Un proyectil de artillería de 155 mm ha logrado algo que, hasta hace poco, sonaba más propio de un misil que de una munición disparada desde un obús. La empresa Tiberius Aerospace asegura que su sistema Sceptre ha sido lanzado desde un obús estándar de la OTAN, ha encendido su motor estatorreactor de combustible líquido en pleno vuelo y ha funcionado como estaba previsto.
La noticia no es ecológica en el sentido amable de la palabra. No hablamos de placas solares ni de coches eléctricos. Pero sí toca una cuestión que cada vez pesa más en defensa, energía y sostenibilidad. La guerra también consume combustible, mueve cadenas logísticas enormes y deja una huella que muchas veces queda fuera del debate público. Y eso conviene mirarlo de frente.
Un proyectil casi como un misil
Sceptre es una munición guiada de 155 mm diseñada para ser disparada desde artillería de clase obús. Según la ficha oficial de Tiberius Aerospace, puede llevar una carga útil de 5,2 kg, tiene una masa de lanzamiento de 47,5 kg y mide 155 centímetros de largo.
La parte llamativa está en lo que ocurre después de salir del cañón. Un proyectil convencional recibe el empujón inicial y luego sigue su trayectoria. Este, en cambio, activa un motor ramjet que le permite mantener vuelo propulsado. Dicho de forma sencilla, no se limita a caer hacia el objetivo. Sigue “respirando” aire y quemando combustible.
¿Qué significa esto en la práctica? Que un arma de artillería podría acercarse a funciones que antes se reservaban a sistemas mucho más caros. No es poca cosa.
Las cifras que hacen ruido
Tiberius afirma que Sceptre puede alcanzar hasta 150 kilómetros, volar a más de Mach 3 y operar por encima de los 65 000 pies de altitud. La compañía también habla de una precisión inferior a 5 metros de CEP (error circular probable), incluso en entornos donde el GPS esté disputado.
En su ficha técnica, la empresa eleva la velocidad hasta Mach 3,5 y sitúa el alcance por encima de los 140 kilómetros. También señala una precisión aproximada de 3,5 metros de CEP, aunque depende de la opción de guiado.
Conviene leer estas cifras con calma. Son datos del fabricante y forman parte de un sistema que todavía necesita más pruebas, validación y certificación. Es decir, el salto técnico parece importante, pero aún no equivale a una entrada masiva y demostrada en servicio.
El truco está en el combustible
El motor ramjet de Sceptre utiliza combustible líquido. La propia compañía señala que puede funcionar con varios combustibles disponibles en el ámbito militar, entre ellos diésel, JP-4 y JP-8.
Aquí aparece una de las claves menos vistosas, pero más importantes. No se trata de una tecnología “verde”. Sigue usando hidrocarburos. La diferencia está en que Tiberius presenta el sistema como una forma de reducir la carga logística frente a otros sistemas de mayor coste, aprovechando combustibles ya presentes en muchas cadenas militares.
Esto no borra la pregunta ambiental. La hace más concreta. Cada litro que se transporta, se almacena y se quema tiene un coste económico, operativo y climático. En una casa se nota cuando sube la factura de la luz. En un ejército se nota cuando una operación depende de mover combustible durante kilómetros.
Un salto que aprovecha armas ya existentes
Otro punto clave es la compatibilidad. Tiberius asegura que Sceptre no requiere modificar las plataformas de artillería actuales de 155 mm estándar OTAN. En el fondo, esa es una de las grandes promesas del proyecto. Usar cañones existentes para lograr efectos más parecidos a los de un misil.
Según Army Recognition, la munición está pensada para atacar objetivos como puestos de mando, defensas aéreas, radares y nodos logísticos. La idea es golpear más lejos sin depender siempre de misiles de alto coste y disponibilidad limitada.
Pero hay una contrapartida. Cuando un proyectil reserva espacio para motor y combustible, queda menos margen para carga explosiva. Por eso la precisión pasa a ser crucial. Si falla por mucho, el alcance deja de impresionar.
La parte ambiental que no se ve
La OTAN ya reconoce que el cambio climático afecta a la seguridad, a las operaciones militares y a los suministros de energía. En su plan de acción climático, la Alianza plantea desarrollar una metodología para mapear emisiones de gases de efecto invernadero de actividades e instalaciones militares.
La Comisión Europea, a través del Joint Research Centre, también ha señalado que el sector defensa consume muchos combustibles fósiles y materias primas, lo que se traduce en una gran huella de carbono. Además, vincula la resiliencia energética con la eficacia operativa.
Eso no significa que sepamos cuánto emite cada disparo de Sceptre. No hay un dato público claro sobre consumo por proyectil ni sobre emisiones asociadas a su fabricación. Y precisamente ahí está el matiz. La innovación militar avanza deprisa, pero la transparencia ambiental suele ir detrás.
Qué falta por demostrar
La prueba en Nuevo México parece haber superado una barrera técnica importante. Según Tiberius, el proyectil soportó fuerzas cercanas a 18 000 g durante el lanzamiento, encendió el ramjet después de salir del cañón y mantuvo una dinámica de vuelo estable.
Chad Steelberg, fundador y consejero delegado de la empresa, lo describió como «un auténtico avance pionero a nivel mundial». También señaló que ahora deben pasar a campos de tiro mucho más amplios para la siguiente fase de pruebas, validación y certificación.
Así que la conclusión es sencilla. Sceptre no es magia, ni una solución limpia, ni un arma ya probada en todos los escenarios posibles. Es una tecnología militar que promete más alcance, más velocidad y una logística distinta. Pero también obliga a hablar de combustible, emisiones y responsabilidad.
El comunicado oficial ha sido publicado por Tiberius Aerospace en su nota de prensa del 21 de abril de 2026.













