¿Puede una flor delicada convertirse en depredadora? Un equipo internacional ha demostrado que Saxifraga candelabrum, una planta de las montañas del suroeste de China, es capaz de atraer pequeños insectos con su olor, después los inmoviliza mediante pelos pegajosos y termina por absorber sus nutrientes.
Este hallazgo se publicó el 4 de agosto de 2026, y confirma una sospecha que planteó hace más de 150 años Charles Darwin, y convierte a esta especie en la primera planta carnívora dentro del orden Saxifragales confirmada.
Darwin dejó la pista
Darwin estudió dos especies de este mismo género en su obra Insectivorous Plants, publicada en 1875. Al observar sus pelos glandulares se preguntó si podían alimentarse de insectos, pero sus experimentos de la época no lograron demostrar que digirieran las presas ni que aprovecharan sus nutrientes.
Ahora, investigadores chinos y estadounidenses han conseguido demostrar esos pasos en “Saxifraga candelabrum”.
La planta crece entre 2.500 y 3.300 metros de altitud, en grietas rocosas soleadas y pobres en nutrientes. Es un entorno diferente al de muchas plantas carnívoras conocidas, normalmente asociadas a terrenos húmedos.
Una cazadora entre las rocas
Los investigadores estudiaron plantas silvestres y ejemplares conservados en herbarios. Encontraron insectos atrapados en 43 de los 45 especímenes analizados, recogidos entre 1888 y 2016. Las plantas adultas observadas en su entorno natural retenían una media de 71 presas.
Los experimentos también mostraron que el olor de las flores desempeña un papel importante para atraer a los insectos. Una vez cerca, los pelos rojizos y pegajosos funcionan como una especie de papel matamoscas.
La prueba definitiva
Encontrar insectos pegados no basta para considerar carnívora a una planta. Los científicos detectaron en sus pelos glandulares fosfatasa, una enzima que ayuda a liberar nutrientes de los tejidos de las presas.
Después utilizaron moscas de la fruta marcadas con una forma estable de nitrógeno. Tras colocar los insectos sobre la planta, esa señal apareció en sus tejidos.
El suelo no mostró el mismo enriquecimiento, lo que indica que el nitrógeno procedía directamente de las presas y no había sido absorbido principalmente mediante las raíces. Además, una parte importante terminó acumulándose en las flores.
Caza sin perder a sus polinizadores
La mayoría de las víctimas eran pequeños mosquitos no picadores. Las moscas y abejas de mayor tamaño, capaces de transportar polen, quedaban atrapadas con mucha menos frecuencia y tenían más posibilidades de escapar.
Esta diferencia permitiría a la planta colocar sus trampas cerca de las flores sin capturar habitualmente a los insectos que necesita para reproducirse.
De esta forma se añade una nueva rama al mapa de las plantas carnívoras. También demuestra que estas especies tienen la capacidad de evolucionar en ambientes alpinos secos, y sugiere que otras plantas que parecen inofensivas con pelos pegajosos, podrían esconder capacidades similares.
El estudio, publicado en Nature Communications.










