Eco América

La desigualdad climática en São Paulo se mide en grados: solo una avenida separa barrios con hasta 15 °C de diferencia

Las favelas de Brasil son uno de los sitios con mayor densidad poblacional. En São Paulo, al lado de la segunda más grande, está uno de los barrios más lujosos. Solo con cruzar una avenida se pasa de 30 a 45 ºC. Las organizaciones denuncian racismo ambiental y piden soluciones.

La desigualdad climática en São Paulo se mide en grados: solo una avenida separa barrios con hasta 15 °C de diferencia

¿Sabías que la desigualdad climática en São Paulo es tan grande que solo con cruzar una calle se puede tener que soportar un salto térmico de 15 grados? La disparidad ambiental que existe entre las clases sociales de la ciudad se ha convertido en un muro tan invisible como asfixiante.

Mientras Morumbi disfruta de espacios arbolados con tardes frescas de 30 °C, en la vecina Paraisópolis, que es una favela que colinda con el lujoso barrio, la superficie de las calles puede alcanzar los 45 °C. Detrás de este infierno humano están el hacinamiento, el exceso de hormigón y la falta de vegetación.

Esta crisis evidencia que el racismo ambiental existe y castiga a 1,72 millones de personas que viven en zonas desprovistas de agua potable e infraestructuras básicas. Muchas familias habitan en viviendas sin ventilación adecuada ni electricidad.

Frente a esta situación de manifiesta injusticia, los colectivos sociales y los expertos exigen que se brinde a estos espacios apoyo técnico arquitectónico que les permita adaptar las viviendas populares a la realidad del cambio climático.

Desigualdad climática en São Paulo: una asfixiante

Morumbi es uno de los barrios más ricos de São Paulo y en 2020 los vecinos le pidieron a la Alcaldía que colocase un muro para separar Paraisópolis, que es la segunda favela en tamaño de la ciudad, de un parque público que se estaba construyendo.

Si bien este muro no se ha concretado nunca, las imágenes satelitales evidencian que ya existe una separación muy clara entre un barrio y otro y que, tras la frontera, la realidad es muy cruel porque la diferencia de temperaturas puede alcanzar los 15 ºC.

Morumbi cuenta con calles arboladas bajo las que durante el verano se disfruta de paseos con una agradable temperatura de 390º, mientras que las 58.000 personas que viven en la favela justo al otro lado de la avenida pueden tener que sufrir hasta 45ºC.

Densidad poblacional, precariedad y cambio climático

El Centro de Estudios de la Favela (Cefavela) ha investigado el tema y explica que esta no es una disparidad que se debe al azar, sino que, en São Paulo, hay 1.359 favelas que ocupan solo un 4 % de territorio, pero albergan un número desmesurado de habitantes: 1.72 millones.

Uno de los técnicos que participó en el estudio señala que las personas que viven en las favelas lo hacen casi en ‘hornos’ porque sus casas no tienen prácticamente ventilación y los materiales de los que están fabricadas no son aislantes (metal, fibrocemento, etc.). A ello se le suma la falta de saneamiento y a veces de agua potable y electricidad, cuando no la dependencia de conexiones clandestinas y peligrosas.

Esta gente vive de forma tan precaria que no puede recurrir a un ventilador, ni siquiera darse una ducha, porque para las zonas de la periferia no se hacen inversiones en infraestructuras y la gestión de los riesgos relacionados con el calentamiento global es nula, por lo que cuando hay deslaves, olas de calor o inundaciones, quienes viven en las favelas están completamente desprotegidos.

El racismo ambiental existe

Por eso muchos organismos como la Red de Adaptación Antirracista destacan la existencia de un fenómeno que el cambio climático está agravando y que es el racismo ambiental. Las favelas son un buen ejemplo de que el calor extremo hace que la desigualdad entre los habitantes de una misma ciudad sea tan profunda como injusta.

Cuando se habla de desigualdad climática en São Paulo hay que reconocer que hay ‘zonas de sacrificio’, que se ubican en la periferia y a las que se les presta muchísima menos atención que a los barrios ricos. La evidencia es que en Morumbi hay árboles en las calles y en las favelas no tienen ni la infraestructura sanitaria y eléctrica más básica, mucho menos un árbol.

Es momento de buscar soluciones

Lo peor es que ahora se dice que esos terrenos no deberían haber sido ocupados, pero la advertencia llega 40 años tarde, cuando ya se ha permitido que los habitantes levanten sus casas con concreto y lo que tuviesen al alcance de la mano.

Ahora es cuestión de buscar soluciones resilientes y eso solo pueden hacerlo las autoridades. Es posible lograrlo, pero hace falta voluntad para invertir de forma integral en estos territorios tan vulnerables, además de una cuidadosa planificación.

Desde 2008 existe una ley que es la de Asistencia Técnica para Viviendas de Interés Social. La misma busca que las familias de bajos recursos puedan contar con toda la ayuda técnica necesaria para poder lograr que sus viviendas estén regularizadas y cumplan con las normativas.

La desigualdad climática en São Paulo puede mitigarse: unas ventanas estratégicamente ubicadas, la colocación de aislamiento térmico adecuado, los techos verdes son algunas de las acciones que podrían llevarse a cabo y que harían la diferencia para muchísimas familias, que hoy sufren los embates del calentamiento global hacinadas en habitáculos miserables y sin servicios.

Temas

Relacionados