En 2010 el núcleo externo de la Tierra invirtió su dirección de rotación bajo el Pacífico sin que nadie se diera cuenta, ahora puede estar alterando el campo magnético del planeta y no saben cómo invertirlo

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Publicado el: 11 de junio de 2026 a las 09:42
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Recreación del núcleo externo de la Tierra y del campo magnético terrestre tras el cambio de flujo detectado bajo el Pacífico.

La Tierra acaba de sumar un nuevo misterio bajo nuestros pies. Un estudio publicado en 2026 ha encontrado que un amplio flujo de hierro líquido en el núcleo externo, situado bajo el Pacífico ecuatorial, cambió alrededor de 2010 de moverse débilmente hacia el oeste a hacerlo con fuerza hacia el este. No es poca cosa.

Esto no significa que todo el núcleo del planeta haya dado la vuelta, ni que estemos ante una catástrofe. Lo que ha cambiado es una región concreta del flujo profundo que ayuda a generar el campo magnético terrestre. Y lo más llamativo es el plazo, porque los científicos no esperaban una variación tan clara en solo una década.

Qué ha cambiado

La clave está en una palabra sencilla, aunque suene técnica. Flujo. El núcleo externo de la Tierra está formado por material rico en hierro en estado líquido, y su movimiento ayuda a generar el campo magnético que rodea al planeta.

Durante mucho tiempo, los modelos indicaban que ese flujo profundo era, en gran parte, hacia el oeste. Pero el nuevo trabajo muestra que bajo el Pacífico ecuatorial ocurrió algo distinto. Allí, el movimiento pasó a ser fuertemente hacia el este alrededor de 2010.

Cómo lo han visto

Nadie puede bajar hasta esa zona para mirar directamente. Estamos hablando de procesos que ocurren a unos 2200 kilómetros bajo nuestros pies, en una región inaccesible para cualquier perforación humana. Así que los científicos hacen lo que pueden hacer mejor, leer las señales que llegan hasta nosotros.

En este caso, el equipo usó observaciones terrestres y datos de satélites entre 1997 y 2025. En el estudio aparecen misiones como Swarm y CryoSat, de la Agencia Espacial Europea, además de CHAMP y Ørsted. Es como intentar reconstruir una corriente submarina mirando pequeñas ondulaciones en la superficie, pero a escala planetaria.

El papel de Swarm

La misión Swarm de la ESA fue lanzada en 2013 y está formada por tres satélites con magnetómetros muy sensibles. Su trabajo consiste en medir el campo magnético terrestre con mucha precisión, separando las señales que vienen del núcleo de otras procedentes de la corteza, los océanos, la ionosfera o la magnetosfera.

Gracias a esas mediciones, los investigadores pudieron reconstruir cómo evolucionan los patrones de flujo en el límite entre el núcleo y el manto. Ahí aparece la sorpresa del Pacífico y también otros cambios rápidos, como sacudidas geomagnéticas detectadas en los últimos años. Y ahí entra la parte más interesante.

El giro de 2010

El estudio no se limita a decir que algo cambió. Los autores aplicaron un análisis de componentes principales para separar las partes más estables del movimiento de las más variables. Según el artículo, cerca del 95 % de la variación del flujo queda explicada por estructuras bastante estables, mientras que otro componente, de alrededor del 4 %, muestra el cambio bajo el Pacífico.

Ese segundo componente es el que marca la diferencia. Revela que el flujo bajo el Pacífico ecuatorial pasó en 2010 de ser débilmente occidental a fuertemente oriental. Además, el propio modelo sugiere que esa corriente hacia el este se ha ido debilitando desde 2020.

Una pista más profunda

Los autores no afirman tener ya la respuesta completa. Lo que plantean es una hipótesis. El aumento del flujo hacia el este bajo el Pacífico coincide en el tiempo con cambios en el comportamiento del núcleo interno deducidos por estudios de geodesia y sismología.

Frederik Dahl Madsen, autor principal del estudio y miembro de la Escuela de Geociencias de la Universidad de Edimburgo, lo resume con prudencia. «La inversión a gran escala del flujo bajo el Pacífico plantea nuevas preguntas», explicó en el comunicado de la ESA. La frase es corta, pero abre una puerta enorme.

¿Hay peligro?

La pregunta es inevitable. ¿Puede afectar esto a quienes vivimos en la superficie? Según la ESA, estos procesos ocurren muy por debajo de la superficie y no representan un peligro para las personas ni para el clima. Conviene decirlo claro, porque la palabra «núcleo» siempre suena a película de desastres.

Eso no quiere decir que sea un detalle menor. El campo magnético terrestre protege al planeta de partículas cargadas procedentes del Sol, y también influye en sistemas de navegación, operaciones espaciales y modelos de meteorología espacial. En la práctica, entenderlo mejor ayuda a anticipar cambios en una pieza básica del funcionamiento de la Tierra.

Lo que falta por saber

Ahora la gran duda es si este cambio fue una fluctuación pasajera, parte de una oscilación que se repite o el inicio de un nuevo equilibrio en la circulación del núcleo. Los investigadores necesitarán más años de observación para ver hacia dónde evoluciona ese flujo. El reloj geológico suele ir despacio, pero aquí ha dado un pequeño acelerón.

Elisabetta Iorfida, científica de la misión Swarm de la ESA, señaló que estos resultados muestran que los cambios regionales pueden aparecer «en solo una década». También pueden ayudar a estudiar mejor la conexión entre el núcleo externo, el núcleo interno y el manto inferior. No es una respuesta final, pero sí una pista muy valiosa.

El estudio completo ha sido publicado en la revista científica Journal of Studies of Earth’s Deep Interior.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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