Bajan casi 5.000 metros bajo el Atlántico y descubren el estado real de más de 200.000 barriles de residuos radiactivos: varios están corroídos y ya han empezado a filtrar material al fondo del mar
La misión NODSSUM observó contenedores muy corroídos, material derramado sobre el lecho marino y radionúclidos por encima del nivel esperado. El hallazgo no significa que se hayan localizado uno por uno los más de 200.000 barriles ni que exista una emergencia radiológica inmediata.
Durante décadas, varios países europeos utilizaron las profundidades del Atlántico nororiental como lugar de eliminación de residuos radiactivos. Ahora, una expedición científica francesa ha conseguido observar de cerca algunos de aquellos contenedores y ha confirmado que parte del material almacenado ya ha salido al medio marino.
La investigación aporta una respuesta que se llevaba buscando años. Los barriles se están deteriorando y algunos han perdido su contenido. Sin embargo, los niveles de actividad medidos durante la campaña continúan siendo bajos y todavía no se conoce cuánto material radiactivo ha pasado al agua, a los sedimentos o a los organismos que viven alrededor.
Los 200.000 barriles radiactivos no han sido localizados uno por uno
La cifra de más de 200.000 barriles procede de los registros históricos de los vertidos realizados durante la segunda mitad del siglo XX. No representa el número de contenedores que los científicos hayan encontrado y fotografiado durante esta expedición.
La primera campaña del proyecto NODSSUM recorrió la zona entre junio y julio de 2025. El robot submarino UlyX logró cartografiar 3.355 contenedores, recoger 5.000 litros de agua, extraer 345 testigos de sedimento y capturar 34 ejemplares de peces y crustáceos para su posterior análisis. Aquella información permitió elegir los puntos que debían inspeccionarse con mayor detalle un año después.
Esta distinción evita una interpretación engañosa del hallazgo. Los científicos no acaban de descubrir repentinamente 200.000 barriles juntos. Han obtenido las primeras observaciones detalladas de una pequeña parte de un vertedero radiactivo cuya dimensión global ya se conocía mediante archivos oficiales.
El Nautile encuentra barriles corroídos y material derramado
Entre el 27 de mayo y el 28 de junio de 2026, alrededor de 30 investigadores navegaron a bordo del buque Pourquoi Pas?. El sumergible tripulado Nautile realizó 20 inmersiones por debajo de los 4.700 metros y permitió examinar directamente los contenedores y el sedimento que los rodea.
Las imágenes muestran barriles en estados de conservación muy diferentes. Algunos mantienen parte de su estructura, mientras que otros presentan una corrosión avanzada y acumulaciones de material sobre el fondo. Los científicos identificaron cemento, betún y resinas entre las sustancias empleadas originalmente para encapsular los residuos.
El CNRS confirma que algunos contenedores han liberado su contenido y que las mediciones realizadas en el lugar detectaron radionúclidos característicos de estos residuos en concentraciones superiores a las previstas para la zona. Aun así, la actividad registrada fue suficientemente baja como para manipular las muestras sin grandes medidas extraordinarias de protección radiológica.
La fuga está confirmada pero su alcance sigue sin conocerse
El resultado más importante de la expedición no es la existencia de los barriles, que estaba documentada, sino la constatación directa de que determinados contenedores ya no mantienen aislado su contenido.
Eso no permite afirmar que todo el vertedero esté liberando residuos al mismo ritmo. Tampoco demuestra por ahora que exista una contaminación extensa del Atlántico. Para responder a esas preguntas, el equipo deberá comparar las muestras tomadas junto a los barriles con otras recogidas a mayor distancia.
Los investigadores analizarán agua, sedimentos, microorganismos y animales para averiguar qué radionúclidos se están desplazando, en qué concentración lo hacen y si pueden incorporarse a las redes alimentarias. El trabajo recuerda que la contaminación marina no desaparece cuando se hunde o deja de ser visible desde la superficie.
La vida marina ha colonizado los contenedores radiactivos
Los barriles se han convertido en superficies donde se fijan diferentes organismos del fondo marino. La presencia de fauna demuestra que las llanuras abisales no son espacios vacíos, como se asumía cuando comenzaron los vertidos.
Esta colonización tampoco prueba que el entorno sea seguro. Un organismo puede sobrevivir en un lugar contaminado y, al mismo tiempo, acumular sustancias en sus tejidos o sufrir cambios que no resultan visibles en una inspección submarina.
La misma cautela aparece en investigaciones sobre esponjas marinas capaces de sobrevivir en puertos degradados. Resistir unas condiciones adversas no significa permanecer intactas ni retirar automáticamente los contaminantes del ecosistema.
Los barriles no fueron diseñados como depósitos permanentes
El contexto histórico ayuda a entender lo que está ocurriendo. El Convenio OSPAR calcula que más de 150.000 toneladas de materiales radiactivos, con una actividad total de 42,4 petabequerelios, fueron arrojadas al Atlántico nororiental entre 1949 y 1982.
Los recipientes buscaban resistir el impacto contra el fondo y mantener los residuos confinados durante una primera etapa. El propio concepto de eliminación contemplaba que, pasado ese periodo, se produjera una liberación lenta y una posterior dispersión en el océano.
La práctica empezó a abandonarse con la moratoria internacional de 1983. OSPAR prohibió en 1992 el vertido de residuos radiactivos de baja y media actividad en su área marítima y la prohibición mundial llegó un año después mediante el Convenio de Londres.
Los análisis decidirán si existe transferencia a los ecosistemas
Los próximos meses serán decisivos. Los laboratorios deberán separar las señales procedentes de los barriles de la radiactividad histórica generada por ensayos nucleares, accidentes y otras fuentes humanas.
También deberán determinar si los radionúclidos permanecen unidos al sedimento, se disuelven en el agua o son absorbidos por microorganismos y animales. La adaptación biológica no debe confundirse con ausencia de riesgo, como muestran otros casos de organismos expuestos a radiación.
La misión NODSSUM ha resuelto la primera incógnita. Algunos barriles han perdido parte de su contenido. Lo que aún no puede responderse es cuánto se ha liberado, hasta dónde se ha desplazado y qué consecuencias tendrá para la vida abisal.
Por ahora, los datos no justifican hablar de una catástrofe radiológica inmediata, pero tampoco permiten considerar el problema cerrado. El verdadero hallazgo es que una decisión tomada hace más de medio siglo continúa dejando una huella medible en uno de los lugares más profundos y menos conocidos del planeta.
El comunicado oficial ha sido publicado por el CNRS.
Imagen: Christian Fischer / Wikimedia Commons (Public domain)













