Un misterio geológico tiene desconcertados a los científicos: el enigma del río que desapareció durante 5 millones de años sin dejar rastro

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Por HoyECO
Publicado el: 29 de abril de 2026 a las 20:41
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Depósitos geológicos del lago Bidahochi donde se halló la huella del antiguo río Colorado en Arizona.

El río Colorado parece eterno cuando lo ves desde un mirador del Gran Cañón. Pero en el “archivo” de rocas y sedimentos tenía un vacío enorme. Durante unos cinco millones de años, su rastro casi no aparecía donde los geólogos esperaban encontrarlo.

Ahora, un estudio publicado en Science propone una explicación con bastante lógica. El río no se esfumó, sino que acabó desembocando en un lago interior al este del Gran Cañón y, cuando ese lago se desbordó, empezó el episodio que conectó el sistema y empujó la formación del cañón tal y como lo conocemos.

El hueco que desconcertó a los científicos

La cronología tenía dos puntos firmes. Había pruebas de un Colorado ancestral en el oeste de Colorado hace unos 11 millones de años y también indicios claros de que el río empezó a atravesar el área del Gran Cañón después de hace unos 5,6 millones de años. Lo difícil era explicar qué pasó en medio.

Ese “entre medias” no es un detalle menor. Un río no solo lleva agua, también arrastra arena, grava y minerales que se quedan guardados en capas de roca. Si esa firma desaparece durante millones de años, la pregunta es inevitable.

Un río vital que hoy se exprime al máximo

Este debate suena a historia antigua, pero el río es un tema muy actual. El Colorado mide en torno a 2.330 kilómetros y es un recurso crítico para siete estados de Estados Unidos y para México. Según la Oficina de Reclamación, entre 35 y 40 millones de personas dependen de su agua para parte o la totalidad de sus necesidades municipales.

Además, la misma fuente calcula que alrededor del 70 por ciento del agua del Colorado se usa en agricultura. En la práctica, es un río que sostiene ciudades, campos y hábitats, al mismo tiempo. No es poca cosa.

Un lago perdido en la cuenca de Bidahochi

La nueva pieza del puzle apunta a la cuenca de Bidahochi, al noreste de Arizona y al este de Flagstaff, en una zona que en gran parte es tierra de la Nación Navajo. Allí quedaron depósitos de un antiguo lago y es justo ahí donde los investigadores buscaron el rastro del río.

La idea principal es esta. Hace unos 6,6 millones de años, el Colorado habría empezado a entrar en esa depresión del terreno y a alimentar un lago amplio y poco profundo. Con el tiempo, el nivel subió hasta desbordarse por un punto bajo del borde del lago y el agua se encaminó hacia el oeste.

Ese desbordamiento habría arrancado el flujo por la zona que más tarde se convertiría en el Gran Cañón, alrededor de hace 5,6 millones de años. Y después el sistema siguió “encadenando” cuencas aguas abajo hasta llegar al Golfo de California en torno a hace 4,8 millones de años.

Circones y un puñado de arena que lo cambia todo

La prueba más potente no se ve a simple vista. Los autores analizaron cristales microscópicos de circón presentes en areniscas de esos depósitos. Son granos muy resistentes que conservan una firma química y una edad que se puede medir con precisión.

El método se basa en comparar la “huella” de edades de muchos circones de una muestra con la de otras zonas conocidas. Si coinciden, es como encontrar el mismo tipo de arena en dos lugares distintos y demostrar que viajó por el mismo camino. En Reuters, el geólogo de UCLA John He lo resume con una imagen sencilla, un puñado de arena lleno de “little time vaults”.

Los resultados indican que, a partir de hace unos 6,6 millones de años, las arenas del lago Bidahochi muestran una firma clara del Colorado. Esa firma coincide con depósitos del río tanto aguas arriba como aguas abajo, incluida la formación Browns Park en Utah y Colorado.

Ondulaciones, fósiles y una salida por encima del terreno

No todo son números y laboratorio. En el campo, las capas de roca de esa época muestran ondulaciones que apuntan a un flujo fuerte entrando en agua estancada. Es una señal coherente con un río desembocando en un lago.

También se han descrito fósiles de peces asociados a aguas de corriente rápida. Esa pista sugiere que no era un sistema apagado, sino un ambiente con movimiento suficiente para sostener vida adaptada al flujo.

Y queda el gran obstáculo geográfico, el Arco de Kaibab, una elevación que siempre ha hecho preguntarse cómo el río pudo cruzar por allí. La hipótesis del lago ayuda a entenderlo como un efecto umbral, cuando el agua sube lo suficiente encuentra una salida y la erosión hace el resto, paso a paso.

Un hallazgo fuerte, pero no un cierre definitivo

Los propios investigadores insisten en que no fue una sola causa, sino una combinación de procesos como desbordamientos, incisión del río y cambios de relieve. El Gran Cañón no dejó de evolucionar y, según datos citados por Reuters, el río sigue tallando roca a escalas de millones de años.

Aun así, el debate no está totalmente cerrado. Hay geólogos que creen que los datos todavía no demuestran del todo la existencia de un lago tan grande y que faltan piezas sobre el mecanismo exacto. En Live Science, Karl Karlstrom, de la Universidad de Nuevo México, expresa esas dudas.

Por qué importa en pleno estrés hídrico

Este tipo de investigación no cambia el caudal del Colorado mañana, pero sí cambia cómo entendemos el sistema del que dependen millones de personas. La Oficina de Reclamación advertía en abril de 2026 de que el almacenamiento del sistema del río estaba alrededor del 36 por ciento de su capacidad en un contexto de sequía y baja nieve.

Puede sonar remoto para quien vive lejos de allí, pero la idea es bastante universal. Los ríos que sostienen economías y ecosistemas se forman con paciencia geológica y se pueden tensionar muy rápido si los usamos sin margen, y eso se nota. 

El estudio se ha publicado en la revista Science.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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