Las ciudades, epicentro de la lucha contra el cambio climático

La gran mayoría de los científicos invitados a participar admitieron la realidad del cambio climático y sus negativas consecuencias para el medio ambiente y la salud, siendo el transporte rodado uno de los principales focos de emisiones de CO2.

Entre los días 14 y 16 del pasado mes de mayo, Santiago de Compostela y, más concretamente, el Parador “Hostal de los Reyes Católicos”, acogió la celebración del V Congreso Internacional de Medio Ambiente y Salud, enmarcado a su vez en el Programa Gallego de Municipios Saludables y Sostenibles 2000-2020, que dirige el Prof. Dr. Francisco Peña Castiñeira.

La cita, que congregó a profesionales y expertos de alto nivel en el sector, así como a 40 ponentes de reconocido prestigio en el ámbito nacional e internacional, contó con un auditorio de 128 ambientalistas procedentes de distintos rincones de Europa, la gran mayoría de los científicos invitados a participar admitieron la realidad del cambio climático y sus negativas consecuencias para el medio ambiente y la salud, siendo el transporte rodado uno de los principales focos de emisiones de CO2.

La adaptación al cambio climático se erige hoy en una prioridad, de ahí la necesidad de establecer estrategias adecuadas para ser materializadas en ciudades y poblaciones costeras, que serán las más amenazadas, urgiendo una nueva planificación energética, urbanística y de movilidad para avanzar hacia la implantación de un modelo de desarrollo sostenible que preserve la salud.

En este sentido, las ciudades como espacios naturales que sirven de hábitat a los humanos demandan una atención especial y permanente para garantizar la salud ambiental y el bienestar de sus habitantes, resultando crucial la mejora de la calidad del aire, ya que, según la OMS, cada año mueren 7 millones de personas a causa de la contaminación del aire.

Invertir en medio ambiente es rentable

La colaboración del conjunto de la población resulta crucial para combatir el cambio climático, al igual que lo es la labor de las empresas, que deben integrar en sus operativas la estrategia ambiental, económica y social. Minimizar sus impactos sobre el contorno se erige en una prioridad, toda vez que consumen agua, energía y materias primas, teniendo efectos su actividad sobre el suelo, el aire, el ruido y la generación de residuos.

En este marco, el crecimiento económico y la protección medioambiental pueden y deben ir de la mano, resultando rentable invertir en medio ambiente desde todos los puntos de vista.

En relación al Camino de Santiago se dejó constancia de su gran aportación en el ámbito espiritual, cultural, natural y ambiental, sirviendo de mecanismo de concienciación desde todos los frentes. En este sentido, se puso de relieve el turismo sostenible, constituyendo éste una importante pieza para favorecer el diálogo intercultural y la expansión de los valores espirituales, antropológicos y ecológicos.

Urge poner los medios para que la salud ambiental sea una realidad. Para ello se precisa de la coordinación de todos los sectores sociales a fin de hacer efectiva la construcción de un nuevo mundo enmarcado en un desarrollo circular en el que se priorice la vida digna de las personas y el acceso a servicios básicos tales como alimentación, agua, atención sanitaria, educación, libertad y paz, que no son más que los objetivos contemplados en la Agenda 2030 de la ONU para el desarrollo sostenible.

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