Un estudio confirma que una «sustancia química eterna» que no se descompone está cubriendo la Tierra y pone en el punto de mira los productos para proteger la capa de ozono

Publicado el: 19 de mayo de 2026 a las 08:07
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Fábricas industriales expulsando gases contaminantes relacionados con químicos eternos y contaminación atmosférica.

La Tierra está acumulando una sustancia que no se ve, no huele y apenas aparece en la conversación pública. Se llama ácido trifluoroacético, más conocido como TFA, y un nuevo estudio advierte de que está cayendo sobre la superficie del planeta a través de la atmósfera. No es una escena de película. Es química ambiental, y bastante incómoda.

Lo más llamativo es el origen. Parte importante de este contaminante procede de gases que se introdujeron para sustituir a los antiguos CFC, aquellos compuestos que dañaban la capa de ozono. Es decir, una solución pensada para arreglar un problema ambiental ha terminado abriendo otro frente. Y eso obliga a mirar con más cuidado lo que usamos en refrigeración, aire acondicionado y otros sectores.



Qué han descubierto

El estudio, liderado por científicos de la Universidad de Lancaster, calcula que los sustitutos de los CFC y algunos anestésicos por inhalación han provocado la deposición de unas 335 500 toneladas de TFA entre 2000 y 2022. Es una cifra enorme para una sustancia tan persistente. No desaparece fácilmente una vez entra en el medio ambiente.

La investigación también muestra que la deposición global de TFA procedente de estas fuentes aumentó unas 3,5 veces. Pasó de 6,8 Gg al año en 2000 a 21,8 Gg al año en 2022. Un Gg equivale a 1000 toneladas, así que no hablamos de pequeñas trazas sin importancia.



Una solución con efecto secundario

Los CFC fueron retirados progresivamente porque dañaban la capa de ozono. En su lugar llegaron otros gases, como los HCFC y los HFC, usados durante años en refrigeradores, sistemas de climatización y procesos industriales. El problema aparece cuando estos compuestos se degradan en la atmósfera y forman TFA.

«Los sustitutos de los CFC son probablemente la principal fuente atmosférica de TFA», afirmó Lucy Hart, investigadora de la Universidad de Lancaster y autora principal del estudio. La frase resume muy bien el dilema. A veces una medida ambiental funciona en un frente, pero deja una factura pendiente en otro.

Por qué preocupa el TFA

El TFA pertenece al gran grupo de los PFAS, conocidos como «químicos eternos» porque se degradan muy lentamente. En la práctica, esto significa que pueden permanecer durante mucho tiempo en el agua, los suelos y los ecosistemas. Y cuando algo se queda tanto tiempo, cada año cuenta.

La Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas lo clasifica como perjudicial para la vida acuática, según recoge Lancaster. Además, autoridades alemanas han propuesto clasificarlo como tóxico para la reproducción, aunque insisten en que se trata de una clasificación de peligro y no de una prueba automática de riesgo real para la población. El matiz importa.

El Ártico ya lo registra

Una de las partes más inquietantes del estudio es el Ártico. Los investigadores señalan que los registros en núcleos de hielo muestran aumentos importantes de TFA desde la década de 1970, y el modelo concluye que los sustitutos de larga vida de los CFC explican prácticamente toda la tendencia observada allí.

¿Cómo llega hasta una zona tan remota? La atmósfera actúa como una cinta transportadora. Los gases pueden emitirse en una región, viajar durante años y degradarse lejos de su punto de origen. Por eso un problema industrial puede terminar escrito en el hielo de un lugar que parece intacto.

El agua es el punto débil

El TFA puede ser lavado desde las nubes por la lluvia o depositarse directamente desde el aire sobre la superficie. Desde ahí, acaba en ríos, lagos, mares o acuíferos. No es difícil imaginar el problema si pensamos en el agua como una despensa común. Si se contamina poco a poco, limpiarla después no es sencillo.

Las autoridades alemanas han señalado que el TFA es muy persistente y muy móvil. Eso significa que no se degrada con facilidad y que tampoco queda retenido siempre en sedimentos o filtros de carbón activado. Para retirarlo del agua potable puede hacer falta un esfuerzo técnico importante. Y eso se paga.

El papel del aire acondicionado

El estudio también apunta a los HFO, una nueva familia de refrigerantes presentada como alternativa más favorable para el clima frente a algunos HFC. En latitudes medias, los investigadores ven señales de que el HFO 1234yf, usado en sistemas de aire acondicionado de coches, está emergiendo como fuente de TFA.

¿Qué significa esto para alguien que conduce en verano con el aire puesto? No que su coche sea el único culpable. Significa que millones de pequeños usos, sumados durante años, pueden dejar una huella química que no se borra rápido. Ese es el punto delicado.

Europa ya ha movido ficha

La Unión Europea aprobó el Reglamento 2024/573 sobre gases fluorados, que empezó a aplicarse el 11 de marzo de 2024. La norma endurece la reducción de HFC y prevé eliminarlos en la UE en 2050, además de reforzar controles sobre emisiones, recuperación y destrucción de estos gases.

La Agencia Europea de Medio Ambiente señala que las emisiones de gases fluorados de la UE alcanzaron su máximo en 2014 y habían caído alrededor de un 38 % en 2023. Es una buena noticia climática. Pero la contaminación por TFA demuestra que reducir CO2 equivalente no siempre resuelve todos los impactos químicos asociados.

Lo que viene ahora

El estudio no pide entrar en pánico. Pide medir mejor. Los propios autores concluyen que hace falta aumentar el seguimiento del TFA, especialmente en agua y regiones donde todavía hay pocos datos. Sin vigilancia, una sustancia persistente puede convertirse en un problema silencioso durante décadas.

El profesor Ryan Hossaini lo resumió con una advertencia clara. «Esta fuente de TFA seguirá con nosotros durante décadas», señaló. En otras palabras, aunque se reduzca el uso de algunos gases, lo que ya está en la atmósfera no desaparece de un día para otro.

El estudio completo ha sido publicado en la revista científica Geophysical Research Letters.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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