Dubuque, una ciudad de Iowa (Estados Unidos), botó en julio de 2017 catorce islas flotantes en el arroyo Bee Branch. Su base lleva el PET reciclado de unas 67.000 botellas de agua. Entre todas suman unos 248 metros cuadrados de plantas sobre el agua.
Según el Ayuntamiento, la idea era retirar nutrientes del agua y dar cobijo a la fauna sin productos químicos. Las islas son una pieza pequeña de una obra mucho mayor contra las inundaciones.
Un arroyo enterrado durante un siglo
Hace unos cien años, el Bee Branch acabó dentro de un colector de pluviales. Con los años, las tormentas fuertes golpearon una y otra vez a unas 1300 viviendas y negocios. Hubo sótanos inundados hasta el techo y calzadas levantadas por el agua.
En esa cuenca de unos 17 kilómetros cuadrados vive o trabaja más de la mitad de la ciudad, según la web municipal. Por eso Dubuque decidió sacar el arroyo a la luz. Va en la línea de la retirada récord de presas en Estados Unidos para reconectar ríos.
El tramo bajo se excavó entre 2010 y 2011, con casi 500 árboles nuevos. El alto, de unos 590 metros de cauce, se acabó en julio de 2017. Terminó tres meses antes de plazo y 800.000 dólares por debajo del presupuesto.
Hoy ese tramo tiene caminos, toboganes, un huerto urbano y un anfiteatro. Los vecinos pasean junto a un cauce pensado para tragar las lluvias fuertes.
Botellas de PET bajo las plantas
Cada isla es una balsa de PET 100 % reciclado y sin BPA. Es el mismo plástico de muchas botellas de refresco. Encima crecen juncias, lirio azul, calta palustre, algodoncillo de pantano y lobelia cardenal, entre otras plantas autóctonas.
Las dos mayores miden unos 13,4 metros de largo por 5,2 de ancho, según la nota municipal de julio de 2017. Sobre ellas se colocaron troncos de deriva elegidos a mano. Es un segundo uso del plástico parecido al de la casa de bloques reciclados de Costa Rica.

Unos cables de acero inoxidable las sujetan al fondo. Así suben y bajan con el nivel del arroyo. El entonces alcalde, Roy Buol, dirigió la plantación y viajó en la barca que las remolcó.
Raíces que atrapan fósforo
Debajo de cada balsa cuelgan las raíces. Esa es la parte que no se ve desde la orilla. Las plantas absorben nitrógeno y fósforo, dos nutrientes que en exceso disparan las algas, según la agencia ambiental de Estados Unidos.
El plástico y las raíces sirven también de soporte a biopelículas. Son capas de microbios que descomponen esos contaminantes, culpables de olores y algas.
«La ciudad está encantada de usar esta herramienta de infraestructura verde para mejorar la calidad del agua sin productos químicos», dijo en 2017 Deron Muehring. Era ingeniero civil del Ayuntamiento y lo explicó en la nota oficial de la instalación.
Al pasar entre las islas, el agua pierde velocidad. Los sedimentos se posan y el arroyo gana transparencia. Y lo que absorben las plantas, según IECA, ya no contribuye a la zona muerta del golfo de México.
Peces jóvenes y garzas azules
Muehring lo resumió así: «Es una forma más natural de afrontar la acumulación de nutrientes y además proporciona hábitat». La maraña de raíces esconde a los peces jóvenes de sus depredadores. Entre ellas viven insectos y crustáceos que sirven de alimento.
Arriba, las aves descansan sobre las islas y quizá aniden. En la primavera de 2024 se fotografió una garza azul posada en una de ellas. Pasa algo parecido en el humedal de Oregón creado sobre campos de cebada, que ya suma 140 especies de aves.
Gansos, vallas y 176.000 dólares
Las islas costaron 176.000 dólares, pagados en parte con subvenciones y donaciones. Toda la restauración del arroyo, cuyo diseño dirigió Muehring, rondó los 160 millones.
Mantenerlas obliga a revisar la flotabilidad, las plantas y los anclajes. En 2019, una inspección vio que la mayoría de las plantas prosperaba. Aun así, hubo que replantar algunas por culpa de los animales y arreglar la valla contra los gansos.
Para otras ciudades, el balance de 2024 pide al menos 0,6 metros de fondo y pleno sol. Así las raíces no se clavan en el lecho. «Varias islas pequeñas suelen ser más eficaces que unas pocas grandes, porque son más fáciles de botar y de anclar», añade Muehring.
Nadie ha medido cuánto fósforo retiran
Ninguna fuente oficial da cifras de nitrógeno o fósforo retirado por las islas. Tampoco hay medidas del agua antes y después de 2017. Lo publicado explica cómo deberían funcionar, y el balance lo firma el propio responsable del proyecto.
Tampoco se pueden atribuir a las islas los peces del arroyo. El Departamento de Recursos Naturales de Iowa contó 14 especies nativas en el tramo bajo en junio de 2014. Fue tres años antes de botar las islas, así que ese dato habla de la restauración entera.
Las 67.000 botellas son, además, una equivalencia del plástico de las balsas. Otros proyectos, como la carretera de Hawái hecha con plástico reciclado, ya estudian qué suelta ese material con los años.
El balance técnico se publicó el 12 de octubre de 2024 en IECA News, de la Asociación Internacional para el Control de la Erosión.
Foto: Ciudad de Dubuque / IECA News











