¿Cómo puede sobrevivir una comunidad ligada al mar en uno de los lugares más secos y fríos del planeta? Un estudio ha identificado microorganismos eucariotas de origen marino en el barro, el hielo y los sedimentos rojizos próximos a las Cascadas de Sangre, en la Antártida.
Los investigadores encontraron una comunidad activa formada por diatomeas, dinoflagelados, haptofitas y ciliados. Los resultados apuntan a una antigua conexión con el océano, aunque no demuestran que estos organismos hayan permanecido allí sin cambios durante millones de años.
Un refugio junto al hielo
Las Cascadas de Sangre aparecen cuando una salmuera extremadamente salada emerge de forma intermitente del glaciar Taylor y deja una característica mancha roja antes de alcanzar el lago Bonney.
El color está relacionado con el hierro de la salmuera, que se oxida al entrar en contacto con el aire. La elevada concentración de sal también reduce el punto de congelación, por lo que permite mantener agua líquida en un ambiente extremadamente frío.
ADN relacionado con el océano
El equipo analizó 167 muestras de agua, hielo, barro, sedimentos y partículas transportadas por el viento. Después comparó sus señales genéticas con comunidades marinas del estrecho de McMurdo y ecosistemas de agua dulce cercanos.
Algo más del 9% de las variantes eucariotas encontradas junto al glaciar coincidía con la referencia marina, frente a poco más del 1% en los ambientes acuáticos terrestres. En el barro y los sedimentos rojos, alrededor del 80% de las diatomeas identificadas pertenecía a grupos marinos.
No eran simples restos
Los científicos también analizaron ARN ambiental para comprobar si se trataba únicamente de material genético procedente de organismos muertos.
Encontraron actividad asociada con la fotosíntesis, la reparación celular y la respuesta al estrés provocado por la sal. Esto indica que parte de los microorganismos estaban metabólicamente activos cuando se recogieron las muestras.
Algunas diatomeas, dinoflagelados y ciliados pueden además formar estructuras de reposo que les permiten resistir largos periodos de frío, sequedad o elevada salinidad.
Sin embargo, los organismos fueron detectados en materiales próximos al frente del glaciar y no directamente en la salmuera profunda. El estudio, por tanto, no demuestra que estén realizando fotosíntesis bajo kilómetros de hielo y en completa oscuridad.
Una posible herencia de un antiguo mar
Los investigadores encontraron pocas señales marinas en las muestras transportadas por el aire, lo que hace menos probable que toda la comunidad proceda simplemente de microorganismos llegados recientemente desde la costa.
Además, algunas diatomeas presentan diferencias genéticas respecto a poblaciones actuales del estrecho de McMurdo.
La hipótesis es que agua marina pudo entrar en esta región durante un periodo cálido y quedar posteriormente aislada por el avance del hielo hace millones de años. Sin embargo, todavía no se conoce cuándo ocurrió exactamente.
El estudio, publicado en Nature Geoscience, muestra así que las Cascadas de Sangre no solo esconden una química extraordinaria, sino que también albergan una comunidad de microorganismos activos que podría conservar parte de la historia de antiguos mares de la Antártida.
El estudio principal se ha publicado en Nature Geoscience.










