La NASA perfora 35 metros en la superficie de Marte y descubre la historia oculta del planeta: un hallazgo estremecedor que reescribe la historia

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Publicado el: 31 de marzo de 2026 a las 21:48
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rover Perseverance de la NASA en Marte explorando el cráter Jezero donde se ha detectado un delta enterrado.

Marte parece hoy un desierto inmenso, rojo y silencioso. Pero bajo esa costra de polvo, el rover Perseverance acaba de encontrar una pista que cambia el guion y lo hace a lo grande, un delta de río enterrado que llevaba ahí miles de millones de años.

El hallazgo sugiere que en el cráter Jezero hubo agua circulando y depositando sedimentos durante más tiempo del que pensábamos. Los investigadores sitúan esas estructuras entre 3.700 y 4.200 millones de años, una ventana temprana que vuelve a poner el foco en un Marte mucho más húmedo y, en buena parte, más «vivo» geológicamente.

No es un taladro, es un radar

Cuando se habla de «35 metros» conviene aclararlo. Perseverance no ha perforado como una obra en la calle, sino que ha usado RIMFAX, un radar de penetración que envía pulsos al subsuelo y escucha los ecos que vuelven.

El equipo ha ido montando una especie de escáner en 3D con cada desplazamiento del rover. En esta campaña, el radar alcanzó más de 35 metros y los perfiles se obtuvieron en decenas de recorridos entre septiembre de 2023 y febrero de 2024. Según Reuters, ese «mapa» se ha construido a lo largo de unos 6,1 kilómetros de ruta en Jezero.

Lo práctico es fácil de imaginar. Es como hacer una radiografía del terreno mientras avanzas, sin levantar ni un solo adoquín. Y así, sin mover un gramo de tierra, aparecen las capas.

Un delta más viejo que el paisaje que vemos

Jezero ya era famoso por su delta visible desde órbita, una de las razones para elegir este cráter (de unos 45 kilómetros de diámetro) como lugar de aterrizaje. Pero el radar ha mostrado algo todavía más llamativo, geometrías internas típicas de un delta enterrado, con capas inclinadas que se forman cuando un río entra en un lago y va dejando arena y lodo.

En algunos tramos, ese «archivo» aparece a unos 24 metros bajo la superficie, y en conjunto las observaciones alcanzan profundidades de hasta unos 35 metros. Los autores sitúan la formación de estas estructuras entre 3,7 y 4,2 miles de millones de años, por lo que serían anteriores al delta occidental que se ve hoy en la superficie.

Además, el patrón no es una sola capa bonita. Los perfiles sugieren episodios de depósito y, más tarde, erosión y superposición de materiales más jóvenes. Es una historia con capítulos.

Carbonatos, CO2 y una pista que se conserva bien

El trabajo se centra en una zona llamada «Margin unit», conocida por ser rica en carbonatos, en especial carbonatos de magnesio. En la Tierra, estos minerales suelen formarse en entornos acuosos relativamente estables, como fondos de lagos o mares someros, y por eso sirven como testigos de la química del agua.

Hay un detalle que conecta con algo muy actual. Los carbonatos son una forma natural de almacenar CO2 en roca, como cuando el carbono acaba «atrapado» en calizas durante millones de años. En Marte, entender por qué hay tantos carbonatos ayuda a reconstruir cómo fue su clima y cómo pudo perder su antigua humedad.

Y, para la búsqueda de vida pasada, también tienen buena fama. Estos minerales pueden proteger compuestos orgánicos del desgaste químico y de la radiación, algo valioso en un planeta que lleva muchísimo tiempo a la intemperie.

La vida, con matices

La tentación es inmediata, pero aquí toca poner el freno. Encontrar un delta enterrado no demuestra por sí solo que haya habido vida, aunque sí refuerza la idea de que existieron ambientes donde podría haberse dado, con agua líquida, sedimentos finos y tiempo para conservar señales.

La investigadora Emily Cardarelli, que lidera el trabajo, lo dice sin rodeos, «This instrument allows us to actually see structures beneath the ground of another planet». Esa mirada bajo tierra ayuda a elegir mejor dónde buscar y qué capas merecen más atención cuando el rover analiza rocas o toma muestras.

A cambio, también nos recuerda una limitación importante. Para confirmar biofirmas de verdad, muchas de las pruebas más finas necesitan análisis en laboratorios terrestres, algo que depende de que esas muestras se traigan en el futuro.

Lo que debemos tener en cuenta a partir de ahora

Este tipo de radar no «lee» palabras, interpreta contrastes. Las capas aparecen más claras u oscuras según reflejen más o menos la señal, y después llega la parte humana, convertir ese patrón en una historia geológica coherente.

Aun así, la foto que sale es potente. Si el delta enterrado es tan antiguo como sugieren las estimaciones, la ventana de agua estable en Jezero se alarga y con ella aumenta el tiempo disponible para que se formen y se conserven posibles biofirmas. No es poca cosa.

Mientras Perseverance siga avanzando, RIMFAX seguirá «dibujando» el subsuelo recorrido, metro a metro. Y cada nuevo perfil es otra pieza del puzle, de esos que no se resuelven mirando solo la superficie.

El estudio ha sido publicado en Science.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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