Suena cruel pero los biólogos están liberando zarigüeyas para usarlas como ‘arma letal’ contra las pitones birmanas de 4 metros

Publicado el: 6 de junio de 2026 a las 15:28
Síguenos
Biólogos colocan un collar de rastreo a una zarigüeya para localizar pitones birmanas invasoras en Florida

Florida ha encontrado un aliado inesperado en su lucha contra una de las especies invasoras más difíciles de controlar en Estados Unidos. No es una máquina, ni un dron, ni un perro rastreador. Son zarigüeyas con collares de seguimiento que, sin saberlo, están ayudando a localizar pitones birmanas escondidas en zonas donde los humanos apenas pueden entrar.

La idea nació casi por accidente. Un estudio sobre pequeños mamíferos acabó mostrando algo inquietante, pero útil para los biólogos. Las pitones se comían a las zarigüeyas marcadas, los collares seguían emitiendo señal desde el vientre de la serpiente y los equipos podían llegar hasta ejemplares grandes, justo los que más interesan retirar del ecosistema. No es una solución bonita. Pero en los Everglades, el margen de maniobra es cada vez más estrecho.



Un accidente que cambió el plan

En 2022, los biólogos Michael Cove, del Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte, y A.J. Sanjar viajaron a Florida para estudiar los hábitos de las zarigüeyas mediante collares de rastreo. El problema apareció enseguida. Las pitones birmanas empezaron a comerse a varios de los animales marcados y cada collar perdido costaba entonces unos 1500 dólares.

Aquello parecía el final del estudio, pero abrió otra puerta. Si el collar seguía emitiendo desde el interior de una pitón, también podía guiar a los biólogos hasta la serpiente. A partir de ahí, el equipo empezó a mejorar el sistema con dispositivos mucho más baratos, de unos 190 dólares, pensados para trabajar en el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Crocodile Lake, en Key Largo.



Cómo funciona el rastreo

El método es sencillo de explicar, aunque sobre el terreno no lo es tanto. Los investigadores capturan zarigüeyas, seleccionan animales de unas 3 libras o más (alrededor de 1,4 kilos), les colocan un collar VHF y las devuelven al mismo lugar donde fueron atrapadas. Así mantienen su territorio y siguen buscando comida como antes.

El collar no necesita mostrar cada movimiento en tiempo real. Basta con que avise si el animal deja de moverse durante seis horas. Si una pitón se lo come, el dispositivo queda dentro de la serpiente y los biólogos pueden seguir la señal hasta encontrarla y sacrificarla de forma autorizada. En la práctica, las zarigüeyas están mostrando dónde se esconden las pitones. Y eso no es poca cosa.

Por qué preocupa tanto

La pitón birmana no pertenece a Florida. Llegó por el comercio de mascotas exóticas y terminó estableciendo una población reproductora en el sur del estado. El Servicio de Parques Nacionales explica que estos reptiles se asentaron en los Everglades por escapes o liberaciones de animales cautivos, y que son muy difíciles de detectar por su coloración y comportamiento.

El impacto se nota en la fauna nativa. El Servicio Geológico de Estados Unidos señala que las pitones compiten por alimento con aves, mamíferos y reptiles, y que sus poblaciones están ligadas a fuertes descensos de mamíferos en el Parque Nacional de los Everglades. Un estudio citado por el USGS encontró caídas del 99,3 % en mapaches, del 98,9 % en zarigüeyas y del 87,5 % en linces desde 1997.

Serpientes grandes y reproductoras

La clave de este sistema no es capturar cualquier pitón, sino llegar a las grandes. Según la información recogida por South Florida Sun Sentinel y CBS12, todas las serpientes localizadas mediante collares de mamíferos superaban los 8 pies de longitud (unos 2,4 metros), y la mayor se acercaba a los 13 pies (casi 4 metros). Jeremy Dixon, responsable del refugio, resumió el problema con una frase clara: «Todas son pitones reproductivamente viables».

El resultado ya tiene cifras. En dos veranos y algunos meses adicionales, este método ha permitido retirar 18 pitones grandes en Key Largo. Muchas eran hembras que, de no haber sido capturadas, habrían podido poner entre 30 y 60 huevos en primavera, según los responsables del proyecto.

Una batalla muy difícil

Florida lleva años probando herramientas distintas contra esta invasión. Hay contratistas especializados, concursos de captura, serpientes «exploradoras» con transmisores y hasta señuelos robóticos en forma de conejo. Aun así, el problema sigue ahí porque las pitones se mueven por humedales, cuevas, manglares y antiguos refugios donde casi nadie puede buscarlas con facilidad.

La Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de Florida informó en mayo de 2026 de que más de 27 000 pitones birmanas han sido retiradas del medio natural desde el año 2000. También recuerda que una hembra puede poner de 50 a más de 100 huevos, lo que explica por qué cada ejemplar adulto retirado cuenta más de lo que parece.

El dilema de las zarigüeyas

La parte incómoda es evidente. ¿Se están usando animales vivos como cebo? Los responsables del refugio lo niegan. Dixon explicó que no están poniendo a las zarigüeyas en peligro, sino documentando un peligro que ya existe en su hábitat. Es una diferencia importante, aunque no elimina del todo el debate ético.

El matiz está en cómo se aplica. Las zarigüeyas son capturadas, marcadas y devueltas a su zona habitual. No se las deja en un punto nuevo para atraer serpientes. Aun así, el método deja una pregunta difícil sobre la mesa. ¿Hasta dónde se puede llegar para frenar una invasión que también está acabando con especies nativas?

Lo que viene ahora

Por ahora, el sistema se está probando como una herramienta más, no como una solución única. Sanjar y Cove aspiran a aumentar el número de zarigüeyas marcadas durante el pico del verano, cuando las pitones se alimentan más antes de la temporada reproductiva de finales de otoño. En ese momento, cada señal puede marcar la diferencia entre dejar una hembra reproductora en el bosque o retirarla a tiempo.

La gran lección es sencilla. En una invasión biológica avanzada, la detección puede ser tan importante como la captura. Las pitones no han desaparecido de Florida, y los expertos no esperan una erradicación fácil. Pero si unas pequeñas zarigüeyas pueden revelar los escondites de serpientes que nadie ve, Florida acaba de ganar una herramienta extra en una guerra ecológica larga y muy desigual.

La nota informativa sobre el experimento ha sido publicada por el Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte.

Imagen autor

ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

Deja un comentario