El calentamiento acelerado en Groenlandia está avanzando a un ritmo mucho más rápido que en el resto del planeta y ya tiene consecuencias directas sobre el clima global y europeo. Investigadores del CREAF que trabajan en la región alertan de aumentos de hasta 6 °C respecto a la era preindustrial, del deshielo acelerado y de la creciente preocupación por el impacto geopolítico y científico en el Ártico.
Groenlandia es una de las zonas donde el calentamiento global se manifiesta con mayor intensidad: las temperaturas en el Ártico aumentan entre tres y cuatro veces más rápido que la media global, lo que está provocando un deshielo sin precedentes de su enorme capa de hielo.
Este fenómeno no solo eleva el nivel del mar a escala mundial, sino que altera los patrones climáticos y afecta a ecosistemas frágiles.
El calentamiento acelerado en Groenlandia avanza más rápido que en el resto del planeta
Investigadores del CREAF alertan de un aumento de hasta 6 °C y del riesgo climático y geopolítico en el Ártico.
Groenlandia está en el centro del foco mediático internacional. El debate sobre el futuro de esta región remota del planeta circula entre declaraciones políticas, intereses económicos, movimientos estratégicos y militares.
¿Qué dice la ciencia sobre un territorio clave para el clima global? Tres voces expertas del CREAF que trabajan en esta zona explican el impacto del deshielo, el calentamiento acelerado que sufre la región respecto a otras partes del mundo y su preocupación ante la posibilidad de que el gobierno de Estados Unidos quiera hacerse con Groenlandia.
Por un lado, Mariana García Criado, investigadora Marie Skłodowska-Curie en el CREAF, realizó una expedición al oeste de Groenlandia hace dos años para estudiar la riqueza y la composición de las especies de plantas, briófitos y líquenes; este estudio fue precursor del proyecto BIPOLAR.
Por otro lado, el investigador Sergi Pla, que lleva más de 30 años viajando por toda Groenlandia, estudia cómo el cambio global afecta al Ártico y cómo estos cambios repercuten, a su vez, en el clima global, a partir de registros de sedimentos de lagos, que constituyen un auténtico archivo natural del clima y de los cambios ambientales de los últimos 8.000 años.
Ha recorrido lugares como Zackenberg, donde se encuentra una de las estaciones científicas más importantes del Ártico. También ha realizado expediciones a los fiordos de Kangerlussuaq, a Ilulissat —el glaciar que aporta más agua dulce del mundo— y a la isla de Qeqertaq. Próximamente, en abril, regresará para realizar una nueva expedición a Qaanaaq, una península situada en el noroeste de Groenlandia.
Por qué el deshielo del Ártico afecta directamente al clima europeo
Por último, la investigadora Sara Marañón investiga el impacto del calentamiento en el suelo ártico en Islandia a través del proyecto SOCRATES. Entre otras cosas, estudia el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero que hasta ahora estaban almacenados en el suelo desde hace miles de años.
Los resultados de la investigación son una ventana al futuro de lo que puede suceder en el suelo ártico de otras regiones del mundo, como Groenlandia.
Más CO₂, pérdida de hielo y cambios irreversibles en los ecosistemas
El Ártico es una de las regiones más sensibles al cambio global y sufre de forma especialmente intensa los efectos del cambio climático. Esto se debe a un fenómeno conocido como amplificación ártica, que hace que el calentamiento sea mucho más rápido que en el resto del planeta.
Actualmente, se habla de un incremento de hasta 6 °C respecto a la era preindustrial, una cifra muy superior a la que se observa en el Mediterráneo, que ya ha superado aproximadamente los 4 °C de aumento, por encima de la media global.
Este calentamiento acelerado tiene consecuencias graves y múltiples. Por un lado, puede llevar a la región ártica a umbrales críticos a partir de los cuales se activan procesos de retroalimentación difíciles de detener.
Uno de ellos es el albedo: a medida que hay menos superficie de hielo y nieve, la radiación solar no se refleja y queda absorbida por el océano y la superficie terrestre.
Con todo ello, el deshielo es cada vez más visible. «Una de las sensaciones más sobrecogedoras», explica Sergi Pla, «fue durante una expedición con el geógrafo Marc Oliva (UB) y el geólogo Santiago Giralt (CSIC GEO3BCN) a la península de Qingaussarsuaq, al norte de Ilulissat, donde se dató la retirada de los glaciares. La magnitud de la dinámica glaciar en los últimos milenios nos hacía sentir lo insignificantes que somos».
Pero lo que sucede en el Ártico no se queda allí, sino que resuena en otras partes del mundo. De hecho, el clima de todo el hemisferio norte depende en gran medida de lo que ocurre en el Ártico, y cualquier alteración puede tener efectos.
«Podemos decir que Groenlandia y el océano Ártico son una región especialmente clave para el planeta, ya que su enorme masa de hielo y su dinámica actúan como un regulador del clima global», alerta Pla.
Por un lado, el deshielo acelerado y el calentamiento global alteran las corrientes de circulación atmosférica y oceánica. Esto, a su vez, afecta al jet stream, una corriente de aire que circula a gran altura con velocidades variables.
«Cuando esta corriente se altera, las masas de aire frío o caliente pueden desplazarse de manera diferente. Si esta corriente atmosférica presenta ondulaciones profundas hacia zonas más meridionales, es cuando en Europa vemos episodios extremos o poco frecuentes, como olas de frío, de calor o lluvias prolongadas«.
Además, Pla explica que «estas corrientes atmosféricas ondulan de este a oeste sobre el hemisferio norte, de modo que los fenómenos que ocurren en una región pueden tener efectos contrarios en otra«.
El clima que observamos en Europa también está condicionado por la posición de los anticiclones en el Ártico. Según Pla, «este año tenemos una ola de frío porque el anticiclón se ha situado al este de Groenlandia, sobre Escandinavia, lo que hace que llegue aire frío directamente a Europa».
En cambio, en los últimos años, los inviernos han sido más suaves, ya que el anticiclón se situaba en el lado opuesto. En cualquier caso, el investigador subraya que «ya no hace el frío de antes».
Algunos trabajos recientes indican que la cantidad de nieve que cae en el norte de Canadá modula la corriente en chorro: «Si durante el invierno cae poca nieve, en primavera el suelo queda más expuesto y se calienta con mayor facilidad. Esto favorece la formación de un anticiclón en el norte de Canadá y el sureste de Groenlandia que puede alterar el jet stream y facilitar la llegada de aire cálido a Europa procedente del Sáhara», explica el investigador.
Otra consecuencia importante del deshielo es la posible alteración del ciclo del carbono, con impactos potenciales sobre el sistema climático global. «En el Ártico observamos que el deshielo libera carbono atmosférico antiguo que llevaba siglos almacenado en el suelo», explica Sara Marañón. Es decir, pasará de ser un almacén de carbono a un emisor.
En este sentido, Mariana García Criado también estudia cómo el impacto del deshielo del permafrost puede transformar los ecosistemas de tundra hacia otros tipos de hábitats. Por ejemplo, se ha observado el crecimiento de arbustos debido a la liberación de nutrientes en el suelo y el permafrost.
El temor científico a una apropiación de Groenlandia y sus consecuencias
El Ártico es una de las regiones más sensibles al cambio global y sufre de forma especialmente intensa los efectos del cambio climático. Esto se debe a un fenómeno conocido como amplificación ártica.
Si Estados Unidos llegara a apropiarse de Groenlandia, es evidente que se producirían cambios importantes. Por un lado, la investigación científica en la región podría verse seriamente afectada.
Según el investigador Sergi Pla, «podrían aparecer cambios legales sobre el acceso a las zonas, los permisos para muestrear y otras posibles complicaciones en las fronteras que podrían limitar los estudios sobre el cambio climático».
De hecho, Estados Unidos está dejando de financiar muchos estudios científicos vinculados al cambio climático e incluso ha prohibido que algunas voces científicas participen en el IPBES, la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas.
«Si nos fijamos en la Antártida, allí ya se han retirado muchos barcos científicos; por tanto, no sería extraño ver la misma tendencia en el Ártico dentro de un tiempo«, advierte Alícia Pérez-Porro, jefa de Interacción Política y Relaciones Institucionales del CREAF.
Por otro lado, en una región tan remota como el Ártico, la colaboración internacional es clave para seguir realizando estudios científicos y tener acceso a las infraestructuras científicas establecidas.
Pla concreta que «actualmente hay científicos de Estados Unidos participando en muchos proyectos, y hay que tener en cuenta que no toda la sociedad norteamericana piensa de la misma manera, pero un movimiento geopolítico como este podría comprometer algunas relaciones entre instituciones«.
Las alertas sobre posibles movimientos geopolíticos también ponen el foco en las consecuencias para las comunidades indígenas, ya que muchos proyectos científicos dependen directamente de la participación de la población local.
«Comprar a la gente puede ser muy peligroso», advierte Pla. Este tipo de estrategias políticas pueden generar desconfianza, divisiones internas y rechazo a algunas actividades, justo en un momento en el que la investigación científica trabaja para implicar cada vez más a las comunidades locales, por ejemplo, en la recogida de muestras o en el uso de drones. «En Canadá, por ejemplo, si no existe esta implicación en un proyecto, ni siquiera se aprueba», añade.
Groenlandia cuenta con unos 56.000 habitantes, repartidos en núcleos dispersos y formados por casas prefabricadas de madera. La vida cotidiana de los inuit, el pueblo indígena, está muy marcada por el aislamiento geográfico y el clima extremo.
«Gran parte de la cultura indígena ha sido históricamente marginada», explica la investigadora Mariana García Criado, quien remarca que «estas poblaciones son el auténtico corazón de Groenlandia y quienes mejor conocen sus paisajes, sus ritmos y su historia».
En definitiva, cualquier impacto derivado de una posible colonización o presión externa sobre su gente, los recursos naturales o los paisajes tendría consecuencias enormes, no solo para Groenlandia, sino también a escala global. Desde la comunidad científica se defiende que este territorio debe ser respetado y protegido tal como es.
La Comisión Europea ha abierto una consulta dirigida a la comunidad científica de toda Europa para contribuir a reformular la actual política europea del Ártico, en el contexto del nuevo escenario geopolítico internacional.
Entre los ámbitos clave de la consulta se encuentran los impactos ambientales y los efectos del cambio climático en la región ártica. «Es en este ámbito donde desde el CREAF aportaremos nuestra experiencia y visión científica sobre el futuro de esta región clave del planeta», afirma Alicia Pérez-Porro. La contribución se está elaborando y se entregará a la Comisión durante el mes de marzo.
Así, el calentamiento acelerado en Groenlandia y el interés estratégico de Estados Unidos no solo subrayan la gravedad del cambio climático, sino que también ponen de manifiesto la vulnerabilidad de una región cuya estabilidad científica y ambiental es vital para todo el planeta. Seguir leyendo en CAMBIO CLIMÁTICO





















