La serpiente corredora de Antigua, que solo vive en Antigua y Barbuda, resistía en 1995 con unos 51 ejemplares en un islote. Tras erradicar las ratas y llevarla a otras tres islas, superó los 1100 individuos en 2016.
Un seguimiento de campo de 2023 encontró solo unos 400, según el Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF). La especie, Alsophis antiguae, sigue en peligro crítico de extinción.
Ocho hectáreas sin mangostas
Hasta el siglo XIX, la corredora fue el gran depredador de este país de 441 kilómetros cuadrados. En la década de 1890 llegaron mangostas asiáticas para frenar a las ratas negras. Esas ratas dañaban la caña de azúcar de las plantaciones europeas.
Según la organización británica Fauna & Flora, las mangostas apenas tocaron a las ratas y se comieron a las serpientes. Pasa a menudo con las especies llevadas a una isla para controlar una plaga. La corredora se dio por extinguida dos veces por error, en 1936 y en 2009.
Unas pocas seguían en Great Bird, un islote de 8,4 hectáreas al que nunca llegaron las mangostas. Allí las redescubrieron a comienzos de los noventa el naturalista Kevel Lindsay y un herpetólogo de Fauna & Flora. La bióloga Jenny Daltry pasó tres meses estudiándolas y contó solo 50, muchas con mordeduras de rata.

Veneno en cuadrícula hasta los acantilados
En 1995, el Environmental Awareness Group (EAG) y la Unidad Forestal de Antigua lanzaron la campaña contra las ratas. Fauna & Flora la apoyó desde el principio. Los equipos colocaron bloques de veneno en cuadrícula por toda la isla, también en las cornisas de los acantilados.
A las dos semanas ya no había rastro de roedores. En 2001 apareció una botella de agua con marcas de dientes recientes, y el equipo repitió el tratamiento. Otras islas del Caribe, como Desecheo, en Puerto Rico, han quitado después sus ratas.
Dos años después de la erradicación, la población de serpientes se había duplicado. Hacia 1999 llegó el siguiente problema: en un islote tan pequeño empezaban a faltar lagartos.
Pese a su nombre, la corredora es bastante lenta y caza lagartos al acecho. No es peligrosa para las personas. Cuando se asusta, su única defensa es soltar un olor almizclado.

Diez serpientes rumbo a Rabbit
Investigadores de la Universidad Estatal de Black Hills estudiaban los lagartos de la zona. Con su ayuda se eligieron otros islotes para soltar serpientes. Antes hubo que limpiar de ratas, y a veces de mangostas, otras 14 islas alrededor de Antigua.
El primer traslado fue en noviembre de 1999, con diez corredoras llevadas de Great Bird a Rabbit. Después vinieron Green, desde octubre de 2002, y York, desde enero de 2008. Lo detalla un estudio de 2017 en International Zoo Yearbook.
Con las cuatro islas, la especie pasó de ocupar 8,4 hectáreas a 63. Según los autores, encabezados por Daltry, las serpientes trasladadas «se reprodujeron casi de inmediato». La población superó así los 1100 ejemplares, en un rescate isla a isla parecido al de las tortugas gigantes de Galápagos.
Ácaros en Jersey, clases en Antigua
Como seguro, cinco corredoras adultas viajaron a la isla de Jersey, al Durrell Wildlife Conservation Trust. Las hembras pusieron cinco huevos fértiles y todos eclosionaron. Luego llegó el ácaro común de las serpientes y murieron nueve de los diez animales.
En Antigua, el proyecto quiso cambiar la mala fama de las serpientes. Para ello rodó un documental, Race Against Time, que emitió la televisión nacional y regional. Hoy la corredora figura en el currículo escolar del país.
Voluntarios formados vigilan a los ejemplares, que llevan microchip, y revisan que no vuelvan las ratas. Del programa salió además un área protegida de más de 3000 hectáreas en la costa de Antigua.
Al principio, algunos conservacionistas desaconsejaron intervenir porque la serpiente era demasiado rara e impopular. Daltry dirige hoy la alianza caribeña de Re:wild y Fauna & Flora. En la web de la organización dice: «Me alegro mucho de que demostráramos que los escépticos se equivocaban».
De 1200 a 400 ejemplares
El CEPF publicó en julio de 2025 un texto sacado de su informe de impacto de 2023. Cuenta que un estudio de campo de 2023 halló dos tercios menos de serpientes. Había unas 1200 en 2016 y solo 400 siete años después.
El EAG culpa sobre todo al cambio climático. Señala el aumento de las temperaturas y la falta de una fuente de agua estable, además de las obras en zonas clave para la serpiente. Ya tiene un plan de acción que incluye el clima.
Ahora el CEPF financia con 50.000 dólares un proyecto del EAG que dura de marzo de 2025 a octubre de 2026. Busca estudiar si es viable un refugio seguro en la isla principal de Antigua. También forma a vecinos de las comunidades cercanas para que apoyen a la especie.
Nadie ha separado las tres amenazas
Las cifras de 2016 y 2023 salen de documentos distintos. La nota del CEPF no explica cómo se hizo el último recuento. Tampoco hay datos que midan por separado el peso del calor, la falta de agua y las obras.
El estudio de 2017 ya avisaba del riesgo. Según sus autores, el éxito dependía de proteger las cuatro islas de los mamíferos invasores y de las construcciones dañinas. Por eso pedían buscar más lugares de reintroducción.
El refugio en la isla principal sigue en estudio. Mientras el EAG no publique un recuento nuevo, no se sabe si la caída de 2023 se ha frenado.
Foto: Jenny Daltry / EAG / Fauna & Flora












