Toro de la Vega: derecho a torturar

“Es innegable que ciertas tradiciones llegan a ser el “sello” de una región o de un pueblo, pero la cordura y el don de gentes debería primar ante la defensa acérrima de ciertos festejos. Y si para ello un colectivo se abroga (hashtag incluido) el derecho a torturar, el alegato raya el fanatismo más salvaje.”

Y si, seguimos hablando del Toro de la Vega, pero es que algunas peñas de Tordesillas se niegan a progresar y a abrir la mente y siguen dale que te pego con la historia de que es su tradición y que no se la pueden quitar así por las buenas y para colmo, legalmente.

Algo de historia

Que Toro de la Vega se viene festejando hace ya muchos años (más de 500), es una tristísima realidad. Pero ello no es óbice para reflexionar y para darse cuenta que es una de esas tradiciones que el sentido común, la mera humanidad y la conciencia animalista dictan que debe ser superada.

Como parte de los festejos en honor a la Virgen de la Peña (patrona del pueblo de Tordesillas), se echaba al campo a un toro, al que los asistentes perseguían y torturaban de la manera más cruel; mientras el morlaco corría desesperado y era acosado de todas las formas posibles, lanceros a caballo provistos de afiladas hojas competían por asaetearlo.

Cuando el animal, agotado, herido y aterrorizado caía, un “valiente” se acercaba a él y de la manera más ruin y vergonzosa acababa con su vida de una cuchillada en la nuca, siendo luego aclamado como el “héroe” de las fiestas, por el solo hecho de cometer un acto que como poco debía calificarse de cobarde y vil, ya que el toro era incapaz de defenderse.

Tras años de lucha, los animalistas finalmente consiguieron que en mayo de este año, la junta de Castilla y León prohibiera que el Toro de la Vega fuera asesinado en público, lo cual despertó olas de aplausos, muchas dudas porque el toro moriría igual, pero a escondidas y la indignación general de los afectos a tan sangriento festejo.

El Toro de la Peña

El festejo cambió de nombre para atenerse a las nuevas normas. El martes 13 de setiembre (segundo del mes como manda la tradición) se celebró el Toro de la Peña. Pelado, el animal al que le tocó la dudosa suerte de protagonizar la nueva tradición, salió al campo y esta vez no se lo asaeteó ni se lo asesinó, pero el pobre animal fue acosado y jaleado por una enorme multitud.

Cuando se cansaron de atosigarlo y se consideró que el recorrido se había cumplido, se lo dejó en paz (la policía evacuó el lugar), respiro que el animal aprovechó para esconderse tras un árbol a recuperar fuerzas y pastar. Ese fue el momento elegido para dispararle un dardo tranquilizante y retirarlo del lugar con una pala excavadora.

Circunstancias particulares

Los animalistas que tanto habían luchado para asegurarse de que se acabara con una tradición tan despiadada y atroz avisaron con anticipación que estarían presentes con el único fin de verificar que se cumplieran las normas impuestas por la nueva ley. También se apersonaron varias autoridades, los medios de comunicación y un gran número de policías.

Los “indignadísimos” vecinos de Tordesillas “a priori” amenazaron con no cumplir con la nueva ordenanza, de hecho, llamaron a la “desobediencia” mediante las redes sociales, pero finalmente la cosa no pasó a mayores, salvo algunos incidentes bastante desagradables.

Entre dichos insucesos se puede contar un florido intercambio de insultos, que una periodista fue agredida y le destrozaron la cámara, que un lancero hubo de ser obligado por la policía a entregar su arma y que uno de los vecinos tuvo la “genial” idea de lanzar a los animalistas “puñados” de ratones blancos, excusándose en que, si tenían ganas de proteger animales, ahí les daba él unos cuantos para salvar.

¿Qué pasó con el toro?

Pelado fue llevado dormido a un corral de la localidad en donde permaneció dos días, ya que jueves volvió a ser parte de los festejos: junto con otros dos morlacos participó en un encierro nocturno que duró casi 30 minutos (a pesar de los esfuerzos de los caballistas el famoso toro se negó a entrar en la plaza) y con el que culminaron los festejos de la ciudad.

En ese ínterin se llevaron a cabo varias iniciativas orientadas a que Pelado fuera salvado del sacrificio y se le llevara a un santuario, donde acabase sus días de forma natural. Unos cuantos colectivos recogieron firmas, presentaron peticiones y rogaron piedad para el animal, pero tras el último encierro, todos los astados acabaron en un matadero de Salamanca.

Indignación

Estas fiestas han causado no pocos episodios violentos desde que se comenzaron a combatir, hace de esto muchos años (de hecho, Franco las llegó a prohibir entre 1966 y 1970) y el cabreo y la ira campan a sus anchas en ambos bandos.

Lo que realmente indigna es que ante los argumentos de quienes defienden la abolición de espectáculos en los cuales para diversión de unos pocos seres humanos se deba martirizar y asesinar un animal (a veces hasta poniendo en riesgo sus vidas), haya quienes pretendan rebatirlos alegando que torturar es un derecho.

Este hecho nos hace preguntarnos: ¿dónde va a parar la humanidad, si algunos de sus representantes carecen de forma tan patente, del más mínimo sentido de la decencia, el respeto, la justicia y la moralidad?

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