Una lamprea marina adulta de casi un metro ha sido localizada y capturada en la Rivera de Huelva, uno de los principales afluentes del Bajo Guadalquivir. Un equipo de la Estación Biológica de Doñana del CSIC, tras realizar el muestreo, la liberó.
El hallazgo se produjo el pasado 7 de mayo y confirma que la especie todavía sobrevive en la cuenca. El último registro conocido era de 2014, aunque encontrar un único ejemplar no significa que su población se esté recuperando.
Una especie al límite
La lamprea marina, Petromyzon marinus, vive una situación muy delicada en España. La EBD-CSIC considera a esta especie en peligro crítico y el Catálogo Andaluz la incluye entre las especies en peligro de extinción.
Ya era una especie rara en la década de los 70 en esta misma localización, aunque vecinos de toda la vida de la zona, confirman que los 80 las capturas seguían siendo numerosas en la Rivera de Huelva.
La lamprea nace en los ríos, después se desplaza al mar para crecer, y posteriormente vuelve al agua dulce para reproducirse. Sus larvas quedan enterradas en la arena, ahí pueden estar más de cinco años antes de que nazcan los nuevos ejemplares. Y una vez nacidos, el ciclo se repite.
Un refugio conectado con el mar
El tramo donde se ha encontrado este ejemplar está muy cerca del mar y del estuario, abajo del embalse del Gergal. Es una zona con una gran extensión de arena y las corrientes son bastantes suaves, por lo que es una zona ideal para la reproducción de este pez, aunque lo cierto es que no se ha podido demostrar nunca su presencia de forma habitual.
Ahora los investigadores están buscando larvas enterradas, lo que supondría una prueba inequívoca de que, efectivamente, la especie está activa en la zona, pero aun encontrándolos, la especie seguiría siendo manteniendo este estado crítico y estar cerca de la extinción.
Las presas cerraron el camino
El principal problema de estas especies y la propia huella del ser humano, es este caso, las presas que interrumpen su desplazamiento. Por ejemplo, la de Alcalá del Río, operativa desde 1931, que desconectó del mar parte de la cuenca del Guadalquivir.
Los peces migradores fueron especialmente perjudicados al perder acceso a sus lugares de reproducción. El esturión terminó desapareciendo y el sábalo también dejó de remontar el río.
Los investigadores Miguel Clavero y Sergio Bedmar proponen eliminar las barreras de Alcalá del Río y Cantillana para recuperar la continuidad fluvial y ampliar el hábitat disponible para lampreas y otros peces migradores.
Un ejemplar no significa recuperación
La captura demuestra que la lamprea continúa presente, pero no permite calcular cuántos individuos quedan. La reproducción de esta especie tampoco se ha documentado nunca en el Guadalquivir.
A ello se suman otras amenazas. Los investigadores han detectado cangrejo rojo americano, jaiba azul y hasta ocho especies invasoras de peces, incluido el siluro, un gran depredador.
El hallazgo ofrece ahora una oportunidad para estudiar con mayor detalle la Rivera de Huelva. Encontrar larvas bajo sus sedimentos sería una señal mucho más importante: demostraría que este pequeño refugio conectado con el mar no solo recibe lampreas adultas, sino que todavía permite completar su ciclo reproductivo.
La nota de prensa se ha publicado en la Estación Biológica de Doñana del CSIC.











