Un grupo ecologista ha entrado en uno de los debates energéticos más incómodos de España, pero lo ha hecho en dirección contraria a lo que muchos esperarían. WePlanet ha pedido al Gobierno que mantenga abierta la central nuclear de Almaraz y que revise el calendario de cierre de las nucleares españolas. No es poca cosa, porque Almaraz es la primera ficha prevista en caer dentro del actual plan nuclear.
La cuestión de fondo ya no es solo si España quiere más renovables. Eso está claro. La pregunta es otra y toca la factura de la luz, el gas, la seguridad de suministro y las emisiones de CO₂. En 2025, la nuclear aportó el 19 % de la electricidad generada en España, mientras las renovables alcanzaron el 55,5 %, según Red Eléctrica.
Qué pide WePlanet
WePlanet ha publicado un manifiesto dirigido al Ministerio para la Transición Ecológica en el que reclama tres cosas muy concretas. Quiere la continuidad operativa de Almaraz, la paralización del calendario de cierre nuclear y una política energética basada en «la ciencia, la ingeniería, la seguridad de suministro y el interés estratégico nacional».
La frase más directa del documento resume bien su postura. «Almaraz no es un obstáculo para la descarbonización. Es una garantía de estabilidad durante la transición». Ahí está el giro. Para esta organización, cerrar reactores que funcionan y producen electricidad baja en carbono puede terminar aumentando la dependencia del gas.
El planteamiento rompe con una parte del ecologismo clásico, que siempre ha visto la nuclear como una tecnología a retirar cuanto antes. Pero WePlanet defiende que la emergencia climática exige pragmatismo. En la práctica, su mensaje es sencillo. Primero hay que quitar fósiles, no cerrar de golpe una fuente que apenas emite CO₂ al producir electricidad.
Por qué Almaraz pesa tanto
España tiene ahora 5 centrales nucleares en funcionamiento, repartidas en 5 emplazamientos, con 7 reactores de agua ligera y una potencia instalada total de 7398,77 MW. Almaraz, en Cáceres, cuenta con dos reactores y está participada por Iberdrola, Endesa y Naturgy.
El calendario actual contempla el cese ordenado de los reactores nucleares entre 2027 y 2035. Almaraz I sería la primera en cerrar, seguida de Almaraz II. Ese plan está recogido en la planificación de residuos radiactivos y en el protocolo firmado en 2019 entre Enresa y los propietarios de las centrales.
Pero las propietarias han movido ficha y han pedido prolongar la operación de Almaraz hasta junio de 2030. El Consejo de Seguridad Nuclear ya recibió la documentación necesaria para evaluar si se dan las condiciones técnicas de seguridad. Después, el dictamen irá al Ministerio, que tendrá la decisión final.
El argumento climático
La defensa de WePlanet se apoya en una idea que cada vez aparece más en el debate internacional. La nuclear no sustituye a las renovables, pero puede acompañarlas mientras llegan más redes, más almacenamiento y más flexibilidad de la demanda. Dicho en lenguaje de calle, sirve para cubrir momentos en los que no sopla el viento o no hay sol suficiente.
La Agencia Internacional de la Energía también sitúa a la nuclear como una fuente limpia y gestionable, capaz de funcionar a gran escala y con disponibilidad continua. Además, señala que hay más de 60 reactores en construcción en el mundo y que en los últimos años se han tomado decisiones para alargar la vida de más de 60 reactores ya existentes.
Esto no significa que la nuclear sea una solución mágica. No lo es. Pero el cierre de una central como Almaraz obliga a responder una pregunta muy concreta. ¿Qué tecnología cubrirá esa electricidad cuando coincidan alta demanda, poca producción renovable y falta de almacenamiento suficiente?
Lo que dicen los críticos
El debate, eso sí, está lejos de estar cerrado. Greenpeace sostiene justo lo contrario que WePlanet. En su informe sobre Almaraz, defiende que el cierre programado es viable, que no compromete el suministro y que el 96,4 % de la electricidad de la central podría cubrirse con renovables tras su cierre. También calcula que una prórroga de tres años costaría 3800 millones de euros a la ciudadanía.
Por eso esta discusión es tan delicada. No enfrenta solo a ecologistas contra nucleares. En realidad, enfrenta dos formas de entender la transición energética. Una quiere acelerar el cierre para dejar espacio a más renovables. La otra cree que cerrar antes de tiempo una fuente baja en carbono puede salir caro y aumentar el uso de gas.
También están los residuos. El Gobierno aprobó el Séptimo Plan General de Residuos Radiactivos, que establece la política para gestionar el combustible gastado y el desmantelamiento. El plan prevé almacenes temporales descentralizados y un futuro almacén geológico profundo, con costes futuros estimados en 20 220 millones de euros sufragados por los titulares de las instalaciones nucleares.
Qué puede pasar ahora
El siguiente paso no depende de un eslogan, sino de informes técnicos y decisiones políticas. El CSN debe evaluar la seguridad de la instalación y emitir su informe. Después, el Ministerio para la Transición Ecológica tendrá que decidir si mantiene el calendario actual o permite que Almaraz siga funcionando unos años más.
Para el lector, la clave es no perderse en el ruido. Si Almaraz cierra, España tendrá que sustituir una parte relevante de electricidad estable y baja en carbono. Si sigue abierta, habrá que garantizar que no frena el despliegue renovable ni traslada costes injustificados a los consumidores. Ese es el equilibrio difícil.
En el fondo, Almaraz se ha convertido en una prueba para toda la transición energética española. No basta con decir «renovables sí» o «nuclear no». La red tiene que funcionar, la factura debe ser asumible y las emisiones deben bajar de verdad. Y ahí, como casi siempre, el calendario importa tanto como la tecnología.
El manifiesto oficial se ha publicado en WePlanet.












