El Departamento de Transporte del Estado de Nueva York (NYSDOT) reconstruyó en 2005 un tramo de la autopista I-87 sobre unos 1,1 millones de neumáticos usados y triturados. Ese relleno, al sur de Plattsburgh, ocupó el lugar de dos puentes que cruzaban una vía de tren abandonada.
La cifra sale de la ficha oficial del programa. Detrás había un plan estatal para vaciar decenas de vertederos de ruedas viejas.
Un ferrocarril abandonado en Clinton
Los dos puentes llevaban los carriles norte y sur de la I-87 sobre el antiguo ferrocarril Delaware and Hudson, en el condado de Clinton. Como allí ya no pasaban trenes, el NYSDOT decidió retirarlos y rellenar el viejo lecho de la vía. Así se ahorraba arreglar unas estructuras que ya no hacían falta.
La constructora Kubricky ganó el contrato, de 2,1 millones de dólares, y empezó en septiembre de 2004. Lo cuenta el informe anual de 2004 de la Región 7, que sitúa al ingeniero Dean DeWitt al frente.
Para no cortar la autopista, los trabajos se hicieron por mitades y con el tráfico desviado por un paso provisional. Primero cayó el puente del sentido norte y luego el del sur.

Tres celdas envueltas en geotextil
Bajo el firme hay trozos de neumático de entre 4 y 40 centímetros, rodeados de tierra. El informe de 2004 calculaba unas 9500 toneladas de caucho, que ocupaban 13.571 metros cúbicos.
Los operarios colocaron el caucho en celdas, bloques de goma envueltos por completo en geotextil. Esa tela sintética muy resistente impide que la tierra se cuele entre los trozos.
En la primera celda, bajo el desvío provisional, entraron 66.360 neumáticos. La segunda, justo debajo de los puentes viejos, se llevó 679.600. Para la primavera de 2005 quedaba una tercera de 101.600, y una cuarta se descartó porque el caucho tarda en asentarse.
El terraplén quedó listo a principios de 2005, aunque la obra completa no terminó hasta noviembre. Cada capa de goma podía medir entonces hasta 3 metros de espesor, según el informe final del programa, de 2008.
El caucho cede un 10 %
La goma triturada pesa poco y deja pasar el agua. Su punto débil es que se aplasta con el peso.
La guía GEM-20 del NYSDOT, revisada en agosto de 2015, calcula que pierde un 10 % de su volumen en uno o dos meses. Por eso pide dejar 0,6 metros de tierra extra encima durante 60 días antes de asfaltar. También exige 1,5 metros de suelo entre el caucho y la base de la carretera.
Hay que recordar que esa guía es posterior a la obra de Plattsburgh. Otros residuos han ido por el mismo camino, desde las cenizas de carbón de una carretera de Kentucky hasta el asfalto con vidrio reciclado de Michigan.
Un relleno que puede arder
La guía GEM-20 recuerda que algunos terraplenes de neumáticos hechos sin control en otros estados «se incendiaron de forma espontánea». Un anexo federal de 1997 añade que en 1995 tres rellenos de más de 8 metros de grosor sufrieron un calentamiento interno catastrófico.
Detrás estaría la oxidación del acero de las ruedas y del propio caucho. El aire y el agua la alimentan, y un relleno muy grueso retiene el calor.
De ahí que la guía obligue a dejar el caucho por encima del nivel más alto del agua subterránea. Encima va el asfalto, y no se admiten drenajes que metan aire por abajo.
La guía tampoco quiere estos rellenos junto a fuentes de agua potable ni en humedales. Además, cuando el NYSDOT vio que los trozos salían más pequeños de lo previsto, bajó a 1 metro el grosor máximo de cada capa.
29 millones de ruedas apiladas
En agosto de 2004, el gobernador George Pataki anunció un plan para limpiar 95 vertederos de neumáticos que incumplían la norma, con unos 29 millones de ruedas. Los inspectores habían visitado antes 162 lugares sospechosos.
El comisario de Transporte, Joseph Boardman, defendió un uso «seguro, rentable y ambientalmente sólido» de esas ruedas. Según él, también ayudaría a «reducir la amenaza de enfermedades transmitidas por mosquitos». Lo pagaba una tasa de 2,50 dólares por cada neumático nuevo vendido.
Plattsburgh fue la primera obra de ese plan, aunque no la primera prueba. En 1999, el NYSDOT ya había metido unas 267.000 ruedas en una rampa de la Ruta 17, en el condado de Broome.
A finales del verano de 2008 se habían hecho seis obras con unos 5,6 millones de neumáticos, y siete grandes vertederos estaban saneados. Ese año solo quedaba uno, y Transporte se retiró del programa. Washington, en cambio, lleva años sacando del agua los arrecifes de neumáticos de Puget Sound.
Pozos instalados sin medición previa
Todas las obras del programa llevaron pozos para vigilar el agua subterránea. El informe de 2008 admite, sin embargo, que no siempre se instalaron a tiempo para medir cómo estaba el agua antes de echar el caucho.
Con los datos disponibles, el NYSDOT concluye que la goma solo altera el sabor y el color del agua. Los documentos consultados no dan aparte los resultados de Plattsburgh.
Tampoco cuadran del todo las cifras de ruedas. La nota de 2004 hablaba de un equivalente a 1 millón y el informe regional de unos 950.000, frente a los 1,1 millones de la ficha oficial, que es la cifra que usamos aquí. Los documentos consultados no explican la diferencia, aunque la ficha habla de «equivalente» a esa cantidad de neumáticos, no de un recuento rueda a rueda.
Foto: NYSDOT Región 7












