En unas charcas de bosque del sur de Amapá, en el norte de Brasil, un equipo de ictiólogos recogió unos peces de menos de 3 centímetros sin contar la cola, con los costados salpicados de puntos naranjas. Era una nueva especie de pez, que ahora se llama Laimosemion laranja, y sus descubridores ya piden que se catalogue como especie en peligro.
El estudio lo firma como primer autor Yuri Gomes Abrantes, doctorando del Laboratorio de Ictiología Sistemática y Evolutiva de la Universidad Federal de Rio Grande do Norte (UFRN), junto a investigadores del Instituto Peixe das Nuvens, la Universidad Federal de Pará y la Universidad de West Florida, en Estados Unidos.
La especie solo se conoce en tres puntos de Laranjal do Jari, en la cuenca del río Cajari, un afluente del Amazonas, y los tres están alterados por la deforestación, la minería o la ciudad.
Un colorido que no se parecía a nada de la zona
«Estamos desarrollando un proyecto de investigación para estudiar la evolución de las estrategias de vida de los peces de agua dulce de la familia Rivulidae en distintos biomas de Brasil», explicó Abrantes en la nota de prensa de la editorial Pensoft, publicada el 22 de septiembre de 2026.
«Durante nuestros muestreos en pequeños ríos que allí llaman igarapés, en la región del río Cajari, encontramos este pez con una coloración muy llamativa, que nos llamó la atención de inmediato», añadió.
La sorpresa fue inmediata. «Fue un momento inesperado. Al principio, lo que más nos llamó la atención fue la impresionante coloración de machos y hembras, distinta de todo lo que habíamos encontrado antes en la zona de estudio. Eso despertó nuestra admiración y mucha curiosidad», recordó Abrantes en la misma nota.
Recogieron los primeros peces en marzo de 2024 y volvieron en junio de 2025 a por más, hasta reunir 30. El holotipo, el ejemplar de referencia de la especie, es un macho de 26,8 milímetros de longitud estándar, que se mide sin la aleta de la cola.
Los machos tienen el flanco gris claro, de cuatro a cinco filas de puntos naranjas en la mitad delantera y de cinco a seis barras naranjas en forma de V hacia la cola. Las hembras son más pequeñas y discretas, con filas irregulares de manchas naranjas y aletas verdosas o amarillentas.

Ocho escamas y un 5,3 % de diferencia genética
Para separarla de sus parientes, el equipo contó escamas, radios de las aletas y vértebras, y tiñó dos ejemplares para estudiar sus huesos.
Laimosemion laranja tiene ocho escamas en la serie transversal, la fila que va del lomo al vientre. Sus seis parientes del llamado grupo L. geayi tienen siete, nueve o hasta once. También tiene 28 vértebras, frente a las 30 o 31 de L. strigatus.
Además secuenciaron un fragmento del gen mitocondrial cox1, que sirve de código de barras para distinguir especies. La nueva especie se separa un 5,3 % de sus parientes más cercanos, L. agilae y L. strigatus, un 9,2 % de L. dibaphus y un 12,3 % de L. geayi.
Un nombre para el pez y para la ciudad
En portugués, laranja significa a la vez el color naranja y la fruta. El nombre recuerda el colorido de los machos y rinde homenaje a Laranjal do Jari, el municipio fundado en 1987 donde vive la especie.
«Queríamos elegir un nombre que destacara una característica del pez y que, al mismo tiempo, creara un vínculo con la gente de la región donde se descubrió», explicó el investigador.
Tres charcas rodeadas de minería y plásticos
El pez vive en charcas junto a los arroyos, con vegetación flotante, agua clara y entre medio metro y un metro de profundidad.
El primer punto está en el límite de la Reserva Extractivista del Río Cajari, creada en 1990. Aunque queda a pocos metros del espacio protegido, el hábitat «mostraba señales de deforestación, incluidos árboles quemados», escriben los autores. Los vecinos identificaron algunas charcas como restos de la minería, con mucho sedimento en suspensión y un color rojizo intenso.

La localidad tipo, donde se recogió el holotipo, está unos 24 kilómetros al sur, a 180 metros de la subestación eléctrica de Laranjal do Jari. El tercer punto es un arroyo con bosque dentro de la propia ciudad, donde la urbanización está acabando con el hábitat y llenando de plástico los humedales.
«Nuestro estudio de campo indicó que los hábitats de varias de estas especies están expuestos actualmente a impactos humanos asociados a la expansión urbana, las actividades agrícolas y la minería», escriben los autores sobre los rivúlidos de Amapá.
El estudio recuerda que la contaminación por mercurio de los ecosistemas acuáticos «se ha documentado en distintas regiones de Amapá, incluidas zonas legalmente protegidas», la misma amenaza que ha llevado a científicos de la región a alertar sobre el mercurio de la minería ilegal en la Amazonia.
Por qué proponen la categoría en peligro
Con las coordenadas de los tres puntos, el equipo calculó que toda el área de distribución conocida ocupa unos 25 kilómetros cuadrados, con un área de ocupación de 12. Para la categoría En Peligro, el criterio B de la Lista Roja de la UICN pide, entre otras condiciones, un área de ocupación de menos de 500 kilómetros cuadrados, cinco localidades como máximo y un deterioro continuo del hábitat.
Por eso los autores concluyen que la especie «debería clasificarse como En Peligro», y piden más muestreos dentro y alrededor de la reserva y ampliar sus límites para que incluya la localidad vecina.
Los autores recuerdan que los peces pequeños de las zonas que se inundan por temporadas «a menudo están poco muestreados», y sin ese inventario es difícil calcular el riesgo de extinción de los peces de agua dulce.
Una familia que puede esperar la lluvia como embrión
Los rivúlidos, que los acuaristas llaman killis, están entre los diez grupos más diversos de peces de agua dulce de América tropical. En las especies anuales, los adultos mueren con la sequía y los huevos esperan enterrados en el barro, con el desarrollo en pausa (diapausa), hasta que vuelve la lluvia.
«Laimosemion representa uno de los cinco orígenes independientes del ciclo de vida anual dentro de la familia Rivulidae», explicó Abrantes. «Laimosemion laranja es especialmente interesante porque amplía nuestro conocimiento de la diversidad y la evolución de este grupo en la región».
El género reúne 35 especies, todas endémicas de la selva amazónica, y con la nueva ya son seis los rivúlidos de agua dulce conocidos en el estado de Amapá.
Lo que el estudio todavía no sabe
Nadie ha comprobado aún si L. laranja es anual. En el género Laimosemion conviven linajes con las dos estrategias, con la pausa del embrión y sin ella, así que falta estudiarlo.
El árbol de parentescos se apoya en un solo gen y le faltan dos especies del grupo, L. mabura y L. cladophorus, de las que no había muestras. Los autores admiten que, al incluirlas, las relaciones «podrían cambiar», y que la falta de datos genéticos en el este del Escudo Guayanés «puede estar ocultando la presencia de especies no descritas».
Tampoco se sabe si el pez vive más allá de esos tres puntos, y la categoría En Peligro es por ahora una recomendación de los autores que la UICN tendrá que evaluar.
El estudio completo se ha publicado en Zoosystematics and Evolution.
«Fue algo especial, porque vimos una oportunidad de contribuir a aumentar el conocimiento sobre la biodiversidad amazónica y de llamar la atención sobre la conservación de zonas que todavía están poco exploradas pero muy amenazadas», resumió Abrantes en la nota de Pensoft.
Foto: Yuri Abrantes / Zoosystematics and Evolution (CC BY 4.0)












