En septiembre de 2017, durante una inspección rutinaria bajo Whitechapel, en el este de Londres, los operarios de Thames Water encontraron una masa de grasa y toallitas de unas 130 toneladas que taponaba 250 metros de alcantarilla. Una parte de aquel bloque acabó convertida en biodiésel, un combustible que puede usarse en el transporte, en una planta del noroeste de Inglaterra.
Ocho años después, el problema ha vuelto al mismo barrio. El 22 de diciembre de 2025, la compañía anunció que había descubierto otro «fatberg» en Whitechapel, de unos 100 metros y unas 100 toneladas, al que bautizó como «el nieto» del de 2017.
Un tapón de grasa y toallitas que pesaba como once autobuses
Un fatberg, o iceberg de grasa, es una acumulación de aceites, grasas y residuos que no se degradan y que acaban pegándose en el alcantarillado. Según el London Museum, las toallitas húmedas formaron la estructura principal del de Whitechapel, y el museo calcula que pesaba lo mismo que 11 autobuses de dos pisos. Con ese armazón, la grasa que llega por el fregadero se solidifica y frena el paso de las aguas residuales.
«Este fatberg está entre los más grandes que hemos visto nunca. Es un auténtico monstruo y retirarlo exige mucha mano de obra y maquinaria, porque se ha endurecido», dijo en septiembre de 2017 Matt Rimmer, jefe de redes de saneamiento de Thames Water, que comparó el trabajo con intentar «romper hormigón».
La masa bloqueaba una alcantarilla victoriana de 1,2 metros de alto por 0,7 de ancho, según publicó entonces The Construction Index. Un equipo de ocho operarios la fue rompiendo con chorros de agua a alta presión y la aspiraba con camiones cisterna, a un ritmo de entre 20 y 30 toneladas por turno. Rimmer insistió en que la situación era «totalmente evitable» y la atribuyó a las grasas y los aceites que se tiran por el fregadero y a las toallitas que se tiran por el váter.
La retirada completa llevó nueve semanas: Thames Water dio por terminada la operación el 3 de noviembre de 2017.

Unas 50 toneladas para la planta de Argent Energy
En lugar de mandar todo el tapón al vertedero, Thames Water entregó una parte a Argent Energy, una empresa que fabrica biodiésel a partir de grasas residuales. «Puede que sea un monstruo, pero el fatberg de Whitechapel merece una segunda oportunidad», dijo Alex Saunders, responsable de la red de saneamiento de la compañía, que habló de transformar «una masa malvada, nauseabunda y rancia en combustible verde puro».
Saunders explicó que hasta entonces había dos salidas para estos tapones. «O sacábamos el fatberg de las tuberías y lo mandábamos al vertedero, o lo deshacíamos y lo devolvíamos al proceso de depuración», dijo, y añadió que, aunque son «nuestro peor enemigo», devolverlos a la vida en forma de biodiésel era «una solución mucho mejor para todos».
El anuncio preveía obtener alrededor de 10.000 litros de combustible. Según The Chemical Engineer, la revista de la Institution of Chemical Engineers, Argent iba a procesar unas 50 toneladas de la masa en su nueva planta de Ellesmere Port, que en septiembre de 2017 todavía estaba en fase de puesta en marcha.
Una grasa rancia que exige un proceso más duro
El material de una alcantarilla está muy lejos de un aceite limpio. «Tenemos una gran zona de recepción, donde todo el material va a parar a lo que básicamente es un gran foso con varios coladores», contó a esa revista Dickon Posnett, director de asuntos corporativos de Argent. Después, explicó, pasa por más filtros, por procesos para quitarle el agua y por una nueva filtración antes de la reacción química.
La dificultad está en los ácidos grasos libres, que aparecen cuando la grasa se degrada. Posnett dijo que Argent puede trabajar con un contenido de hasta el 100 %, mientras que pocas plantas manejan con facilidad más del 20 %. «Una planta de biodiésel que trabaja con un aceite limpio, como el de colza o el de palma, usaría solo un proceso de esterificación, pero eso no funciona con residuos», explicó.
Por eso la empresa hace una esterificación previa y luego varias transesterificaciones, la reacción que convierte las grasas en ésteres, que son el biodiésel. El proceso termina con una doble destilación. «Esto ayuda a eliminar las impurezas, o subproductos, de modo que lo que queda es un combustible muy puro, con un alto contenido en ésteres», dijo Posnett.
El propio directivo admitió que el negocio no estaba claro. «Es una cadena de suministro nueva: no existe una cadena de suministro de fatbergs para biodiésel», dijo. «¿Va a dar dinero? Probablemente no. Pero es otra fuente de residuos que puede acabar en biocombustible»
Mezclas B20 y B30 en los autobuses de Metroline
El vínculo con los autobuses de Londres pasa por el operador Metroline. Argent explicó en una publicación de diciembre de 2021 que suministraba combustible a Metroline desde 2015 y que sus autobuses usaban la mezcla B20 y, más tarde, también la B30. Esas siglas indican un 20 % y un 30 % de biodiésel en el gasóleo.
Argent fabrica su combustible también con aceite de cocina usado y otras grasas residuales, así que no se puede atribuir al fatberg de Whitechapel todo el combustible que llegó a esos autobuses. Las alcantarillas eran una fuente de materia prima más entre varias.
Menos gasóleo fósil, pero no cero emisiones
Para medir el beneficio climático del biodiésel hay que contar todo su recorrido, desde que se recoge la materia prima hasta que se quema en el motor, lo que se conoce como análisis del ciclo de vida. Con ese método, el Departamento de Energía de Estados Unidos recoge que las emisiones del biodiésel puro, el B100, son un 74 % menores que las del gasóleo, según un análisis del Laboratorio Nacional Argonne.
Esa cifra se refiere al combustible puro y no a mezclas como la B20, y los motores siguen teniendo que cumplir los mismos límites en el tubo de escape. Un autobús que quema biodiésel contamina menos en el conjunto del ciclo, pero no es un vehículo sin emisiones.
Otro fatberg de 100 toneladas en diciembre de 2025
«Este último fatberg muestra exactamente lo que ocurre cuando las grasas, los aceites y las toallitas acaban en nuestros desagües: no desaparecen, se acumulan y causan graves daños», dijo Tim Davies, jefe de operaciones de saneamiento del norte de Londres en Thames Water, al anunciar el nuevo hallazgo.
Según la compañía, las grasas y los aceites causan más de 20.000 atascos al año en su red, el 28 % del total, y despejar los de diciembre y enero le cuesta unos 2,1 millones de libras. Si se hacen las cuentas con esas cifras, la red sumaría unos 71.000 atascos anuales, y el nuevo tapón concentra alrededor de una tonelada por metro, frente a unas 0,52 toneladas en el de 2017.
Una encuesta encargada por la empresa a 2501 adultos de Londres y de otros cinco condados del sur de Inglaterra halló que más del 40 % había tirado por el fregadero los jugos de la carne, y un 39 %, la salsa de carne. «Ahora que se ha descubierto este fatberg, daremos prioridad a su extracción, que podría tardar semanas en completarse», añadió Davies.
Lo que esta historia no demuestra
Los 10.000 litros eran una previsión y no una medición del combustible que salió al final. El London Museum, que conserva un fragmento del fatberg, escribe que «la mayor parte fue destruida» y que solo una parte se convirtió en biodiésel, así que las 130 toneladas eran el peso de toda la masa y no el del combustible.
El fragmento que se quedó en Londres tuvo su propia historia, porque el London Museum fue el primero del mundo en conservar y exponer un fatberg. «El fatberg de Whitechapel será uno de los objetos más fascinantes y repugnantes que hemos expuesto nunca», dijo Vyki Sparkes, conservadora de historia social y laboral del museo, antes de exhibirlo en 2018. Dentro de su vitrina sellada, según el museo, creció moho y nacieron moscas.
Sobre el tapón de 2025 hay menos información, ya que el comunicado no dijo que fuera a convertirse en biodiésel y en las fuentes consultadas no consta cómo terminó su extracción ni qué se hizo con el material.
El aceite usado, al contenedor y no al fregadero
Thames Water recomienda dejar enfriar el aceite usado, recogerlo en un recipiente y no tirar por el fregadero grasas, salsas ni natillas. En España, el sistema depende del ayuntamiento: Madrid, por ejemplo, tiene contenedores específicos y puntos limpios, y recuerda que ese aceite separado puede servir para fabricar biocombustibles.
En el baño, la compañía pide tirar por el váter solo pis, caca y papel higiénico, y llevar las toallitas a la papelera. El comunicado oficial sobre el nuevo fatberg de Whitechapel se publicó el 22 de diciembre de 2025 en la web de Thames Water.
Imagen: Thames Water













