El frío ya mata menos en Madrid, pero el calor sigue siendo un riesgo

Publicado el: 11 de marzo de 2026 a las 07:57
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El frío ya mata menos en Madrid

El frío ya mata menos en Madrid, según estudio, tras analizar 130 años de relación entre temperatura y mortalidad en la capital. El trabajo, basado en 1,9 millones de fallecimientos registrados entre 1890 y 2019, muestra una caída drástica de las muertes asociadas a bajas temperaturas.

Sin embargo, el calor extremo mantiene un riesgo persistente. Aunque las muertes vinculadas a temperaturas moderadamente altas han disminuido con el tiempo, los episodios de calor intenso siguen provocando picos de mortalidad inmediatos, especialmente en una población cada vez más envejecida.



El frío ya mata menos en Madrid, según estudio del CSIC

Un análisis del CSIC sobre 1,9 millones de fallecimientos revela cómo el calentamiento, la mejora de las condiciones de vida y el envejecimiento poblacional han transformado el impacto del clima en la mortalidad madrileña.

Un estudio a largo plazo realizado en la ciudad de Madrid revela una marcada disminución de las muertes relacionadas con el frío desde finales del siglo XIX. Dicha condición extrema solía causar alrededor del 2,2% de las muertes, mientras que ahora representa apenas el 0,3%.

La mortalidad por frío moderado también se redujo drásticamente, de casi el 11% en la década de 1890 a aproximadamente el 1% en la actualidad. Las mejoras en la vivienda, la calefacción, la atención médica y las infraestructuras urbanas disminuyeron considerablemente la vulnerabilidad a las bajas temperaturas.



Durante más de un siglo, el clima ha sido un factor silencioso en la salud de los madrileños. Ahora, un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) revela cómo esa relación ha cambiado profundamente: el frío ya mata mucho menos que antes en Madrid, mientras que el calor extremo mantiene su impacto sanitario.

La investigación, publicada en la revista científica Scientific Reports, analiza 130 años de datos de temperatura y mortalidad en la capital, entre 1890 y 2019. Para ello, los investigadores estudiaron 1,9 millones de fallecimientos, una de las series históricas más largas utilizadas en Europa para comprender cómo influye el clima en la salud humana.

130 años de datos climáticos y 1,9 millones de fallecimientos analizados

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es la drástica reducción de las muertes relacionadas con las bajas temperaturas. A finales del siglo XIX, el frío extremo era responsable de aproximadamente el 2,2 % de los fallecimientos en Madrid. Más de un siglo después, esa cifra se ha reducido hasta apenas el 0,3 %.

En el caso del frío moderado, la caída ha sido aún más pronunciada: del 10,8 % de las muertes en la década de 1890 al 1 % en la última década analizada. Es decir, una reducción cercana a diez veces menos mortalidad.

Según explica Dariya Ordanovich, investigadora del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC y autora del estudio, los efectos del frío en el pasado eran más prolongados.

“En las primeras décadas analizadas, la exposición al frío generaba incrementos de mortalidad que podían extenderse durante varias semanas”, señala. “En las décadas recientes, estos efectos son mucho más breves y de menor magnitud”.

El calor extremo mantiene un impacto sanitario persistente

El comportamiento del calor extremo, sin embargo, muestra una evolución muy distinta.

Aunque las muertes asociadas al calor moderado han disminuido con el tiempo —pasando del 1,8 % al 0,6 % en 130 años—, el calor extremo apenas ha reducido su impacto. Los fallecimientos vinculados a temperaturas muy altas han pasado del 1,2 % al 0,8 %, y desde principios de los años 2000 se mantienen estables en torno al 1 %.

Además, el calor presenta un patrón más inmediato que el frío. Mientras que los efectos de las bajas temperaturas pueden prolongarse durante semanas, las olas de calor provocan aumentos rápidos de mortalidad en los primeros días tras la exposición, explica el investigador del CSIC Diego Ramiro Fariñas, coautor del trabajo.

Urbanización, calefacción y sanidad cambiaron la vulnerabilidad climática

Desde finales del siglo XIX, la temperatura media en Madrid ha aumentado aproximadamente 2,2 °C. Este calentamiento ha reducido la frecuencia de días extremadamente fríos, lo que ha contribuido a disminuir parte de la mortalidad asociada al frío. Sin embargo, los investigadores subrayan que el clima no explica por sí solo el descenso de estas muertes.

A lo largo del siglo XX también se produjeron profundas mejoras en las condiciones de vida, entre ellas:

  • la expansión de infraestructuras urbanas
  • la generalización de los sistemas de calefacción
  • avances en sanidad pública
  • mejores condiciones de vivienda
  • aumento de la esperanza de vida

Todos estos factores han reducido la vulnerabilidad de la población frente a temperaturas extremas.

El envejecimiento de la población mantiene el riesgo durante las olas de calor

Durante el periodo analizado, Madrid también ha experimentado una transformación demográfica radical. A finales del siglo XIX, la ciudad tenía unos 470.000 habitantes, mientras que hoy supera los 3,5 millones.

Al mismo tiempo, la población ha envejecido. Actualmente, alrededor del 20 % de los madrileños tiene más de 65 años, un grupo especialmente vulnerable tanto al frío como al calor. Este envejecimiento ayuda a explicar por qué el calor extremo sigue siendo un riesgo relevante para la salud pública.

El frío ya mata menos en Madrid, pero el riesgo climático continúa

Para realizar el estudio, los investigadores utilizaron una técnica estadística avanzada conocida como Modelos No Lineales de Retardo Distribuido (DLNM). Este método permite analizar cómo las variaciones de temperatura afectan al riesgo de muerte en distintos momentos posteriores a la exposición.

Gracias a este enfoque, el equipo científico pudo identificar la llamada “temperatura de mínima mortalidad”, el punto térmico en el que el riesgo de fallecimiento es más bajo, y calcular cuántas muertes se asocian a temperaturas más frías o más cálidas que ese umbral.

Los resultados revelan una adaptación compleja de la población madrileña a lo largo de más de un siglo de cambios climáticos, sociales y urbanos.

Pero también lanzan una advertencia clara: aunque la ciudad ha logrado reducir enormemente su vulnerabilidad al frío, el calor extremo seguirá siendo un desafío creciente en un contexto de cambio climático y envejecimiento de la población. Por ello, los investigadores subrayan la importancia de mantener y reforzar las estrategias de prevención frente a las olas de calor, especialmente dirigidas a los grupos más vulnerables.

La mortalidad relacionada con el calor muestra una tendencia diferente. Las víctimas de los episodios extremos solo han disminuido ligeramente y se mantienen cerca del 1%, lo que pone de relieve los riesgos persistentes para la salud durante las olas de calor y el aumento de las temperaturas.

Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) utilizaron modelos no lineales de retardo distribuido para analizar los efectos de la temperatura y descubrieron que el cambio climático y el envejecimiento poblacional influyen en los riesgos para la salud actuales y futuros. Seguir leyendo en CAMBIO CLIMATICO

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Sandra M.G.

Redactora de ECOticias.com desde hace más de 10 años, especializada en temas como medio ambiente, cambio climático, energías renovables, sostenibilidad y ecología. Ganadora de varios premios literarios.

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