El Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) de Panamá formó a once apicultores en la cría de abejas sin aguijón, unas abejas nativas que no pican. La jornada se celebró en Chilibre, en el distrito de Panamá, y el ministerio la dio a conocer el 22 de septiembre de 2026. Los asistentes vieron cómo se traslada un nido y aprendieron a cuidar las colonias.
El MIDA presenta esta práctica, la meliponicultura, como una forma sostenible de ganar dinero en el campo. Un estudio de la Universidad de Panamá ayuda a medir lo que está en juego, porque en una sola comunidad de Colón encontró 19 nidos de nueve especies distintas.
Dos nidos trasladados en Chilibre
La formación corrió a cargo del Programa de Mejoramiento de los Sistemas de Producción de Especies Menores de la regional de Colón del MIDA, junto a la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de Panamá.
Según la nota oficial del MIDA, los técnicos hablaron del manejo de colmenas y de la cría de estas abejas y luego hicieron una demostración con dos nidos. Los pasaron de un lugar a otro, una tarea que los apicultores llaman trasiego, y explicaron cómo cuidarlos después.

El ministerio ve en estas abejas «una alternativa productiva sostenible» y sostiene que un buen manejo de colmenas y nidos favorece la polinización y la protección de la biodiversidad. Con estas jornadas, dice, quiere «generar nuevas oportunidades económicas para las comunidades rurales».
Mordiscos en lugar de aguijón
Las abejas sin aguijón forman la tribu de los meliponinos y tienen el aguijón atrofiado, aunque eso no las deja indefensas. La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad de México (CONABIO) explica que se defienden con mordiscos o soltando sustancias cáusticas, y aun así las describe como abejas «muy dóciles» y excelentes polinizadoras de la flora nativa y de los cultivos, un trabajo que beneficia a la vegetación silvestre y a la agricultura, como ocurre con otros insectos que mejoran las cosechas cuando se protegen.
Diecinueve nidos en Gandona
Junior Cedeño, Yaisury Luna y Vielka Murillo, del Centro Regional de Colón de la Universidad de Panamá, buscaron nidos en Gandona, en la provincia de Colón. Entre agosto de 2022 y mayo de 2023 muestrearon dos zonas transformadas por el ser humano, un potrero para el ganado y un área de cultivo.
En total hallaron 19 nidos de nueve especies y siete géneros, 13 en el potrero y seis en el cultivo. La especie más repetida fue Tetragonisca angustula, con ocho nidos, y fue también la única que apareció en las dos zonas.
Los árboles vivos fueron el refugio más usado, por delante de la tierra, con cinco nidos, los termiteros, con cuatro, y el hormigón, con dos. Casi todas las especies se ceñían a un solo tipo de sitio, y de ahí sale la conclusión de los autores: «Si el bosque es fragmentado, las especies de abejas sin aguijón que dependen totalmente de los árboles para construir sus nidos desaparecerán del sitio». Solo quedarían las que se adaptan a la presencia humana.
La ventaja apícola de Chiriquí
La Encuesta Apícola 2025 del MIDA contó 652 apicultores en el país, un 3,2 % más que en 2024. Manejan 15.529 colmenas, que dieron 67.621 galones de miel, unos 256.000 litros, a razón de 4,56 galones por colmena, cerca de 17 litros.
Con 101 productores y 9030 colmenas, Chiriquí sacó 40.875 galones, seis de cada diez de todo el país. Colón, la provincia de la regional que organizó la jornada de Chilibre, se queda en 58 productores, 573 colmenas y 3018 galones.
El MIDA atribuye parte de los problemas a «la irregularidad de las lluvias fuera de temporada», que trastoca la floración de la que comen las abejas, y el clima pesa mucho en la dependencia mutua entre plantas y polinizadores. En 2025 el ministerio organizó 21 cursos y demostraciones para 180 apicultores, y Sara Feliu, directora nacional de Ganadería, prevé reforzar los equipos técnicos este año.
Ni especies ni censo de meliponicultores
La nota del MIDA no nombra las especies de los dos nidos de Chilibre ni dice cuánta miel esperan sacar los once participantes. La Encuesta Apícola tampoco recoge cuántos panameños crían hoy abejas sin aguijón.
El trabajo de Gandona, publicado en Centros: Revista Científica Universitaria, que edita la propia Universidad de Panamá, cubre un potrero y un cultivo de una sola comunidad, así que no sirve como censo ni dice si las poblaciones suben o bajan. Sus autores apuntan además que la fragmentación de los bosques del distrito de Chagres en los últimos años podría dejar a estas abejas con menos sitios donde anidar. CONABIO también cita la deforestación como amenaza, y en la Amazonía ese mismo problema ha llevado a declarar especies protegidas a las abejas sin aguijón.
Foto: MIDA












