Karl Wenner recuerda el día de octubre de 2021 en que llenaron por primera vez el nuevo humedal en Oregón de Lakeside Farms, unas 28 hectáreas que hasta entonces habían sido campos de cebada junto al lago Upper Klamath. Según contó a la emisora pública OPB, los patos bajaron casi de inmediato.
Casi cuatro años después, en junio de 2025, la finca acogía al menos 140 especies de aves, además de nutrias, castores y ratas almizcleras, según un reportaje de Yale Environment 360. El mismo humedal limpia el agua de la explotación antes de que llegue al lago y sirve de vivero para dos peces en peligro de extinción.
Un problema de fósforo en el lago
Wenner, cirujano ortopédico jubilado, compró en 2017 una quinta parte de Lakeside Farms, una finca de unas 162 hectáreas cerca de Klamath Falls que se cultiva al menos desde 1939. Quería pasar su retiro cazando patos, que acudían atraídos por el agua abundante de la finca.
En invierno, los campos se inundan de forma natural y esa agua arrastra nutrientes de la turba del suelo, sobre todo fósforo. Según el periódico de las tribus Klamath, las concentraciones llegaron a quintuplicar lo permitido y a los agricultores se les prohibió seguir bombeando esa agua al lago.
«Y eso nos desbarató por completo la explotación, porque teníamos que drenar el terreno para poder cultivarlo», explicó Wenner a ese periódico durante una visita al humedal publicada en su número de diciembre de 2023 y enero de 2024.
El fósforo es un nutriente que, en exceso, alimenta las proliferaciones de algas y cianobacterias. En el Upper Klamath, esas floraciones tóxicas consumen cada verano tanto oxígeno que los matalotes jóvenes no llegan a adultos, según el reportaje de Yale Environment 360.
Un humedal que limpia el agua de la finca
«Una de las opciones que más sentido tenía era crear un humedal, bombear el agua hacia él y dejar que el humedal la limpiara. Después ya podíamos bombearla al lago», resumió Wenner.
El diseño corrió a cargo de Dustin Taylor, biólogo del programa Partners for Fish and Wildlife en el complejo de refugios nacionales de la cuenca del Klamath, junto con Leigh Ann Vradenburg, de la organización Klamath Watershed Partnership. Según el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, la profundidad va de unos pocos centímetros a más de 1,5 metros.
Primero nivelaron los campos para inundarlos con menos agua y después excavaron un canal que serpentea entre islas artificiales donde descansan las aves. Mientras el agua avanza despacio, las plantas retienen el sedimento y absorben fósforo y nitrógeno, según la información publicada por OPB en mayo de 2022.
«Pensábamos que el humedal tardaría cuatro o cinco años en desarrollarse lo suficiente para tratar de verdad el fósforo, pero lo hizo en un año y medio. Y lo hizo rápido», contó Wenner al periódico tribal.
El Servicio de Pesca y Vida Silvestre aportó casi 650.000 dólares para ejecutar la obra y la Junta de Mejora de Cuencas de Oregón (OWEB) puso otros 37.296 para el diseño inicial. Los socios reciben además una compensación del Servicio de Conservación de Recursos Naturales por las hectáreas que dejan de cultivar.
«No hacemos esto por pura bondad. Somos como cualquier otra explotación de aquí; tiene que salirnos rentable», dijo Wenner a OPB.
Aves, nutrias y castores donde antes había cebada
Los socios no sembraron nada en el humedal. «Solo le echas agua. No plantamos nada. Estaba ahí, todas las semillas estaban ahí y, de golpe, se convirtió en una marisma», relató Wenner, que atribuye el mérito a los patos que llevan 90 años comiendo en esos campos y dejando semillas sin digerir en sus excrementos.
Volvieron el mijo silvestre y plantas de los géneros Bidens y Panicum, muy apreciadas por los patos según Wenner. Según Yale Environment 360, en dos años la diversidad vegetal de la finca se duplicó, un dato obtenido analizando el polen que recogían las abejas.
Las aves acudieron por decenas de miles, entre patos, gansos y cisnes. «Pero cuando empiezas a perder esas granjas [de riego por inundación], es hábitat de aves acuáticas y limícolas que desaparece del paisaje», advirtió Dustin Taylor a OPB, en referencia a los campos que dejan de inundarse para cuidar el lago.
Un vivero para el c’waam y el koptu
El proyecto incluye un estanque alimentado por un manantial para criar el matalote de Lost River y el matalote de nariz corta, peces de agua dulce que las tribus Klamath llaman c’waam y koptu. Ambos están protegidos como especies en peligro de extinción en Estados Unidos.

Su problema es que casi ningún joven llega a adulto. Desde mediados de los años noventa no se ha documentado ningún c’waam ni koptu juvenil que alcanzara la madurez en el Upper Klamath, y quedan menos de 40.000 ejemplares, según estimaciones citadas por Yale Environment 360.
El 21 de abril de 2022, el servicio federal soltó en el estanque 1712 juveniles criados en su programa de Klamath Falls. Según OPB y el propio servicio federal, fue la primera vez que se liberaban matalotes de criadero en terreno privado, en este caso dentro de una finca agrícola en activo.
«En septiembre de ese año habían pasado de tres pulgadas a nueve», contó Wenner, es decir, de unos 7,6 a casi 23 centímetros. A finales de 2023, el periódico tribal cifraba en 4929 los matalotes introducidos en sus estanques.
«La cría fuera del cauce, es decir, criar los matalotes en un entorno más o menos natural, es una opción que estamos explorando para preparar a los peces criados en el criadero para integrarse en el medio silvestre», explicó entonces Carlie Sharpes, acuicultora del departamento Ambodat de las tribus Klamath.
Los 50 peces adultos de mayo de 2025
En mayo de 2025 se drenó parcialmente el humedal para comprobar si algún pez había sobrevivido hasta la edad adulta. Los biólogos encontraron 50, de hasta unos 40 centímetros, y según Yale Environment 360 estaban más grandes y más sanos que los adultos que seguían en los criaderos.
«Es toda una historia que, después de 35 años en los que el Gobierno federal ha tenido la responsabilidad de evitar que estos peces se extingan, quienes lo han conseguido sean las dos partes, las tribus y la agricultura, que han tenido una historia muy conflictiva», declaró a ese medio Jeff Mitchell, expresidente de las tribus Klamath de Oregón.
Lo que todavía falta por saber
En junio de 2025, los 50 peces aún no estaban identificados. Hacían falta pruebas genéticas para saber cuántos son c’waam y koptu y cuántos matalotes de escamas grandes de Klamath, una especie local que no está amenazada, aunque Wenner cree que la mayoría pertenecen a las dos protegidas.
El muestreo pudo dejar ejemplares sin contar, y que haya supervivientes en un estanque no demuestra todavía que puedan unirse a la población que se reproduce en el lago. Una suelta prevista en un canal del humedal para noviembre de 2023 se aplazó porque la calidad del agua no era favorable.
La bajada del fósforo procede de lo que cuenta el propio Wenner. En 2022, los socios del proyecto reconocían a OPB que aún no habían hecho análisis suficientes para saber si el agua tratada podía volver al lago sin empeorarlo, y Leigh Ann Vradenburg consiguió financiación para vigilarla.
«La granja por sí sola no va a resolver el problema. Pero si haces esto en muchos sitios, entonces empiezas a resolverlo», admitió Wenner. A su juicio, «tiene que ser un sistema en el que a los propietarios no se les penalice por hacer esto».
Las tribus Klamath piden seguir con la cría
Las propias tribus reclaman ese seguimiento, y el 18 de septiembre de 2025 su Consejo General aprobó una resolución que declara la emergencia para recuperar el c’waam y el koptu hasta que vuelvan a ser poblaciones que se puedan pescar, guiándose por el conocimiento ecológico tradicional.
En uno de sus puntos, el Consejo «reconoce la importancia de cooperar con propietarios privados», entre ellos The Nature Conservancy en el delta del río Williamson y Lakeside Farms, para evaluar si funcionan las sueltas graduales y la cría prolongada. El texto íntegro salió en el boletín Klamath Tribes News de noviembre y diciembre de 2025.
El reportaje completo se ha publicado en Yale Environment 360 el 16 de junio de 2025.
En 2022, al recordar el otoño en que el agua empezó a correr por el canal que diseñó Taylor, Wenner lo resumió así ante la radio: «Es bueno para la agricultura, bueno para las aves, bueno para la calidad del agua y bueno para los peces».
Imagen: USFWS











