En 2013, tres amigos aficionados al surf pusieron en marcha en Chile un programa para recoger redes de pesca usadas y, con aquel plástico, empezaron a fabricar un monopatín. Su empresa, Bureo, declara hoy más de 17 millones de libras de redes recogidas para reciclar desde entonces, unos 7,7 millones de kilos.
Repartida entre sus 13 años de actividad, esa cifra sale a unas 590 toneladas al año, según un cálculo propio. Y el material, que empezó en tablas de skate, ha acabado en viseras de gorras, chaquetas, gafas de sol, quillas de surf y piezas de Jenga.
Un monopatín llamado Minnow fue el primer producto
Los fundadores son Ben Kneppers, David Stover y Kevin Ahearn. «En el fondo somos amantes del océano y surfistas», escriben en la web de la empresa, donde cuentan que crecieron en comunidades pesqueras del noreste de Estados Unidos.
Según ese mismo relato, el primer programa de recogida arrancó en Chile en 2013 y de él salió el Minnow, que presentan como la primera tabla de monopatín del mundo hecha con redes recicladas. Las tablas se enviaban desde su garaje, convertido en estudio, en Redondo Beach (California).
Las redes eran un quebradero de cabeza para las comunidades de pesca artesanal, que no tenían dónde llevarlas. «Sabemos que es una carga, y se la quitamos de encima», dijo Kneppers a Boston Magazine en 2015. «Por cada monopatín, evitamos que más de 30 pies cuadrados de redes de pesca lleguen al océano», añadió, es decir, unos 2,8 metros cuadrados.
El modelo cambió pronto. «Enseguida nos dimos cuenta de que la escala del problema de la contaminación por redes era mucho mayor de lo que podíamos resolver como una pequeña marca emergente», contó Stover a la Universidad Lehigh, donde estudió con Ahearn, en 2021.
A partir de ahí, Bureo pasó a vender a otras empresas una materia prima que Ahearn describió como «red de pesca 100 % reciclada y 100 % trazable». «Esto nos permitió escalar rápidamente nuestro impacto sobre el terreno», explicó.
Las redes perdidas siguen pescando durante años
Una red abandonada en el mar sigue atrapando animales aunque nadie vuelva a por las capturas, un fenómeno conocido como «pesca fantasma». La NOAA, la agencia estadounidense que estudia los océanos y la atmósfera, explica que estos aparejos matan peces, crustáceos, mamíferos marinos, tortugas y aves, dañan arrecifes de coral y praderas marinas y se enredan en timones y hélices.
Patagonia recoge en su web que los científicos calculan que más de 650.000 animales marinos mueren o sufren heridas graves cada año al quedar atrapados en aparejos de pesca. La ficha de Conservation International añade que una red abandonada puede seguir pescando hasta diez años y que estos materiales sintéticos persisten hasta 600 años mientras se degradan en microplásticos.
«El problema aquí no son los pescadores, sino la falta de infraestructuras disponibles para cuando las redes llegan al final de su vida útil», resume esa organización. Bureo lo plantea de forma parecida: «Las comunidades pesqueras con las que trabajamos no son el problema, son parte de la solución».
Los pescadores cobran o donan sus redes gastadas
El sistema funciona con incentivos. «Los pescadores con bajos ingresos reciben un pago directo por sus redes, mientras que las redes de las pesquerías comerciales se donan», detalla la empresa, que hoy dice recoger en 21 comunidades de seis países: Chile, Perú, Argentina, Ecuador, México y Japón.
En Chile, la red pasa por la planta de Talcahuano, cerca de Concepción. Christopher «Caco» Clemo, responsable de Bureo en el país, contó en un relato publicado por Patagonia en 2022 que allí se procesaban unas 800 toneladas de redes al año.
«Si me hubieras dicho hace ocho años que iba a dirigir una planta y un almacén donde, en cualquier momento, trabajan entre 15 y 20 personas procesando redes de pesca viejas para convertirlas en un material con el que se puede hacer de todo, desde ropa hasta monopatines, no sé si me lo habría creído», dijo Clemo. Según su relato, los pescadores empezaron a acudir por su cuenta a entregar las redes porque un océano más limpio es mejor para su sustento y para sus familias.
La red triturada se convierte en nailon NetPlus
En las instalaciones de Bureo las redes se clasifican, se limpian, se trituran y se embalan antes de viajar a las plantas de reciclaje. Allí se someten a una despolimerización, un tipo de reciclaje químico que rompe el plástico en sus piezas básicas y permite rehacerlo como gránulos de nailon nuevos.

Esos gránulos, que la empresa comercializa como NetPlus, se transforman en hilos con los que se tejen telas técnicas. Bureo asegura que sigue cada red desde su origen hasta el reciclaje, de modo que las marcas pueden comprobar que el material es red de pesca usada.
Patagonia y Costa llevan las redes a la ropa
Patagonia apoya a Bureo desde 2014 a través de Tin Shed Ventures, su fondo de capital riesgo. La marca explica que NetPlus se usa en sus viseras de gorras y chaquetas, y también en gafas de Costa, quillas de surf de Futures e incluso en juegos de Jenga.
Las viseras fueron relativamente sencillas, reconoce Patagonia, pero para las prendas tuvo que trabajar con sus proveedores hasta transformar químicamente el plástico de las redes en un hilo de calidad. Desde que empezó a usar NetPlus en 2020 ha contribuido a desviar más de 2000 toneladas de redes, y esta temporada de primavera de 2026 prevé tejer más de 250 toneladas en sus productos.
Costa, que trabaja con Bureo desde hace más de siete años, amplió en septiembre de 2026 su colección Untangled a ropa y accesorios. «Para Bureo no se trata solo de hacer otro producto, sino de mostrar a los consumidores y a la industria lo que es posible cuando las marcas se comprometen a hacerlo mejor», dijo Ahearn, hoy director de tecnología de la empresa, a Vision Monday.
Según ese mismo medio, Costa cifra en más de 3,9 toneladas las redes reutilizadas en sus productos Untangled desde que empezó la colaboración.
En Japón los pescadores clasifican sus propias redes
El programa llegó a Japón en 2023 de la mano de Ellange, una empresa de Chiba creada en 2021. Toyota Tsusho explicó entonces que las redes se limpian y clasifican en Japón con un control estricto de trazabilidad y se reciclan después en el extranjero.
En marzo de 2026, la compañía japonesa detalló que los profesionales de la pesca participan en la clasificación y en los controles de calidad, mientras ella aporta inversión y busca canales de venta para NetPlus. El proyecto le valió el premio del presidente de Keidanren, la gran patronal japonesa, en la 34.ª edición del Gran Premio del Medio Ambiente Global.
Lo que las cifras de Bureo no cuentan
Los 17 millones de libras son redes recogidas en tierra para reciclar al final de su vida útil, no redes fantasma rescatadas del fondo marino. Es un enfoque preventivo, pensado para que el material no llegue al mar.
La ficha de Conservation International hablaba de más de 7,2 millones de libras recogidas en 62 pesquerías y comunidades pesqueras y de material incorporado a más de 13 millones de productos. Ese recuento de artículos no permite saber cuánto plástico reciclado lleva cada uno, y una gorra con visera de NetPlus no tiene por qué estar hecha entera con redes, así que conviene mirar la etiqueta.
Los planes tampoco son resultados. CI Ventures, el brazo inversor de Conservation International, destinó 500.000 dólares a replicar el programa en Perú, Ecuador y México, con la meta de pasar de 800 a 4000 toneladas anuales en 2026 y llegar a más de 100 comunidades pesqueras. En las páginas de Bureo consultadas no aparece un dato anual que confirme que se haya alcanzado, y 4000 toneladas serían cinco veces las 800 de partida y casi siete veces su media anual desde 2013.
Kneppers resumió en 2015 la forma de crecer de la empresa. «Nuestro modelo siempre ha sido “poco a poco”», dijo entonces. «Demostramos un paso y luego construimos sobre él y aprendemos de él para ver cómo podemos hacerlo mejor».
Las cifras de recogida proceden de la web de Bureo, consultada en octubre de 2026, y los detalles de Japón, del comunicado oficial de Toyota Tsusho del 4 de marzo de 2026.
Imagen: Bureo












