¿Cuántos elefantes de sabana quedaban realmente en África? En diciembre de 2013, el cofundador de Microsoft y filántropo Paul G. Allen destinó más de siete millones de dólares a responder esa pregunta mediante el Gran Censo de Elefantes, una operación coordinada en 18 países.
El resultado publicado en 2016 estimó 352.271 ejemplares en las zonas estudiadas. Pero el dato más grave fue otro. En los 15 países con recuentos comparables, la población había caído un 30 % entre 2007 y 2014, lo que equivalía a unos 144.000 animales menos.
Un censo desde el aire
El estudio estuvo encabezado por Michael J. Chase, fundador de Elephants Without Borders. Los equipos seguían rutas paralelas en avionetas y contaban elefantes vivos y cadáveres. Después, los científicos usaban esa muestra para calcular cuántos había en toda el área.
Fue una operación enorme. Participaron más de 90 científicos y 286 tripulantes, con 81 aviones y unas 9.700 horas de vuelo. Las rutas de recuento sumaron casi 295.000 kilómetros y cubrieron una muestra de 218.238 kilómetros cuadrados.
La cifra de 352.271 no representaba a todos los elefantes africanos. El proyecto se centró en los de sabana y abarcó al menos el 93 % de los que vivían en los 18 países examinados.
La caída detrás de la cifra
Los recuentos comparables apuntaron a una pérdida de unos 144.000 elefantes en siete años. En aquel momento, el ritmo de caída calculado rondaba el 8 % anual, aunque variaba entre territorios.
Paul Allen dijo que lo aprendido era “profundamente inquietante”. La nota oficial de Vulcan señaló a la caza furtiva por marfil como la principal causa del descenso.
El censo también contó cadáveres, una pista clave para localizar zonas con muchas muertes recientes. El 84 % de los animales observados estaba dentro de áreas protegidas, pero allí también aparecieron proporciones altas de restos. Un parque sobre el mapa, por sí solo, no basta.
Países con resultados distintos
El panorama no fue igual en todas partes. Uganda, Sudáfrica, Kenia y algunas zonas de Malaui mostraron poblaciones estables o en recuperación. Eran señales de que una protección eficaz podía marcar la diferencia.
Botsuana reunió 130.451 elefantes, cerca del 37 % del total estimado. Zimbabue registró 82.304 y Tanzania, 42.871. Esa concentración ayudó a identificar los grandes refugios que sostenían buena parte de la población estudiada.
Por qué el recuento importó
Antes del proyecto, muchos datos nacionales tenían distinta antigüedad y se habían obtenido con métodos poco comparables. El enfoque común creó una línea de partida para saber, en futuros recuentos, qué poblaciones crecían y cuáles retrocedían.
El censo no detuvo la caza furtiva, pero volvió medible una crisis dispersa entre numerosos informes. Según Vulcan, al menos dos tercios de las cifras continentales de elefantes de sabana usadas en el informe de la UICN de 2016 procedían del proyecto. En la práctica, eso permitió orientar patrullas, vigilancia y nuevos estudios.
Al final del día, la inversión no compró una solución inmediata. Compró algo menos vistoso, pero esencial, una línea de partida fiable.
El estudio principal se ha publicado en PeerJ.











