La ola de frío de 1956 en España marcó un antes y un después en la historia meteorológica del país: tres invasiones de aire siberiano hundieron los termómetros hasta los -32 ºC- Y arrasaron cosechas, olivares centenarios y frutales en toda la Península.
Hoy, setenta años después, el contraste es brutal. Febrero de 2026 ha pulverizado récords de calor en varias capitales del interior, dejando máximas superiores a los 23 ºC. Y confirmando el giro extremo de un clima cada vez más imprevisible provocado por el cambio climático.
La ola de frío de 1956 en España: del récord de -32 ºC al febrero más cálido en 70 años
Setenta años después del febrero más gélido del siglo XX, con -32 ºC en Lleida y heladas negras devastadoras, 2026 rompe máximas históricas en Ávila, Cáceres y Salamanca.
El frío extremo que se padeció en febrero de 1956 afectó a mucho más que a una región aislada del país. En toda España, la agricultura sufrió graves pérdidas, porque en ese momento se concatenaron una tras otra, tres olas de aire polar siberiano.
Estos brotes destruyeron cosechas enteras y mataron árboles, incluidos olivares centenarios. La intensa sequía provocó las llamadas heladas negras. Estas son invisibles a simple vista, pero resultan devastadoras para los cultivos, según ha explicado la Aemet.
Este febrero se conmemoran 70 años de la ola de frío más intensa registrada en España en el siglo XX y lo que llevamos de XXI, una situación que contrasta con la experimentada este 2026. En la actualidad, hasta tres estaciones -Ávila, Cáceres y Salamanca- batieron sus récords de temperaturas máximas durante febrero.
Heladas negras y cultivos arrasados en toda la Península
El mes de febrero de 1956 quedó grabado en los libros de historia debido a las tres oleadas de aire frío que azotaron a todo el territorio peninsular. Y que dejaron las temperaturas más bajas registradas nunca por el Banco Nacional de Datos Climatológicos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).
Uno de los días marcados es el 2 de febrero de 1956, jornada en que el Estany-Gento (lago Gento), en la provincia de Lleida, detectó -32 ºC. Esta es la temperatura más baja registrada en todo el siglo XX y que, aun hoy, no ha sido superada.
Las temperaturas extremas no se limitaron a este punto específico de Cataluña -considerado uno de los más fríos de España-. Sino que se extendieron por toda la geografía española, con consecuencias catastróficas especialmente para la agricultura.
Las tres oleadas de aire polar continental de origen siberiano de aquel febrero de 1956 no solo supusieron la pérdida de las cosechas de ese año. También provocaron la muerte de árboles, incluidos olivos centenarios.
Aquellas heladas, caracterizadas por un contenido de humedad muy bajo, provocaron las denominadas «heladas negras«, causadas por masas de aire tan secas que no se aprecian a simple vista, aunque sus efectos en frutales y cultivos «son desastrosos», indicó la Aemet en una nota de prensa.
De las pérdidas agrícolas masivas al calor anómalo invernal
La ola de frío de aquel febrero de 1956 contrasta con la situación advertida por la Aemet para este mismo mes de 2026, cuando tres estaciones superaron sus temperaturas máximas jamás registradas en un mes de febrero.
Durante el día 23, la estación de Ávila registró 21 ºC, superando por 0,2 su máximo histórico del año 2020 (20,8 ºC). Esa misma jornada Cáceres, con 23,3 ºC, batió por 0,3 los 23,0 ºC registrados también en 2020.
La cifra más llamativa la ha detectado la estación de Salamanca, con 23,5 ºC, superando en un 1 ºC su cifra más alta en un mes de febrero: los 22,5 ºC de 2004.
Setenta años entre unas cifras históricas a la baja en 1956 y al alza en 2026 en un contexto en el que, según la Aemet, los fenómenos extremos como las precipitaciones «están aumentando en intensidad y frecuencia con el calentamiento global», con lluvias torrenciales que han llenado los embalses españoles hasta el máximo de su capacidad.
Siete décadas más tarde de aquel fenómeno de frío polar, el segundo mes de 2026 ha experimentado situaciones climáticas diametralmente opuestas. Varias estaciones batieron récords mensuales de calor, como Ávila, Cáceres y Salamanca. Allí, las temperaturas superaron los 23 grados Celsius.
El contraste pone de manifiesto un claro cambio. La Aemet advierte que los fenómenos extremos, desde el calor hasta las lluvias torrenciales, son cada vez más intensos y frecuentes a medida que avanza el calentamiento global. Seguir leyendo en CAMBIO CLIMATICO





















