España da un golpe en la mesa y construye el mayor almacenamiento de baterías conectado a la red pasando de una capacidad de 25.000 a 221.000 kW

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Publicado el: 4 de junio de 2026 a las 23:38
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Sistema de almacenamiento energético con baterías BESS conectado a una planta solar fotovoltaica en España

España empieza a levantar a toda velocidad una pieza que hasta hace poco parecía secundaria en la transición energética. Las grandes baterías conectadas a la red han pasado de ser casi una anécdota a convertirse en una infraestructura cada vez más necesaria para aprovechar mejor la electricidad solar y eólica.

El salto es llamativo. La potencia en grandes baterías se sitúa ya en el entorno de los 221 MW tras la puesta en marcha de nuevos proyectos, cuando hace apenas unos meses las cifras eran mucho más pequeñas. No resuelve por sí solo todos los problemas del sistema eléctrico, pero marca un cambio claro. La red ya no solo necesita producir energía limpia. También necesita guardarla.

El nuevo colchón eléctrico

La idea es sencilla de entender. Cuando hay mucho sol o mucho viento, España puede producir más electricidad renovable de la que la red necesita en ese momento. Si no hay dónde guardarla, una parte se pierde.

Ahí entran las baterías BESS, sistemas capaces de almacenar electricidad durante las horas de máxima generación y devolverla después, cuando sube la demanda o cae la producción renovable. En la práctica, es como guardar sol del mediodía para usarlo al atardecer, justo cuando muchas familias vuelven a casa y la factura de la luz vuelve a mirar de reojo.

La mayoría de estos nuevos proyectos están ligados a plantas solares. Comparten el mismo punto de conexión y permiten que una instalación fotovoltaica no dependa solo del momento exacto en el que brilla el sol.

De casi nada a 221 MW

El crecimiento ha sido muy rápido. Fundación Renovables señaló que, entre abril de 2025 y abril de 2026, la potencia instalada de baterías pasó de 28 MW a 193 MW, un aumento del 589 %. Poco después, con nuevas instalaciones, el recuento publicado por El Independiente elevó la cifra hasta unos 221 MW.

Puede parecer mucho, pero conviene ponerlo en contexto. Red Eléctrica recoge que el sistema eléctrico español cerró 2025 con 3427 MW de almacenamiento, de los cuales 3331 MW correspondían a turbinación por bombeo hidráulico y 96 MW a baterías. Es decir, el gran almacén eléctrico del país sigue estando en los embalses reversibles.

La novedad es el ritmo. Las baterías todavía son pequeñas frente al bombeo, pero son las que más deprisa están creciendo. Y eso se nota.

Por qué hacen falta

El sistema eléctrico español ha cambiado mucho en muy poco tiempo. Red Eléctrica indica que en 2025 la potencia renovable instalada creció un 11,7 % en el sistema peninsular, con casi 9000 MW nuevos de solar fotovoltaica. La fotovoltaica ya lidera la potencia instalada peninsular con 40 952 MW.

Esto tiene una parte muy positiva. España produce cada vez más electricidad limpia y reduce su dependencia de combustibles fósiles. Pero también trae un reto técnico que no se ve desde casa, aunque acaba influyendo en todos.

La electricidad debe generarse y consumirse casi al mismo tiempo. Cuando hay demasiada producción renovable en horas de baja demanda, pueden aparecer vertidos, precios muy bajos o incluso negativos y más tensión sobre la red. Las baterías ayudan a suavizar esos picos.

El apagón cambió el debate

El apagón del 28 de abril de 2025 fue un antes y un después. ENTSO-E, la red europea de operadores eléctricos, concluyó en su informe final que el incidente se produjo por una combinación de factores, entre ellos oscilaciones, problemas de control de tensión y potencia reactiva, desconexiones de generación y diferencias en las prácticas de regulación.

No se trata, por tanto, de culpar de forma simple a las renovables. El problema es más complejo. La red necesita más herramientas para responder rápido cuando algo se desajusta, y una de esas herramientas es el almacenamiento.

Las baterías no sustituyen a todas las soluciones necesarias. También hacen falta redes más fuertes, mejor control de tensión, más digitalización y normas claras. Pero aportan algo muy valioso. Responden en segundos.

Iberdrola abre camino

Uno de los proyectos que ha empujado esta carrera está en Alarcón, Cuenca. Iberdrola España puso en operación las baterías Romeral y Olmedilla, cada una con 60 MWh de capacidad y una potencia cercana a los 30 MW. Según la compañía, pueden almacenar energía libre de emisiones suficiente para suministrar electricidad durante dos horas a más de 13 000 hogares.

La empresa explicó que estas baterías están hibridadas con plantas fotovoltaicas y comparten el mismo punto de conexión. Esto es importante porque no se trata solo de poner contenedores con baterías en un campo. Se trata de integrarlas en la forma real en la que funciona una planta renovable.

En Extremadura también se ha anunciado otra instalación destacada, vinculada a Campo Arañuelo, con 120 MWh de capacidad y tecnología de litio LFP. Este tipo de química, litio-ferrofosfato, gana terreno por su estabilidad térmica y su coste cada vez más competitivo.

El reto de 2030

El objetivo nacional es mucho más ambicioso que los 221 MW actuales. El PNIEC 2023-2030 prevé alcanzar 22,5 GW de almacenamiento en 2030, incluyendo distintas tecnologías y también la aportación de la solar termoeléctrica.

La distancia es enorme. España tendría que multiplicar su capacidad muchas veces en apenas cuatro años. Y ahí aparece la parte menos vistosa de la transición energética, la tramitación, los permisos, las conexiones a la red y la seguridad de los proyectos.

El sector ya tiene una cartera importante de instalaciones en desarrollo, pero no todo lo que se anuncia acaba conectado. Una cosa es presentar un proyecto y otra muy distinta es conseguir autorización, financiación, equipos, conexión y operación comercial.

No basta con instalar

Las baterías pueden ayudar a reducir vertidos renovables, estabilizar la red y desplazar electricidad barata a horas de mayor demanda. También pueden disminuir el uso de centrales de gas en momentos concretos, aunque eso dependerá del mercado, de la regulación y de cómo se remuneren sus servicios.

Pero no son una varita mágica. Si se instalan sin planificación, pueden chocar con cuellos de botella en la red o quedarse sin señales económicas claras. ¿Qué significa esto para el ciudadano? Que el beneficio no llegará solo por ver más baterías en los titulares.

La clave será que funcionen donde hacen falta, cuando hacen falta y con reglas que premien su aportación real al sistema. Ahí está la diferencia entre una moda energética y una infraestructura útil.

Una carrera que acaba de empezar

España tiene sol, viento y una red que debe adaptarse a un modelo eléctrico mucho más flexible. Las baterías son una pieza más de ese puzle, pero una pieza cada vez más difícil de ignorar.

El salto de 25 MW a más de 200 MW muestra que el almacenamiento ya ha salido del laboratorio y de los proyectos piloto. Ahora empieza la fase difícil, convertir esa carrera en una red más segura, más limpia y más eficiente.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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