Pagar o acoger

Los expertos del IPCC han reevaluado el coste real que se necesitaría, para dar a las naciones vulnerables una ayuda eficaz con la que hacer frente a las crecientes sequías, inundaciones u olas de calor relacionadas con el cambio climático y evitar así la migración climática.

Ayuda vital – respuesta patética 

A medida que los países ricos faltan a su promesa de pagar 100 mil millones de dólares anuales (casi 90.000m millones de €) en ayudas climáticas a los países pobres, los expertos de la ONU afirman que, para que estas naciones puedan adaptarse a los impactos devastadores del calentamiento global, la cifra aludida es completamente insuficiente, por no decir ridícula.

Los técnicos explican que, las disposiciones que se han propuesto para financiar la adaptación son inadecuadas y escuetas, dada la magnitud de las consecuencias que tendrá el cambio climático prácticamente en todo el mundo, como la multiplicación de sequías, inundaciones u olas de calor.

Casi 1000 billones anuales

 

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El planeta se ha calentado alrededor de 1,1 °C desde la era preindustrial, lo que ya ha provocado la proliferación de muchos fenómenos meteorológicos extremos. Y dado que, poco o nada se está cumpliendo de todo lo que se ha prometido, el mundo se encamina hacia un calentamiento que superará los objetivos del Acuerdo de París, de limitar este aumento de temperatura ‘muy por debajo’ de los 2°C, si en los posible de 1,5°C.

El problema es que, cuanto más alta sea la temperatura, más aumentarán los costes necesarios para proteger a la gente de todo el mundo, especialmente a los más vulnerables. De hecho, en determinados escenarios de emisiones y con una suba de la temperatura superior a los 2ºC, se espera que en 2050 estos costes alcancen la friolera de 1.000 millones de dólares anuales.

Los tan mentados 100.000 millones anuales que debían destinarse a ayudar a los países más pobres a adaptarse a los impactos del calentamiento global y a reducir sus emisiones, en 2009 parecían apenas suficientes, pero en 2025 serán una nimiedad, porque los daños ocasionados por las emisiones y las acciones de los países ricos y cuyas consecuencias pagan los más desfavorecidos, deberán medirse en miles de billones.

El mar seguirá subiendo 

En un mundo en el qué los países más poderosos son incapaces de dejar de consumir de una manera tan voraz y destructiva, necesariamente los niveles del mar seguirán subiendo. Se prevé que muchas zonas costeras desaparecerán bajo las aguas, puesto que en un escenario en el que la temperatura suba +2°C, el nivel del océano podría duplicarse.

A mediados de siglo las inundaciones podrían provocar solo en África, una disminución radical de las cosechas y una multiplicación de las olas de calor, por lo que los riesgos de desnutrición generalizada se dispararían y la consecuencia directa sería una emigración climática que movería unos 2,7 millones de personas.

Adaptarse, emigrar o morir

Para las naciones poderosas financiar la adaptación de estas naciones es una inversión que les evitaría costes futuros, ya que, si durante los próximos diez años en los paises más pobre y vulnerables se implementan sistemas de alerta temprana, infraestructuras sostenibles y métodos de agricultura resiliente, que les permita restaurar los ecosistemas y mejorar el acceso al agua se podría evitar una migración climática masiva.

Según el PNUMA y basándose en los modelos predictivos del cambio climático, las necesidades para financiar la adaptación de los países más vulnerables podrían ascender a 300.000 millones anuales en 2030 y a 500.000 millones en 2050. Visto lo visto, la realidad será muchísimo peor que las previsiones y acabarán por pagar los platos rotos los mismos de siempre.

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