El 17 de abril de 2019, una pareja de castores euroasiáticos traída de Tayside, en Escocia, entró en un recinto vallado de 10 hectáreas en el bosque de Cropton, en North Yorkshire (Inglaterra). Cinco años después, el tramo de arroyo con castores que atraviesa ese bosque deja salir crecidas mucho más suaves que las que recibe, con una mediana de los picos de caudal un 46,6 % menor aguas abajo.
El dato procede de un estudio publicado el 7 de junio de 2026 en la revista Ecohydrology y firmado por un equipo de la Universidad de Leeds, la Universidad de Exeter, Forest Research y otros centros. Los autores midieron también un caudal de estiaje cinco veces mayor a la salida del recinto, y advierten de que parte del efecto corresponde a diques de madera que ya estaban allí antes de los animales.
Un ensayo para un pueblo que se inunda
Las localidades situadas aguas abajo, como Pickering, sufrieron en 2007 una inundación que causó daños por unos 7 millones de libras en casas y negocios, según Forestry England, la agencia pública que gestiona los bosques estatales de Inglaterra. Para frenar el agua se plantaron 23 hectáreas de bosque y se levantaron 50 pequeños diques de madera y dos grandes barreras de troncos dentro del proyecto «Slowing the Flow» del Ministerio de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales británico (DEFRA).
Esas estructuras necesitan mantenimiento, y ahí entraron los castores. El ensayo, dirigido por Forestry England y autorizado por Natural England, soltó a la pareja en un recinto que incluye 824 metros del arroyo Sutherland Beck y varios de aquellos diques humanos.
«Es la primera vez que se miden tantas cosas distintas en un mismo lugar, incluidas comparaciones de antes y después de la suelta de castores. Los castores transformaron el lugar de formas que nunca imaginamos», declaró el catedrático Mark Smith, de la Facultad de Geografía de la Universidad de Leeds y autor principal, en la nota de prensa de su universidad del 22 de junio de 2026.
Seis presas y once crías
La pareja ya venía formada y en junio de 2019 tuvo sus dos primeras crías. Durante el ensayo nacieron 11 crías en el recinto y cuatro jóvenes fueron trasladados a otros proyectos de Inglaterra, dos en 2022 y dos en 2023, para controlar la población.
Los animales construyeron seis presas y cuatro madrigueras grandes. La primera presa, junto a dos antiguos estanques ornamentales, pasó de un metro de altura en 2019 a más de 70 metros de largo y 2,52 metros de alto, la mayor presa de castor de Inglaterra según el estudio.
«Cuando empezamos el seguimiento en marzo de 2019 […] intentamos “pensar como un castor” e imaginar cómo serían los cambios tras la suelta. Lo que pasó fue más allá de lo que imaginábamos», contó Smith a Forestry England. «Muchos de nuestros puntos de muestreo “permanentes” quedaron inundados, algo que antes nos parecía imposible».
Wendy English, del Whitby Naturalists Club, revisó las plantas del recinto cada año desde 2019. «La velocidad y la escala de los cambios en el hábitat creados por un solo grupo familiar de castores es mucho mayor de lo que creía posible», escribió para Forestry England.
Qué significa el 46,6 % de los picos de caudal
El equipo colocó un medidor de caudal a la entrada del recinto y otro a la salida, y comparó 89 episodios de lluvia entre el 6 de diciembre de 2022 y el 28 de febrero de 2024. La mediana de los caudales máximos pasó de 1,16 metros cúbicos por segundo arriba a 0,62 abajo, una diferencia estadísticamente significativa.
La mediana es el valor central cuando se ordenan todas las mediciones, de modo que la mitad de los episodios quedó por encima y la otra mitad por debajo. En el grupo de las crecidas más grandes también hubo reducción, aunque los autores reconocen que en ese caso la diferencia no fue estadísticamente significativa.
La comparación de antes y después de la suelta dio un efecto más modesto, del 5 %, en un periodo que además fue mucho más lluvioso, con 14,1 milímetros de media por episodio frente a 7,5 antes de los castores. Los autores lo atribuyen en parte a que los diques humanos ya amortiguaban el agua antes de la llegada de los animales.
Cinco veces más agua en los días secos
El otro gran dato es el del caudal de estiaje, medido con el indicador Q95. Es el caudal que el arroyo iguala o supera el 95 % del tiempo, es decir, el agua que sigue corriendo cuando apenas llueve.
Ese valor medio pasó de 0,035 metros cúbicos por segundo a la entrada a 0,181 a la salida, un aumento del 417 %. «Durante los periodos más secos, el caudal base que salía del recinto era cinco veces mayor que el que entraba», escriben los autores, que lo relacionan con la liberación lenta del agua almacenada en estanques y suelos empapados, visible en el verano seco de 2023.
Cath Bashforth, responsable de recuperación de especies de Forestry England en Yorkshire, lo resumió en la nota de Leeds. «Han creado un humedal complejo que conecta el río con la llanura de inundación, retiene agua en la parte alta de la cuenca, aporta beneficios en tiempos de sequía y frena el caudal en tiempos de crecida».
Algo parecido se ha visto con la pareja de castores de Dorset que levantó una presa de 35 metros, y en las presas de castor que ayudan a combatir la sequía en Europa.
Los diques de madera perdieron la mitad de su capacidad
Al principio los castores ignoraron las barreras humanas, que se fueron degradando hasta perder más de la mitad de su capacidad de almacenamiento. Según el modelo hidráulico del estudio, en 2024 las presas de los castores almacenaban por sí solas más agua que todos los diques humanos juntos, salvo en la crecida de cien años.
Los autores calculan que los castores aproximadamente duplicaron el volumen de agua retenida en el recinto. Aun así, sacan una conclusión prudente sobre las obras humanas, ya que esa degradación «muestra que una estrategia de “construir y olvidar” no es adecuada para estas estructuras, y que no se puede confiar en que las sueltas de castores aporten ese mantenimiento».
Las presas de los castores tampoco son fijas. La principal se rompió en parte el 10 de febrero de 2024, durante una lluvia intensa, y la de los abetos ya estaba rota en parte en marzo de 2025, aunque para entonces los animales ya habían levantado otras aguas abajo. «Este ciclo de evolución del humedal es un rasgo natural de la ingeniería del castor», escriben.
Más plantas, libélulas y murciélagos
De los 102 puntos fijos de vegetación, los clasificados como humedal, aguas abiertas o zona pantanosa pasaron de 12 en 2019 a 29 en 2023. Las plantas acuáticas de los estanques subieron de 15 a 20 especies, aunque se perdieron dos, y la cincoenrama palustre (Potentilla palustris) no volvió a encontrarse en ningún punto del recinto en 2023 ni en 2024.
Las especies de libélulas y caballitos del diablo pasaron de cuatro en 2018 a 13 a finales de 2023. Los murciélagos dieron la señal más clara, porque su actividad creció justo donde y cuando trabajaban los castores, hasta multiplicarse casi por diez en el punto de grabación de aguas arriba, junto al estanque ornamental inferior.
La turbidez, que mide cuánto material en suspensión arrastra el agua, bajó en mediana de 13 a 9 unidades NTU, cerca de un 31 %. En invierno la caída llegó al 48 %, pero en verano el agua salía un 20 % más turbia que entraba, quizá por las propias obras de los castores.
«Nuestro seguimiento demuestra con claridad los profundos impactos, conectados entre sí, que los castores tienen sobre el caudal del agua, el terreno y la biodiversidad», afirmó la coautora, la doctora Megan Klaar, de la Facultad de Geografía de Leeds.
Los límites de un solo recinto
Se trata de un único arroyo, vallado y con una sola familia, de modo que las cifras describen lo que pasó en Cropton. El propio estudio reconoce que la reducción del 46,6 % «incluirá los impactos» de los diques de madera humanos, y que la turbidez, con un tamaño del efecto pequeño, debe leerse con cautela.
Las aves tampoco respondieron igual. Los censos no mostraron grandes cambios en el número de territorios y los autores concluyen que hay «ganadores y perdedores» de la actividad de los castores, un matiz útil para leer otros casos británicos como el de las antiguas tierras de cultivo donde los castores devuelven la vida.
Natural England ha ampliado la licencia hasta 2029 para seguir recogiendo datos de cara a posibles sueltas en libertad. Forestry England señala que, pese al verano seco y caluroso de 2025, las presas siguieron reteniendo grandes cantidades de agua en todo el recinto.
El estudio completo se ha publicado en Ecohydrology.
«Disponer de pruebas científicas completas es especialmente relevante dado el compromiso del Gobierno británico de reintroducir castores en libertad», concluyó Klaar.
Imagen: Forestry England / Sam Oakes












