El apagón ibérico del 28 de abril de 2025 recordó algo muy sencillo. Cuando se va la luz, se detiene casi todo. ENTSO-E lo describió como un apagón total en los sistemas eléctricos de España peninsular y Portugal continental, el incidente más grave de este tipo en Europa en más de 20 años. Y con ese recuerdo todavía fresco, cualquier avance para mover electricidad de otra forma merece atención.
Estados Unidos acaba de dar un paso que parece sacado de una película de ciencia ficción, pero con datos reales detrás. El programa POWER de DARPA consiguió entregar más de 800 vatios de potencia durante 30 segundos a un receptor situado a 8,6 kilómetros, usando un láser. La lectura honesta es esta. Es un récord importante, pero no significa que el cobre vaya a desaparecer de las redes eléctricas mañana.
Un récord con láser
La prueba se realizó en Nuevo México, dentro del programa Persistent Optical Wireless Energy Relay (POWER). El equipo logró transferir más de un megajulio de energía durante toda la campaña de ensayos. No es poca cosa.
Hasta ahora, los récords públicos anteriores eran mucho más modestos. DARPA cita 230 vatios de potencia media a 1,7 kilómetros durante 25 segundos y otra prueba a 3,7 kilómetros con una potencia menor no revelada. El salto, por tanto, no está solo en la distancia. También está en la cantidad de energía enviada.
Paul Jaffe, responsable del programa POWER, fue bastante claro tras confirmarse los resultados. «No cabe duda de que hemos pulverizado todas las demostraciones de transmisión óptica de energía comunicadas anteriormente en potencia y distancia», afirmó. Suena grandilocuente, pero el dato acompaña.
Cómo viaja la energía
La idea básica es más sencilla de lo que parece. Un láser envía luz hasta un receptor especial. Esa luz entra por una pequeña abertura, rebota en un espejo parabólico y acaba sobre decenas de células fotovoltaicas, que la convierten de nuevo en electricidad útil.
En el fondo, se parece a lo que hace una placa solar, aunque aquí la luz no llega del Sol sino de un haz dirigido con precisión. La diferencia está en que no se intenta iluminar una superficie grande, sino apuntar la energía a un punto concreto. Como lanzar una pelota a una canasta, pero con luz.
Este receptor fue diseñado por Teravec Technologies, con apoyo de Packet Digital y del Rochester Institute of Technology. DARPA explica que el diseño puede escalarse a mayores potencias e integrarse en distintas plataformas, incluidos drones. Ahí empieza a verse el interés real del proyecto.
El cobre sigue ahí
Conviene frenar un poco antes de hablar de un «adiós al cobre». El cobre sigue siendo uno de los materiales más importantes de la red eléctrica, sobre todo por su alta conductividad. Está en cables, transformadores, instalaciones renovables, vehículos eléctricos y buena parte de la infraestructura que usamos cada día.
La Agencia Internacional de la Energía calcula que la demanda de cobre crecerá un 30 % hasta 2040 en su escenario de políticas actuales. También señala que las redes eléctricas seguirán necesitando enormes cantidades de cobre y aluminio para expandirse, reforzarse y conectar más renovables.
De hecho, la propia AIE estima que la demanda anual de cobre para redes eléctricas pasaría de 5 millones de toneladas en 2020 a 7,5 millones en 2040 en un escenario de políticas actuales, y a casi 10 millones en un escenario de desarrollo sostenible. Por eso este avance no sustituye a los cables. Más bien abre una puerta para casos muy concretos.
Dónde podría servir
DARPA no piensa primero en llevar electricidad inalámbrica a un piso de Madrid o a una casa de campo en Galicia. Su punto de partida es militar, con energía enviada a zonas de combate, lugares remotos o áreas afectadas por desastres. En esos sitios, llevar combustible o tender cables puede ser caro, lento y peligroso.
¿Y qué significa esto en la práctica para una emergencia? Imaginemos una zona aislada tras una riada, con postes caídos, carreteras cortadas y generadores que dependen del gasóleo. Una tecnología así podría alimentar equipos concretos sin esperar a reconstruir toda la línea eléctrica.
También podría tener sentido para drones o plataformas móviles que no quieran cargar grandes baterías o depósitos de combustible. Si la energía llega desde fuera, el aparato puede dedicar más espacio a sensores, comunicaciones o carga útil. Esa es la brújula del proyecto POWER.
Los límites del invento
La prueba fue espectacular, pero limitada. La transmisión duró 30 segundos y la eficiencia no era el objetivo principal del ensayo. DARPA indica que, a distancias más cortas, el equipo midió más de un 20 % de eficiencia desde la potencia óptica que sale del láser hasta la electricidad que sale del receptor.
Eso significa que todavía queda mucho trabajo por delante. En una red eléctrica normal, perder demasiada energía por el camino se nota en costes, en calor y, al final, en la factura. Para usos especiales puede compensar. Para alimentar una ciudad entera, hoy no.
Además, el aire no siempre ayuda. La prueba se hizo con transmisor y receptor en tierra, atravesando una parte densa de la atmósfera. IEEE Spectrum recoge otro matiz clave. Los láseres son muy precisos, pero la niebla y las nubes pueden dispersar las frecuencias ópticas, mientras que las microondas suelen comportarse mejor en algunas condiciones atmosféricas.
Qué viene ahora
La nota de DARPA apuntaba a una siguiente fase centrada en relés integrados y transmisión vertical. Dicho de forma sencilla, el objetivo no sería solo disparar energía de un punto a otro, sino crear una especie de red aérea de pasos intermedios. Una red de luz.
La transmisión vertical tiene sentido porque hay menos atmósfera que atravesar cuando el haz sube o baja respecto al suelo. Jaffe lo explicó de forma directa. «Es mucho más fácil enviar un haz de energía directamente hacia arriba o hacia abajo en relación con el suelo porque hay mucha menos atmósfera contra la que luchar».
La conclusión es clara. Este avance no entierra al cobre, ni convierte la electricidad inalámbrica en algo cotidiano de la noche a la mañana. Pero demuestra que enviar potencia útil a kilómetros de distancia con luz ya no es solo una idea de laboratorio. Ahora falta saber si puede hacerse de forma segura, eficiente, barata y estable. Lo difícil empieza aquí.
La nota oficial sobre esta demostración ha sido publicada por DARPA.









