El estudio sobre restauración forestal analiza durante un año los hongos y bacterias de terrenos quemados en cuatro provincias para evaluar qué actuaciones favorecen la recuperación de los montes midiendo la microbiota del suelo.
Restauración forestal
Para la recuperación de un monte quemado también se juega bajo tierra. Castilla y León ha impulsado un estudio de restauración forestal para paliar los efectos de los últimos incendios forestales que utiliza los hongos y las bacterias del suelo para evaluar la eficacia de las actuaciones posteriores a los incendios. Los analisis apuntan a una mayor diversidad de hongos en las zonas intervenidas, que mantienen además una elevada riqueza bacteriana.
Estos microorganismos participan en procesos esenciales para que vuelva la vegetación: facilitan el acceso al agua y a los nutrientes y contribuyen al equilibrio biológico del terreno. El estudio permite incorporar la vida del suelo como indicador complementario al crecimiento de las plantas y al control de la erosión, las referencias empleadas habitualmente para comprobar cómo avanza una restauración forestal.
Los trabajos se han desarrollado durante un año en áreas quemadas de Zamora, Ávila, Burgos y Salamanca, con la participación de IDForest, Zenit Ingeniería y Consultoría y Air Medio Ambiente. Sus conclusiones ayudarán a comparar tratamientos como el acolchado con paja, la trituración de madera quemada o las albarradas, y servirán para elaborar un manual de buenas prácticas que permita decidir dónde y cómo intervenir.
Microbiota del suelo
La Junta de Castilla y León ha impulsado un estudio para medir, por primera vez, cómo las obras de emergencia y restauración tras un incendio forestal favorecen la recuperación de la vida del suelo utilizando la microbiota como un indicador complementario para comprobar si las actuaciones realizadas son efectivas.
Las zonas en las que se ha actuado presentan una mayor diversidad de hongos y mantienen una elevada riqueza bacteriana, dos elementos que permiten conocer cómo está evolucionando el terreno tras el incendio, ha informado este domingo el Gobierno autonómico en un comunicado.
Los resultados muestran cómo los hongos y bacterias participan en procesos esenciales para la vegetación, facilitando el acceso al agua y a los nutrientes, y contribuyendo al equilibrio biológico del suelo.
Por ello, cuanto más diversa y equilibrada sea la microbiota, mejores serán las condiciones del terreno para recuperar la vegetación y mayores las posibilidades de éxito de las reforestaciones.
Los análisis señalan los diferentes efectos que tiene cada actuación sobre la microbiota.
El acolchado con paja o la trituración de madera quemada contribuye a controlar la erosión, aporta materia orgánica y favorece la actividad de microorganismos descomponedores.
Por su parte, las albarradas, además de retener suelo y humedad, pueden acumular sedimentos con una elevada diversidad de hongos procedentes de las zonas situadas aguas arriba.
Hasta ahora, la evolución de una restauración se ha medido principalmente observando lo que ocurre sobre el terreno: la recuperación de la vegetación, el crecimiento de las plantas o el control de la erosión.
Este proyecto incorpora también lo que ocurre bajo el suelo, utilizando la microbiota como un indicador complementario para comprobar si las actuaciones realizadas son efectivas.
De esta forma, el análisis del suelo permite avanzar hacia restauraciones más precisas: conocer cómo está cada zona, comprobar cómo responde a los diferentes tratamientos y utilizar esos datos para decidir dónde y cómo actuar.
Los resultados servirán de base para elaborar un manual de buenas prácticas para la restauración de terrenos afectados por incendios forestales, incorporando la biodiversidad y la salud del suelo como indicadores para planificar y evaluar las actuaciones.
Los trabajos se han desarrollado durante un año junto a las empresas IDForest, Zenit Ingeniería y Consultoría y Air Medio Ambiente, en zonas afectadas por grandes incendios forestales de la Sierra de la Culebra (Zamora), Sierra de la Paramera (Ávila), Quintanilla del Coco y Parque Natural Sabinares del Arlanza-La Yecla (Burgos) y Sierra de Francia (Salamanca).
Recuperación subterránea
La importancia de observar esa recuperación subterránea va más allá de los árboles que vuelven a crecer. Un estudio de PNAS en 2023 estimó que el suelo alberga alrededor del 59 % de las especies del planeta, incluidos microorganismos, plantas y animales. Implementar hongos y bacterias a la evaluación de los montes quemados para su restauración forestal permite, por tanto, seguir una parte de esa biodiversidad que la recuperación del paisaje, por sí sola, deja fuera de la vista.












