Basura en Buenos Aires: Cómo lograr una ciudad más limpia

Debido a la gran cantidad de población que la habita (cerca de tres millones de personas), uno de los principales problemas en la ciudad de Buenos Aires es la basura que se genera. A diferencia de como sucede en otras capitales del mundo, todavía no existe un plan del todo eficiente para tratar los residuos, por lo que se arrojan a los rellenos sanitarios unas seis mil toneladas por día y unas dos millones al año.

Para lograr un cambio en este sentido, se deben implementar políticas a partir de las cuales se deje de considerar a la basura como tal para transformarla en recursos que sirvan de materia prima de nuevos productos, la generación de combustibles e incluso de energía. Esto requiere tanto de un compromiso de las autoridades como de la población en su conjunto, quienes con la separación y clasificación de residuos forman un pilar elemental en esta cadena de reciclaje.

En este post te contamos cuál es la situación de la ciudad, qué planes se desarrollaron en otros países y cómo cada uno de nosotros puede contribuir desde su hogar.

Como explicamos hace unos meses, a pesar que desde el gobierno de la ciudad se afirma estar trabajando para la reducción de los residuos, en el 2010 la cantidad depositada en rellenos sanitarios aumentó un 14 por ciento respecto del año anterior. Esto se traduce en mayor contaminación, con los problemas ambientales y de salud que ello conlleva.

De acuerdo a Clarín, un ejemplo claro de políticas efectivas de tratamientos de residuos se da en Estocolmo, Suecia, donde se recicla más del 98 por ciento de los desechos. Si bien hace unos años la situación era similar a la de Buenos Aires, gracias a la implementación de legislación pertinente y a la educación en la población, la “basura” pasó a ser materia prima de nuevos productos o utilizada biológicamente para producir compost y energía.

Basura electrónica, uno de los principales problemas de contaminación.

Más allá de las tecnologías y de la responsabilidad adjudicada a cada empresa para que se hagan cargo de sus desechos, el rol de los ciudadanos es fundamental a la hora de determinar el éxito del plan. En el caso de Estocolmo, la separación alcanza al 96 por ciento de los hogares, lo que se logró a partir de numerosas campañas de educación. En muchos casos las casas y departamentos tienen contenedores diferenciados, y hasta hay municipios en los que la gente separa en ocho categorías (cartones, plásticos, vidrios, textiles, electrónicos, etc.).

Si bien en una ciudad como Buenos Aires alcanzar un 98 por ciento de reciclaje parece una tarea difícil, no hay imposibles. Como primera medida resulta necesario una inversión y compromiso por parte de las autoridades para que el proceso pueda comenzar a implementarse: nuevas legislaciones, programas educativos, inversión en tecnología y desarrollo de un plan estratégico para lograr la recolección y el tratamiento de las potenciales materias primas.

Si bien en un principio las inversiones pueden parecer costosas, lo cierto es que una vez más resulta fundamental mirar a largo plazo y no sólo detenernos en lo inmediato: reutilizar productos y materiales genera menos gastos en los procesos de producción, a la vez que ahorra en recursos escasos como agua, energía y petróleo.

Esto se traduce en una reducción significativa de la contaminación en los procesos de elaboración y un menor número de basura y de emisión de gases de efecto invernadero que de ella se generan. En este sentido, los gastos se reducen y el daño al medio ambiente también, lo que se vuelve en una ecuación perfecta para el contexto actual, donde el impacto ambiental y social de los residuos sigue siendo una de las mayores preocupaciones en las grandes ciudades.

El rol de los ciudadanos, clave para el cambio

Cestos para reciclar en espacios públicos de la ciudad

Más allá de las políticas mencionadas, gran parte del trabajo depende de la cooperación de la población, donde resulta fundamental un cambio de hábitos que debe generarse en el mismo momento del consumo. Como te explicamos en varias oportunidades, comprometerse en la reducción de residuos comienza en la planificación de nuestras futuras compras, analizando qué es lo que realmente necesitamos y qué no. Además, a la hora de elegir entre determinados productos, siempre es mejor optar por la opción con menos packaging, con procesos de elaboración limpios y que puedan ser reutilizados o fácilmente reciclados.

En el post-consumo también se puede reducir considerablemente el impacto, atendiendo a procesos de separación a partir de los cuales los materiales se puedan volver a utilizar. Si bien la idea más fácil de hacerlo es dividiendo los residuos entre secos y húmedos, proceso al cual se suma cada vez más gente, existen más posibilidades de clasificación de acuerdo al origen del producto.

Como te contamos en nuestra guía sobre “Qué y cómo reciclar en Buenos Aires“, en la ciudad existen cooperativas y empresas dedicadas a recibir algunos materiales como papeles y cartones; plástico PET, vidrios y textiles; Tetra Pak; y electrónicos (computadoras, celulares, pilas, baterías, etc.); entre otros. Incluso los desechos orgánicos se pueden volver a utilizar, ya sea para compost y abonos en la tierra, como para producir energía: un caso muy interesante es el del aceite, que a través del Plan BIO es recolectado por cooperativas de la ciudad y luego se utiliza como materia prima para producir biodiesel.

Las posibilidades de reciclaje son infinitas y se trata de una opción demasiado amigable con el medio ambiente como para ser desaprovechada. La basura ya no es basura, y así lo pudieron entender varios países del mundo cuyos modelos de desarrollo se basan en esta política. Si bien es un proceso complejo, que depende del compromiso de varios sectores para lograr su éxito, resulta necesario apostar al cambio para un futuro más verde y sustentable.

http://www.tuverde.com/ – PNUMA

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