La sal, al igual de las grasas, se considera por lo general un alimento dañino especialmente para las personas que padecen hipertensión, insuficiencia renal, viscosidad en la sangre o trastornos metabólicos.
Pero hay que diferenciar entre la sal que puede perjudicar la salud y la que puede ser buena para el funcionamiento del organismo. La sal que debemos evitar o por lo menos disminuir su ración diaria es la sal común de mesa. Esta sal está constituida por una molécula estable de átomos de sodio y cloro, es muy refinada y por lo tanto está despojada de elementos biológicamente útiles. Sin embargo, LA SAL DE HIMALAYA , que proviene de las montañas y de las cordilleras de los Andes, es un cristal de roca que contiene, además del cloruro de sodio, alrededor de 84 minerales. Su pureza llega a nuestras mesas y no está refinada, por lo que no tiene ningún tipo de aditivos como el bicarbonato sódico, que usan en la sal común para que no cambie de color, ni el hidróxido de aluminio que se usa para evitar el apelmazamiento….
La sal rosada, a diferencia de la sal refinada, normaliza los valores de la tensión arterial, ayuda a eliminar líquidos y a limpiar el tejido conectivo estimulando el drenaje de toxinas. Favorece una correcta digestión y asimilación de nutrientes, evita la putrefacción intestinal y estimula el sistema inmunológico.
De todas formas no es conveniente abusar de ella e intentar acostumbrarnos a poner una cantidad mínima únicamente para realzar los sabores.
Información de “La Sal Cristalina del Himalaya”, de ediciones Obelisco
Artículo publicado en la revista Integral sobre La Sal Cristalina del Himalaya.
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