Después de más de ocho décadas de incógnitas, el submarino francés Le Tonnant ha sido localizado en aguas próximas a Cádiz, según han informado varios medios a partir del trabajo de una misión conjunta con participación de la Universidad de Bretagne Occidentale y equipos del buque oceanográfico de la Universidad de Cádiz. La operación, desarrollada en noviembre de 2025, ha permitido fijar con precisión el punto del naufragio mediante sondeo multifrecuencia, comparando la estructura detectada con planos y dimensiones del sumergible.
La localización se sitúa frente a la costa gaditana, con referencias en torno a Rota y a unas nueve millas mar adentro, un área donde pescadores y buceadores de la zona ya manejaban indicios previos que ahora habrían quedado verificados por el equipo científico.
La búsqueda no se resolvió solo con tecnología. Los investigadores reorientaron el rastreo al incorporar documentación recuperada por familias de marinos, incluidos diarios y notas de navegación, que ayudaron a redefinir la zona probable del hundimiento tras un primer intento fallido en 2024 atribuido a la turbidez del agua.
La identificación se apoya, por ahora, en un encaje técnico. El sonar detectó una estructura cuyas medidas y elementos del casco coinciden con las referencias del submarino, un método habitual cuando la visibilidad impide una inspección fotográfica clara. Algunos medios subrayan que todavía no se dispone de imágenes submarinas nítidas, por lo que el siguiente paso lógico sería una campaña de documentación que permita cerrar la atribución sin margen de duda.
Le Tonnant quedó vinculado a la Operación Torch, el desembarco aliado en el norte de África. En ese contexto, el submarino habría quedado dañado y, ante la imposibilidad de continuar en condiciones, su tripulación terminó por sabordarlo (hundirlo de forma deliberada) para evitar su captura. La historia sitúa, así, un episodio de la Segunda Guerra Mundial en un punto muy concreto del mapa (la Bahía de Cádiz y su entorno), un corredor marítimo cuyo valor estratégico se multiplica por su proximidad al Estrecho.
Más allá de la épica, el caso plantea una pregunta práctica (qué se hace con un pecio de guerra localizado en aguas españolas). La Convención de la UNESCO de 2001 insta a los Estados a proteger el patrimonio cultural subacuático y advierte de amenazas como el expolio o la degradación ambiental. En Cádiz opera, además, un actor institucional directamente ligado a esa tarea, el Centro de Arqueología Subacuática de la Junta de Andalucía, especializado en documentación, intervención y conservación del patrimonio sumergido.
En paralelo, la comunidad científica lleva años alertando de otro ángulo menos visible (la huella ambiental de pecios bélicos que pueden deteriorarse con el tiempo). Estudios en revistas especializadas han descrito cómo numerosos restos de la Segunda Guerra Mundial contienen combustibles y su corrosión puede generar riesgos para el medio marino, aunque cada caso requiere evaluación específica y no todos los pecios presentan el mismo nivel de amenaza




















