Medio Ambiente

Los pastizales naturales pierden 150 millones de hectáreas: el error que puede acelerar su degradación

Cubren más de la mitad de la superficie terrestre, sostienen a unos 2.000 millones de personas y almacenan aproximadamente un tercio del carbono terrestre, pero hasta la mitad ya presenta algún grado de degradación. Entre 2001 y 2023 desaparecieron 150 millones de hectáreas de praderas y pastos permanentes, mientras crece una idea incómoda: restaurar después puede resultar mucho más difícil y costoso que conservar ahora.

Los pastizales naturales pierden 150 millones de hectáreas: el error que puede acelerar su degradación

2.000 millones de personas se ven beneficiadas gracias a los pastizales que cubren más de la mitad del planeta Tierra, aportando, por ejemplo, el 70% del alimento para el ganado. Suponen, además, un gran aliado contra el cambio climático, ya que almacenan un tercio de las reservas de carbono. Pero su situación es desastrosa, con cerca del 50% de los pastizales en estado grave de degradación.

Su transformación para uso urbano, la pérdida de las rutas migratorias y la extinción del 40% de las especies suponen una grave amenaza para estos ecosistemas de gran valor. En la COP17 celebrada en Mongolia, la ONU exige más financiación para frenar la degradación del suelo y que se priorice la protección de las comunidades que dependen de los pastizales para su subsistencia.

Los pastizales naturales pierden 150 millones de hectáreas

Los pastizales naturales no reciben el mismo nivel de atención que, por ejemplo, los bosques o los arrecifes de coral. Tal vez sea por la falsa creencia de que una vasta extensión de pasto no puede sufrir grandes crisis como las que padecen otros ecosistemas. Pero esa percepción apenas raspa la superficie vegetal que los salpica.

Los pastizales cubren más de la mitad de la superficie terrestre y se pueden encontrar en todos los continentes. Sustentan la vida de unos 2.000 millones de personas y suponen una sexta parte de la producción mundial de alimentos. En sus tierras se produce cerca del 70% de los alimentos para el ganado y casi el 10% de la carne que se consume en el mundo.

Además, sus suelos almacenan importantes reservas de carbono bajo la superficie y albergan una enorme diversidad biológica sobre ella. Sin embargo, el 50% de los pastizales del mundo se encuentran en estado grave de degradación, un hecho que ha pasado desapercibido a nuestra vista.

Los pastizales ocupan un lugar central en una importante conferencia de las Naciones Unidas sobre la degradación de las tierras que se celebra actualmente en Mongolia, conocida formalmente como la 17.ª reunión de la Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD COP17).

Sandag-Ochir Tsend, Ministro de Medio Ambiente y Cambio Climático de Mongolia, declaró que “El resultado de la COP17 debe ir más allá de las decisiones negociadas y traducirse en acciones concretas, mayores inversiones y alianzas más sólidas para detener y revertir la degradación de las tierras, proteger los pastizales y los suelos, restaurar las tierras degradadas y combatir la desertificación”.

¿Por qué se degradan los pastizales?

Entre 2001 y 2023, la superficie mundial cubierta por praderas y pastos permanentes se redujo en una cifra estimada de 150 millones de hectáreas. Debemos tener en cuenta el pastoreo en los pastizales. En Mongolia, por ejemplo, las comunidades pastoriles han migrado con sus rebaños a través de estos paisajes durante siglos, siguiendo los cambios en las fuentes de agua y la vegetación.

Este movimiento, gestionado adecuadamente, da tiempo a la vegetación para recuperarse, dispersa las semillas, protege los hábitats de la fauna silvestre y favorece los ciclos saludables del suelo y del agua. Sin embargo, a día de hoy, muchas de las rutas tradicionales están bloqueadas y son más difíciles de recorrer.

Existe una creencia que no ayuda nada a estos ecosistemas: que son improductivos. Esta idea equivocada supone que se permita transformar el terreno para la minería, la agricultura, para la instalación de infraestructura pública, ampliación de zonas urbanas e incluso para proyectos de energía renovable. Restringir el pastoreo a zonas más pequeñas impide que la tierra se regenere y de ahí su degradación.

Mientras tanto, el cambio climático está aumentando la intensidad y la frecuencia de las sequías, inundaciones y fenómenos meteorológicos extremos. Cuando disminuyen los pastos y el agua, los conflictos entre distintos grupos de usuarios de la tierra tienden a aumentar. En algunas partes del Sahel, por ejemplo, los pastores recorren hasta 1.000 kilómetros al año. Las sequías cada vez más severas, sumadas a los cambios en las rutas migratorias tradicionales, intensifican la competencia con agricultores y otras comunidades pastoriles por recursos cada vez más escasos.

El ganado también se ve afectado. Los pastizales naturales han dado origen a cientos de razas adaptadas a las condiciones del terreno, pero el 40 % están ahora en riesgo de extinción.

Entre estos factores y los desafíos económicos cada vez más acuciantes, los jóvenes de estas regiones abandonan sus formas de vida y tradiciones ancestrales para ir a vivir y a trabajar a las zonas urbanas. Esto suma otro problema para los pastizales: la despoblación.

El deterioro de los pastizales tiene consecuencias de amplio alcance: afecta a los alimentos y los medios de subsistencia de las personas y a la comida del ganado, amenazando la seguridad alimentaria mundial, la diversidad biológica y la liberación de las reservas de carbono, que suponen aproximadamente un tercio de lo que se almacena en los pastizales.

Desarrollada por la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, una herramienta conocida como la jerarquía de respuesta para la Neutralidad de la Degradación de la Tierra (Land Degradation Neutrality response hierarchy) insta a las Partes a abordar la degradación de las tierras mediante un enfoque de tres frentes jerarquizados: evitarla > reducirla > revertirla.

¿El problema? Este último punto, el de menor jerarquía o prioridad, recibe actualmente la mayor financiación a través de la restauración de paisajes. Los esfuerzos de restauración son notables con iniciativas de reverdecimiento, regeneración y programas mundiales como el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas y tienen como objetivo restaurar 1.000 millones de hectáreas de tierra para 2030.

Pero los científicos lo tienen claro: la prioridad y el eje central de la toma de decisiones y financiación debe ser EVITARLA.

La Directora Adjunta de la División de Ecosistemas del PNUMA hizo las siguientes declaraciones: “Para apoyar la labor de la CNULD y contribuir a sacar la degradación de los pastizales naturales de su olvido, recientemente hemos comenzado a centrar más nuestra atención en estos paisajes. Actualmente, se está realizando una cantidad significativa de trabajos de restauración para recuperar la resiliencia ecológica, económica y social. Pero la pregunta clave es: ¿cómo evitamos la degradación desde un principio?”

Mantener pastizales saludables

Evitar la degradación de los pastizales naturales no significa cercar más áreas y ponerlas bajo protección. En gran medida, significa garantizar que las comunidades pastoriles permanezcan como las gestoras y custodias sostenibles de estos ecosistemas, nos dicen las y los especialistas.

Esto depende de reconocer las formas comunitarias y consuetudinarias mediante las cuales los pastizales naturales han sido gestionados durante siglos. Aunque puedan parecer espacios de “libre acceso”, estos ecosistemas han sido administrados a través de marcos complejos basados no en leyes nacionales, sino en sistemas de confianza y reciprocidad desarrollados entre diferentes grupos a lo largo de generaciones. Proteger estos procesos tradicionales e incluir a las comunidades pastoriles en los procesos de formulación de políticas y adopción de decisiones es fundamental para evitar que estos sistemas consolidados durante largo tiempo sean desmantelados.

Angola es un gran ejemplo. En el sur del país, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Gobierno de Angola proporcionaron apoyo directo a los foros de jefes y líderes comunitarios conocidos como Jango Pastoril, lo que ha supuesto que las comunidades se mantengan unidas para evitar la transformación y privatización de estos paisajes.

Al mismo tiempo, también deben protegerse las rutas migratorias tradicionales, incluso cuando atraviesan fronteras. De vuelta en el Sahel, los esfuerzos para asegurar formalmente casi 4.200 kilómetros de corredores pastoriles han ayudado a poner más de 13 millones de hectáreas de tierra bajo gestión sostenible.

Además, las comunidades pastoriles deben ser incentivadas económicamente para que permanezcan en sus pastizales. También es necesario poner en valor los productos procedentes de o las actividades que se realizan en estos ecosistemas, como las gomas y resinas, el ecoturismo, las artesanías y la lana, para garantizar que sean sostenibles y rentables de cara al futuro.

Las y los especialistas también sostienen que las comunidades pastoriles deberían recibir pagos por los servicios ecosistémicos de beneficio regional y mundial que ayudan a proteger: secuestro de carbono, conservación de la diversidad biológica, regulación del agua y salud de los suelos. Desde 2023, por ejemplo, España ha utilizado ecoesquemas para remunerar a ganaderas y ganaderos por el pastoreo extensivo en pastizales naturales bajo condiciones diseñadas para mantener la salud de estos ecosistemas.

Sin embargo, quizás el cambio más fundamental que se requiere sea de mentalidad: pasar de considerar los pastizales como espacios vacíos e inútiles a reconocerlos como paisajes esenciales, productivos y protectores que resultan cruciales para el futuro mundial. Y aunque la restauración de paisajes degradados resulte ser un gran indicador de éxito global, también lo debe ser la superficie de pastizales naturales que nunca llegue a necesitar restauración alguna.

La 17.ª sesión de la Conferencia de las Partes (COP17) de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) fue acogida por Mongolia en su capital, Ulán Bator, del 17 al 28 de agosto de 2026. Se reunieron delegadas y delegados de las 197 Partes de la CNULD, junto con líderes de gobiernos, empresas y la sociedad civil, así como científicas y científicos, jóvenes, Pueblos Indígenas, comunidades pastoriles y agrícolas. Las y los participantes se congregaron para forjar soluciones a los desafíos interconectados de la desertificación, la degradación de las tierras y la sequía.

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