024, un equipo internacional anunció el primer mapeo de su genoma y avanzó hipótesis sobre reparación del ADN y longevidad, con resultados difundidos como preprint en bioRxiv. La nota de la Universidad de Copenhague recuerda que su genoma ronda los 6.500 millones de pares de bases y que más del 70% son elementos repetitivos, algo llamativo en un animal que parece mantener estabilidad durante siglos.

Qué se está haciendo y qué podemos exigir

En gestión pesquera ya hay movimientos. En Canadá se prohíbe la retención del tiburón de Groenlandia en determinadas pesquerías y se exige liberarlo vivo con el menor daño posible, y en 2022 la NAFO acordó una prohibición de retención en sus áreas reguladas. Son pasos pensados para reducir la mortalidad directa.

El reto es que aún faltan piezas. La supervivencia tras la suelta sigue siendo poco conocida, y el propio informe señala que las medidas para reducir captura incidental han sido limitadas y muy locales, lo que hace difícil evaluar si la presión baja de verdad. Si se quiere proteger a una especie tan lenta, hace falta mejor registro de capturas, más observación a bordo y más pruebas de mitigación que funcionen.

Y desde casa también hay un papel, aunque no sea inmediato. Apostar por productos del mar con trazabilidad y gestión responsable reduce la presión sobre especies vulnerables, y apoyar políticas que recorten emisiones ayuda a frenar el calentamiento acelerado del Ártico. No se ve en el día a día como la factura de la luz, pero es parte de la misma historia.

El estudio que puso números a esta longevidad se publicó en la revista Science como.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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