La High Line, una antigua línea elevada de mercancías del oeste de Manhattan, dejó de tener trenes en 1980, cuando el último, según cuentan sus guardianes, pasó con tres vagones de pavos congelados. Un inventario publicado en 2004 documentó 161 especies de plantas vasculares creciendo sobre sus vías abandonadas, y el 8 de junio de 2009, 29 años después de aquel último tren, su primer tramo abrió como parque público.
Las plantas las recogió el botánico Richard Stalter durante la primavera de 2002. Subía por la azotea de un edificio contiguo y, de abril a octubre, no se cruzó con nadie sobre el viaducto.
Un ferrocarril a 9 metros sobre la calle
La línea elevada entró en servicio en 1934 dentro del West Side Improvement, un gran proyecto que sacó los trenes de mercancías de las calles del oeste de Manhattan y los subió a unos 9 metros (30 pies) de altura. Según Friends of the High Line, la organización sin ánimo de lucro que hoy gestiona el parque, los trenes que circulaban a ras de suelo por la Décima Avenida habían matado a más de 540 personas hasta 1910, y la calle acabó con el apodo de «Death Avenue».
Ya en alto, el viaducto llevaba carne, lácteos y verduras hasta las fábricas. El auge de los camiones en los años cincuenta fue vaciando la vía y el tráfico se detuvo del todo en 1980. La anécdota de los pavos figura en la ficha de prensa de Friends of the High Line, aunque en su blog la organización la presenta con prudencia como una leyenda.
Las plantas que nadie sembró
Cuando Stalter la estudió, la High Line era una franja de 7,5 metros de ancho y 2330 metros de largo que cruzaba 20 manzanas, casi toda a pleno sol. El suelo era poco profundo y poco fértil y se secaba enseguida. Según un estudio de 2021 firmado por Stalter, Jingjing Tong y James Lendemer, los visitantes ocasionales de la vía abandonada probablemente llevaron semillas hasta allí.
En primavera dominaban las potentilas. A finales de septiembre mandaban las varas de oro y los ásteres, y junto a la calle 29 se había formado un bosquete de ailantos, el árbol del cielo. Según los autores, 88 especies invasoras, el 56,8 %, componían más de la mitad de la flora, y ninguna estaba amenazada en el estado de Nueva York.

Con la nomenclatura botánica actual, aquellas 161 especies se quedan en 155. Un informe ambiental municipal sobre el Western Rail Yard citó el recuento y concluyó que la vegetación tenía valor como hábitat de alimentación y refugio para aves canoras migratorias, y que también podía atraer a mariposas y abejas por sus flores.
Dos vecinos frenaron el derribo
Mucha gente veía la estructura como un adefesio, y el alcalde Rudolph Giuliani llegó a firmar una orden de demolición en uno de sus últimos actos en el cargo. En 1999, dos vecinos del barrio, Joshua David y Robert Hammond, habían fundado Friends of the High Line para salvarla.
Un estudio de viabilidad del Design Trust for Public Space comparó cuatro salidas, del derribo al espacio abierto, y según esa entidad llevó al alcalde Michael Bloomberg a revocar la orden. CSX Transportation donó la estructura a la ciudad en noviembre de 2005 y las obras empezaron en abril de 2006.
Acero, drenaje y 46 centímetros de tierra
El proyecto lo firmaron el estudio de paisajismo James Corner Field Operations, el de arquitectura Diller Scofidio + Renfro y el diseñador de plantaciones Piet Oudolf. Antes de plantar hubo que reparar el acero, retirar la pintura con plomo e instalar el drenaje, y buena parte de la vegetación espontánea desapareció con las obras.
Según la Landscape Architecture Foundation, el equipo usó un suelo diseñado para pesar menos y retener agua y eligió especies de pradera seca. Hoy las plantas viven sobre todo en 46 centímetros (18 pulgadas) de tierra. Barcelona quiere aprovechar otra infraestructura con su pulmón verde de 10.000 m² bajo un viaducto.
El 8 de junio de 2009, Bloomberg, el comisionado de Parques Adrian Benepe, David y Hammond abrieron el primer tramo, de media milla (unos 800 metros), entre Gansevoort Street y la calle 20, según NYC Parks. Bloomberg dijo que la habían «reciclado en un parque innovador y emocionante».
Aquel primer tramo costó 86,2 millones de dólares, de un coste total de 152,3 millones para las dos primeras secciones. La segunda sección, hasta la calle 30, abrió en 2011, y la de los Rail Yards, hasta la calle 34, en 2014. Nueva York ha encontrado otros usos a su material ferroviario, como los más de 2500 vagones de metro que hundió frente a la costa para crear arrecifes.
Un jardín silvestre que se cuida a mano
La publicación oficial Nature in the City, de 2025, describe un corredor de unos 2,4 kilómetros (1,5 millas) con más de 1340 árboles, más de 150.000 plantas y más de 720 especies.
Los jardines se inspiran en el paisaje autosembrado de las vías, pero son silvestres por diseño, según Friends of the High Line. Sus jardineros no usan pesticidas ni fertilizantes químicos y abonan sobre todo con compost.

Un estudio del Museo Americano de Historia Natural identificó en 2017 33 especies de abejas en el parque, en su mayoría solitarias y autóctonas; solo los abejorros autóctonos viven en nidos sociales. Por eso los jardines no se recortan en otoño, ya que los tallos huecos sirven de refugio invernal a las crías de abeja hasta la poda de primavera.
Lo que todavía no se sabe
Un resto de la vieja vía, entre las calles 30 y 33 junto a la Duodécima Avenida, se conservó vallado y sin acceso libre. Stalter volvió allí en 2019 y encontró 79 especies de plantas vasculares, algo más de la mitad de las 155 de 2002, en un tramo que mide más o menos el 10 % del original. El 60,8 % eran no autóctonas. Los líquenes pasaron de cuatro especies a diez, y una de ellas, Endocarpon petrolepideum, parece ser un registro nuevo para el estado de Nueva York.
«Predecimos que miles de visitantes del High Line Park pueden llevar semillas de especies invasoras a la antigua High Line conservada y que la flora experimentará un cambio constante», advierten los autores. El número de especies del parque, además, varía según la fuente y el año: unas 500 especies y variedades para la Landscape Architecture Foundation y más de 720 especies en el folleto de 2025.
El estudio completo se ha publicado en The Journal of the Torrey Botanical Society.
Foto: Geoff Stearns / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)












