La personalidad de los caballos no depende solo de su edad, su sexo o su raza. Un estudio con 2767 animales la relaciona también con su casa, su rutina y su dueño. Lo publicó el 9 de septiembre de 2026 la revista Royal Society Open Science.
Lo firma un equipo de Turku y Helsinki, en Finlandia, y de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, con la investigadora posdoctoral Océane Liehrmann al frente. El trabajo mide cuatro rasgos: la sociabilidad con las personas y con otros caballos, la atención a lo que pide el jinete y el neuroticismo, que es la facilidad para estresarse. Según la nota de la Universidad de Turku, los datos muestran asociaciones y no prueban relaciones de causa.
Diez años con el mismo dueño
En el estudio hay 768 caballos que llevaban más de diez años con el mismo propietario. Puntuaron un 12,3 % más en sociabilidad con las personas que los que llevaban menos de un año con su dueño. La cifra compara grupos y no significa que cada animal gane un 12 % al cumplir una década con alguien.
Según el artículo científico, el historial también deja huella en los datos. Los comprados directamente al criador puntuaron un 3,4 % más que los que habían pasado por varios dueños.
«Estos patrones sugieren que la familiaridad y la continuidad de la relación influyen en la apertura y la comodidad con que los caballos tratan con la gente», explica Liehrmann. Para ella, los cambios frecuentes de dueño o de cuadra pueden dejar «una marca duradera». Esa marca se notaría en las ganas del caballo de buscar a la gente.
El tiempo sin exigencias apareció ligado a esa misma sociabilidad. Algunos dueños pasaban ratos con su caballo sin pedirle nada, con caricias o premios, de cuatro a siete veces por semana. Sus animales puntuaban un 10,3 % más que los que casi nunca recibían esos ratos.
Con los gatos, los veterinarios aconsejan algo parecido, como dedicar 15 minutos de juego al día a un gato. En los caballos, el estudio no midió la duración de esos ratos.
Solos frente a pareja o manada
Uno de los resultados más claros del estudio tiene que ver con la relación entre caballos. Los 407 animales que vivían solos puntuaron más bajo en sociabilidad con otros caballos. La comparación se hizo con los que compartían espacio con uno o con varios compañeros.
Frente a los que vivían en pareja, la diferencia fue del 3,5 %. Frente a los de manada, del 4,2 %. Entre la pareja y el grupo grande no hubo una diferencia relevante.
En libertad, los caballos viven en grupos, como los caballos salvajes de la isla Sable que estudia Zoe Lucas. Para los establos, los autores barajan dos explicaciones. El aislamiento limita las conductas amistosas, o bien algunos dueños apartan a los animales que ven poco aptos para convivir.
Montar de cuatro a siete veces
La frecuencia de monta se asoció sobre todo con la calma. Los caballos montados de cuatro a siete veces por semana puntuaron más alto en atención y más bajo en neuroticismo. Los que se montaban rara vez quedaron un 4 % por encima en neuroticismo.
La Universidad de Turku apunta dos lecturas posibles para ese dato. Puede que el trabajo regular acostumbre al animal a muchas situaciones. O puede que los dueños elijan para montar a menudo a los caballos que ya son tranquilos.
Por eso, cuatro sesiones semanales no son una receta contra los nervios. El estudio no siguió a ningún caballo mientras se le aumentaba el ejercicio.
Edad, sexo y raza pesan más
Pese a todo, los factores propios del animal estuvieron entre los que más explicaban las puntuaciones. La edad fue el mejor predictor de la sociabilidad con las personas y de la atención.
Los caballos de sangre caliente, como el trotón americano o el angloárabe, dieron el neuroticismo más alto. Los de tiro dieron el más bajo. Los castrados superaron a las yeguas en sociabilidad con las personas, con una ventaja del 10,3 %.
«La personalidad no es algo que se desarrolle con independencia de su entorno», resume Liehrmann. Los caballos, recuerda, viven en espacios y relaciones que construyen las personas. Cuidar eso quizá sirva para algo más que volverlos «más fáciles de manejar», añade.
Star y otros 2766 caballos
Star, el caballo de la propia Liehrmann, sale en la foto que acompaña la nota de Turku. Según el pie, puntuó muy alto en sociabilidad con las personas.
Los datos del resto llegaron por una encuesta en línea en inglés, finés y francés, abierta entre 2023 y 2024. El equipo la anunció en foros, redes y revistas ecuestres, y escribió a cuadras sacadas al azar de Google Maps. Contestaron 2257 propietarios de Europa, Norteamérica, Oceanía y Sudáfrica.
Cada uno respondió 52 frases sobre el carácter de su caballo. Luego detalló cómo vivía el animal, cada cuánto lo montaba, qué embocadura usaba y cuántos dueños había tenido antes.
Una sola mirada por caballo
Todas las puntuaciones salen de lo que cada dueño percibe de su caballo en un momento concreto. Nadie más valoró al mismo animal y la evaluación no se repitió con el tiempo. Los autores admiten que eso pudo introducir sesgos subjetivos.
Casi el 95 % de quienes respondieron eran mujeres, y la encuesta solo estaba en tres idiomas. El equipo califica de modestas las asociaciones y pide estudios de seguimiento. Así se sabría si el manejo moldea la personalidad, si ocurre al revés o si pasan las dos cosas.
En España, el trato a los caballos también está en el debate público, como muestra la consulta de Sevilla sobre su ordenanza de coches de caballos. El estudio completo se ha publicado en Royal Society Open Science. Los datos y el cuestionario están en abierto en Mendeley Data.
Foto: Océane Liehrmann / Universidad de Turku









