Tres vehículos submarinos autónomos localizaron el 1 de agosto de 2024 el pecio, es decir, los restos hundidos, del USS Stewart a unos 1.067 metros de profundidad. El destructor descansa casi vertical dentro del Santuario Marino Nacional de Cordell Bank, a cerca de 48 kilómetros de la costa del norte de California.
El lugar aclara una confusión importante. El barco fue recuperado por Estados Unidos en Japón al terminar la Segunda Guerra Mundial, pero su última tumba no está frente al archipiélago japonés, sino frente a California.
El destructor que volvió del fondo
El USS Stewart entró en servicio en 1920 y combatió en el Pacífico. En febrero de 1942 quedó dañado durante la batalla del estrecho de Badung y un accidente en un dique seco de Java impidió retirarlo. La tripulación intentó inutilizarlo y lo hundió junto al dique, según el historial oficial de la Armada estadounidense.
Japón lo reflotó, lo reparó y lo incorporó en 1943 como Patrullero número 102 para escoltar convoyes. ¿De dónde salió entonces el apodo de «Barco Fantasma del Pacífico»? Aviadores aliados informaron de un viejo destructor estadounidense navegando tras las líneas enemigas, un misterio resuelto cuando el buque apareció en Kure al final de la guerra.
Estados Unidos lo recuperó en 1945 y lo remolcó hasta San Francisco. Los marineros llegaron a llamarlo «RAMP-224», como si fuese un prisionero de guerra que volvía a casa. El 24 de mayo de 1946 fue utilizado como blanco y soportó más de dos horas de disparos antes de hundirse.
Tres robots y un mapa del fondo
Ocean Infinity desplegó tres HUGIN 6000, aparatos de unos seis metros capaces de trabajar a miles de metros de profundidad. Un vehículo submarino autónomo es un robot que sigue una ruta programada sin ir unido por cable a un piloto. Eso le permite recorrer el fondo mientras el barco de apoyo realiza otras tareas.
Cada unidad llevaba sonar de apertura sintética y una ecosonda multihaz. El sonar envía pulsos de sonido y mide su regreso para dibujar el relieve, algo parecido a iluminar una habitación, pero con ondas acústicas. Los tres robots trabajaron en paralelo durante 24 horas y detectaron la silueta del barco.
Conviene separar una cifra que se ha mezclado en algunas versiones. Los cerca de 3.330 kilómetros cuadrados corresponden a toda la superficie del santuario, no al área recorrida por los drones en un día. Russell Matthews, presidente de Air/Sea Heritage Foundation, aportó registros del hundimiento, el pecio apareció a menos de seis kilómetros y medio de la posición histórica y después un vehículo con cámara confirmó el hallazgo.
Un pecio excepcional y protegido
Las imágenes muestran un casco de unos 96 metros que conserva buena parte de su forma y descansa casi derecho. Las fuentes oficiales no aseguran que esté intacto por completo, pero consideran excepcional su estado para un destructor de cuatro chimeneas construido hace más de un siglo. Esa expresión describe su reconocible fila de cuatro grandes conductos de humo.
El estudio arqueológico confirmó la identidad y documentó cambios realizados por Japón, además de piezas retiradas antes del hundimiento final. Michael L. Brennan, James P. Delgado, Russell E. Matthews y Andrew Sherrell firmaron el análisis, fruto del trabajo de Ocean Infinity, SEARCH, Air/Sea Heritage Foundation, NOAA y la Armada estadounidense. «El USS Stewart representa una oportunidad única para estudiar un destructor de principios del siglo XX bien conservado», señaló Delgado en el comunicado oficial.
El pecio también forma parte del hábitat profundo de Cordell Bank. Sus mapas e imágenes ayudarán a estudiar las comunidades biológicas, aunque las fuentes oficiales todavía no ofrecen un inventario detallado de las especies que viven sobre el casco. La Armada mantiene la propiedad del buque y la ley federal prohíbe alterarlo sin autorización.
La nueva arqueología del océano
El hallazgo muestra lo que cambia cuando varios robots recorren sectores distintos al mismo tiempo. En la práctica, grandes extensiones oscuras se convierten en mapas que pueden revisarse desde la superficie, sin remover el yacimiento. La información oficial del santuario permitirá vigilar el estado del pecio y gestionar mejor este patrimonio marítimo.
Estos sistemas también sirven para cartografía, inspección de infraestructuras y estudios previos de proyectos marinos. Pero la tecnología no lo hace todo. En el caso del USS Stewart, los archivos indicaron dónde mirar, los sonares encontraron la forma y una cámara permitió comprobarla sin tocarla.
El estudio principal se ha publicado en Journal of Maritime Archaeology.
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