Medio Ambiente

El eucalipto dispara la virulencia del incendio de Niebla: el “árbol de gasolina” multiplica los focos

Expertos del Infoca y del GRAF señalan la elevada combustibilidad del eucalipto y la densidad de la vegetación como factores determinantes para explicar el comportamiento extremo y persistente del gran incendio de Huelva.

El eucalipto dispara la virulencia del incendio de Niebla: el “árbol de gasolina” multiplica los focos

El eucalipto dispara la virulencia del incendio de Niebla: el violento incendio desatado a inicios de agosto en la localidad de Niebla responde directamente a la masiva proliferación de los eucaliptos, una especie cuyo comportamiento agrava cualquier emergencia forestal.

Esta vegetación actúa como un potente reactivo químico al calentarse, soltando las hojas saturadas de aceites inflamables e ignitivas brasas voladoras capaces de propagar nuevos focos a considerables distancias.

Las labores de contención chocan además contra una masa vegetal descontrolada que mantiene dinámicas extremas durante la noche, cambiando continuamente la dirección de sus frentes más peligrosos.

El eucalipto dispara la virulencia del incendio de Niebla: urge una gestión adecuada

La elevada presencia y la alta combustibilidad del eucalipto se han consolidado como el elemento clave para comprender la virulencia y el comportamiento extremo del incendio forestal iniciado el pasado 6 de agosto en el paraje de Raboconejos, en el municipio de Niebla (Huelva).

Así lo ha indicado Alejandro García, director del Centro de Operaciones Operativas y especialista en grandes incendios forestales, en un vídeo difundido a través de las redes sociales de Infoca, en el que ha subrayado que la masa vegetal dominante en la zona presenta singularidades que la convierten en un combustible excepcionalmente peligroso.

Conocido en Australia como el «árbol de gasolina«, el eucalipto, según ha explicado, «combina una madera de elevado poder calórico con cortezas finas y hojas saturadas de aceites esenciales cuya inflamabilidad se dispara con el aumento de la temperatura».

«Cuando arden los troncos, emiten pavesas que se desplazan por la columna de humo ardiendo muy lentamente. Al salir de ella, toman oxígeno del aire y llegan al suelo con una combustión mucho mayor, por lo que casi todos los focos secundarios agarran«, ha detallado García sobre el riesgo que entraña esta especie, cuya propagación se agrava cuando el fuego genera columnas convectivas capaces de proyectar pavesas en cualquier dirección.

Esta alta carga de combustible se combina con un comportamiento meteorológico exiguo que complica de forma crítica las tareas de sofocación.

Fuegos cada vez más difíciles de apagar

Marc Castellnou, jefe del Grupo de Actuación Forestal (GRAF) de los Bomberos de la Generalitat de Cataluña y experto en gestión de incendios forestales, ha advertido de que el fuego presenta una capacidad de extinción «muy difícil» al haber generado una «atmósfera persistentemente modificada» sobre el terreno.

Castellnou ha enfatizado que no se trata de una situación derivada de un fenómeno aislado, sino de una «permanencia de comportamiento extremo día y noche», fenómeno característico de los grandes incendios de los últimos años.

Asimismo, ha apuntado que el fuego mantiene una dinámica «serpenteante», desplazándose durante el día hacia el este-noreste y virando durante la noche hacia el sur, lo que genera un patrón de «cabezas cambiantes» y un frente este progresivamente más ancho.

El especialista ha comparado la densidad de la vegetación sin gestionar con la del histórico incendio de Riotinto en 2004, destacando la presencia constante de overshootings o alteraciones de la capa de mezcla por encima de los mil metros de altitud, incluso en horas nocturnas.

Esta comparación anima a reconsiderar la gestión del territorio ante las emergencias que sobrepasan la capacidad humana para evitar más catástrofes en una tierra castigada además por el cambio climático.

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