Medio Ambiente

Los expertos no salen de su asombro: los últimos bosques vírgenes del planeta están desapareciendo y piden medidas urgentes para frenarlo

Los últimos bosques vírgenes del planeta desaparecen a un ritmo récord mientras los incendios aceleran su degradación.

Los expertos no salen de su asombro: los últimos bosques vírgenes del planeta están desapareciendo y piden medidas urgentes para frenarlo

Los últimos grandes bosques continuos del planeta están desapareciendo sin que siempre se vea una tala rasa. Entre 2000 y 2025, los paisajes forestales intactos perdieron unos 195 millones de hectáreas, un 15 % de su extensión inicial y una superficie similar a la de México.

El dato más preocupante está en la velocidad. La reducción media anual pasó de 7,1 millones de hectáreas antes de 2013 a 9,4 millones desde 2014, mientras los incendios ligados a la presencia humana se han convertido en la principal causa desde 2020. El bosque puede seguir verde en una imagen general, pero ya no funcionar como antes.

Qué es un bosque intacto

Un paisaje forestal intacto no tiene que ser un lugar donde jamás haya entrado una persona. Debe ser una gran extensión de bosque y ecosistemas naturales asociados sin alteraciones humanas importantes visibles por satélite, con al menos 50.000 hectáreas, 10 kilómetros de anchura y corredores de 2 kilómetros.

Esas dimensiones permiten que la fauna se desplace, que las poblaciones mantengan intercambio genético y que procesos como la regulación del agua o la lluvia sigan funcionando a gran escala. Cuando una carretera divide el territorio y los fragmentos dejan de cumplir esos mínimos, la superficie puede perder su condición de intacta aunque todavía conserve muchos árboles.

Una carretera cambia todo

Una carretera parece apenas una línea sobre el mapa. En la práctica, puede abrir la puerta a maquinaria, tala, minería, agricultura, nuevos asentamientos y caza, creando un efecto dominó que transforma mucho más terreno que el ocupado por el asfalto.

También aparecen nuevos bordes forestales, más expuestos al viento, al calor y a la pérdida de humedad. ¿Qué ocurre cuando a ese bosque más seco se suman temperaturas altas y periodos sin lluvia cada vez más largos? El fuego encuentra mejores condiciones para avanzar. Y eso se nota.

El fuego toma la delantera

Entre 2000 y 2013, la explotación maderera fue la principal causa de reducción de estos grandes paisajes. Desde 2020, el fuego asociado a infraestructuras, zonas agrícolas, áreas de tala o explotaciones mineras representa cerca del 40 % de la pérdida, casi el doble del 21 % registrado al comienzo del periodo analizado.

El mayor aumento se produjo en América del Norte. En América del Sur, los incendios incluso superaron a la agricultura como primer factor de reducción. Hay un matiz importante, ya que la metodología considera de probable origen humano los fuegos situados junto a lugares con acceso o actividad humana y no los causados de forma natural, por ejemplo, por rayos.

La presión industrial avanza

La tala continúa siendo la segunda gran causa desde 2020 y explica alrededor del 20 % de la reducción. Sigue encabezando la pérdida en África, el sudeste asiático y la Eurasia templada, mientras las infraestructuras de petróleo y gas están facilitando el acceso maderero a zonas boreales antes demasiado remotas o costosas.

La minería, las perforaciones y la exploración también ganan terreno. Su participación aumentó desde aproximadamente el 12 % a comienzos de siglo hasta casi el 19 %, con especial presión en los bosques boreales de Rusia por el petróleo y el gas, y en América del Sur por la expansión de la minería de oro.

Tres países concentran los grandes bosques

Canadá, Rusia y Brasil reunían en 2025 más del 65 % de los paisajes forestales intactos que quedaban en el mundo. También acumularon las mayores pérdidas absolutas desde 2000, con 53 millones de hectáreas en Rusia, 33 millones en Brasil y 29 millones en Canadá. No es poca cosa.

En términos relativos, el golpe ha sido aún más duro en otros lugares. Rumanía perdió toda su superficie clasificada como intacta antes de 2013, Paraguay había reducido la suya un 81 % en 2025 y otros siete países habían perdido más de la mitad.

Carbono, agua y fauna

Estos bosques son una enorme infraestructura natural contra el cambio climático. Entre 2001 y 2025 actuaron como un sumidero neto medio de 1,62 gigatoneladas de CO₂ equivalente al año, más del 30 % del sumidero neto de todos los bosques del planeta. Además, los bosques tropicales intactos almacenan de media tres veces más carbono sobre el suelo que los tropicales fragmentados o degradados.

En el norte, buena parte del carbono está bajo nuestros pies, acumulado en suelos boreales y permafrost. En los trópicos, estos territorios sostienen una parte extraordinaria de la vida terrestre y sirven como reserva de semillas, animales dispersores y suelos poco alterados para recuperar zonas cercanas. Plantar árboles ayuda, pero no reconstruye de inmediato una red ecológica formada durante siglos.

La protección sí funciona

Casi el 60 % de los paisajes forestales intactos se solapa con tierras de pueblos indígenas, donde la tasa de pérdida suele ser menor. Reconocer sus derechos territoriales y apoyar su gestión no es un detalle social separado de la conservación. En buena parte, es una de sus herramientas más eficaces.

Las áreas estrictamente protegidas también muestran resultados. Entre 2000 y 2025, la reducción dentro de ellas fue menos de la mitad que fuera, pero solo el 37 % de los bosques intactos restantes cuenta con alguna protección legal. El hueco sigue siendo enorme.

Proteger antes de restaurar

La conclusión es sencilla, aunque aplicarla no lo sea. Evitar una carretera mal planificada, controlar las concesiones extractivas, detectar pronto los incendios y financiar la vigilancia suele conservar más naturaleza que intentar recomponer después un territorio dividido y degradado.

El reloj corre deprisa. El informe advierte de que la integridad perdida resulta muy difícil de recuperar, por lo que las decisiones tomadas antes de la primera fragmentación pueden marcar la diferencia durante generaciones. 

El análisis oficial más reciente ha sido actualizado y publicado por el World Resources Institute.

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