El mar balear alcanza temperaturas récord este verano. El archipiélago registra olas de calor marítimas insólitas este agosto, alcanzando un promedio de casi treinta grados centígrados. Los científicos advierten que las mediciones actuales sobrepasan holgadamente las medias históricas registradas durante décadas.
Un análisis del Sistema de Predicción y Observación Costero confirmó el carácter prolongado del fenómeno. Mediciones realizadas mediante boyas e instrumentos satelitales revelan picos inéditos que sobrepasan con frecuencia los treinta y un grados.
Este severo calentamiento desencadena impactos nefastos en el ecosistema marino, perjudicando gravemente la vegetación autóctona. Asimismo, la alteración de las temperaturas superficiales amenaza la pesca local e intensifica la magnitud de episodios meteorológicos, como las DANA e inundaciones.
El mar balear alcanza temperaturas récord este verano con olas marinas récord
El mar balear está batiendo récords sin precedentes de temperatura máxima este agosto, con un promedio regional de 29,5 grados los diez últimos días que suponen una anomalía de 3,7 grados por encima de lo normal, y con un récord absoluto de 29,7 °C el día 15, explica en una entrevista con Efe la investigadora Mélanie Juza, del Sistema de Predicción y Observación Costero de Baleares (Icts-Socib).
El mar balear alcanza temperaturas récord este verano. «Todo el Mediterráneo Occidental se ve afectado este agosto por temperaturas muy cálidas, con anomalías en promedio regional superiores a 3 °C respecto al periodo de referencia, que es 1982-2015», añade la oceanógrafa, que puntualiza que, en los últimos días, las anomalías son un poco más fuertes en aguas francesas.
En el caso de Baleares, ese diferencial de 3,7 °C sobre los valores de referencia en la temperatura del mar superficial «es muchísimo, sobre todo porque ya hace muchos días que está así«.
Mediciones insólitas y preocupantes
El mar balear alcanza temperaturas récord este verano. Hasta ahora, la temperatura más alta en aguas del archipiélago detectada por los satélites en la primera quincena de agosto era de 29,2 °C, pero este mes, además de alcanzar los 29,7 °C, se ha llegado varios días a 29,5 °C. «Y solo estamos a mitad de mes», advierte la científica del Socib, sobre una situación «sin precedentes en el mes de agosto en el mar balear».
También las boyas operadas por Puertos del Estado y por el Socib han registrado temperaturas del mar localmente muy cálidas para la época del año.
La boya de Dragonera ha observado su récord absoluto de temperatura con 33 °C el 5 de agosto. «Cada día desde esa fecha, más o menos entre las 12 y las 15 horas, llega a medir 30 °C, y el día 16 llegó a 31,2 °C», detalla la oceanógrafa.
La boya de Mahón ha detectado 32,3 °C el 8 de agosto; la de la Bahía de Palma midió 31 °C ese mismo día; y el mareógrafo de la costa de Pollença ha registrado 32,1° el 11 de agosto.
«Eso son muchos valores por encima de los 30 °C y muchos de ellos récords», subraya Melanie Juza.
La ola de calor marina lleva 3 meses
Los científicos llaman «ola de calor marina» al fenómeno que se produce cuando las temperaturas del mar están por encima del 90 % de los datos históricos en una zona y época del año, durante cinco días consecutivos o más. Este año, el Socib detectó una primera ola marina en Baleares antes de lo habitual, en mayo, con una anomalía de más de 4 grados en promedio regional.
«Desde mitad de junio, el mar de Baleares está experimentando una ola de calor marino muy prolongada, con algunas variaciones, pero con gran severidad en los últimos días de junio y ahora en agosto», indica la oceanógrafa.
Los impactos y el escenario son inéditos
Entre los impactos directos que ocasiona que el mar esté tan caliente, Juza destaca «consecuencias muy serias y en algunos casos graves en especies y hábitats como el declive de los pastos marinos, la mortalidad de organismos marinos, alteración de crecimiento de especies y de su ciclo de reproducción, cambios de abundancia y de distribución».
Esta pérdida de biodiversidad afecta a sectores socioeconómicos claves en la costa mediterránea, como la pesca y el turismo.
La investigadora del Socib llama la atención sobre la incertidumbre que genera que este de 2026 «es el quinto verano consecutivo con temperaturas absolutamente excepcionales».
«Nos enfrentamos a un escenario inédito porque tenemos olas de calor marinas muy intensas, muy largas y recurrentes, durante varios años consecutivos, provocando una situación inédita de estrés térmico», indica.
Subraya que se desconocen los efectos de las olas de calor marinas que van más allá de los episodios puntuales y cree que «hay probablemente repercusiones a largo plazo que todavía no se han podido estudiar».
La posidonia se muere con el calor extremo y con ella el ecosistema mediterráneo
Recuerda que ya se sabe que la posidonia oceánica se ve alterada con temperaturas superiores a 28 °C. «Pero quizás vamos a asistir también a agotamiento de especies o de plantas, con tantos veranos y tanto estrés térmico a lo largo de los años», advierte.
Otra consecuencia importante llega con el otoño porque «al aportar más calor y humedad a la atmósfera, las aguas cálidas pueden contribuir a la intensificación de fenómenos extremos como las tormentas y lluvias torrenciales».
Además, las aguas muy cálidas refuerzan las noches tropicales, limitando el enfriamiento nocturno del litoral y afectando al bienestar de las personas.
En el caso de Baleares, la expansión térmica de la columna de agua oceánica que contribuye a aumentar el nivel del mar «va a afectar el litoral y la línea de costa, con todas las implicaciones que puede tener en las infraestructuras, ecosistemas y comunidades costeras», añade Juza.
Hay que poner coto al calentamiento global
La científica del Socib recalca que la comunidad científica coincide en que para limitar el calentamiento global «la única vía es la reducción inmediata, duradera y a gran escala de las emisiones de gases de efecto invernadero».
También aboga por preservar los espacios naturales y proteger los océanos de efectos de la actividad humana como contaminación, sobrepesca y tráfico marítimo.
«Para comprender y afrontar los efectos del cambio climático, es esencial monitorizar y conocer el océano porque lo que no se observa y no se conoce, no se puede gestionar. Es imprescindible observar, analizar y predecir para poder anticipar y actuar», concluye la investigadora.
Los expertos demandan que se haga un recorte de las emisiones contaminantes para frenar la degradación oceánica. Además, indican que es imprescindible monitorear estas anomalías de manera permanente con el fin de prever catástrofes climáticas y de diseñar estrategias de conservación que resulten eficaces y efectivas.



